Cultura

¿Es la Rayuela de Cortázar una novela decrépita?

En ocasión de la edición conmemorativa que publican la RAE y Alfaguara para 2019, cabe preguntarse si ha envejecido mal una de las novelas más celebres del argentino

Un detalle de la portada original, recuperada para la edición conmemorativa.
Un detalle de la portada original, recuperada para la edición conmemorativa.

Sus cuentos lo harán inmortal, sin duda. Pero hay quienes piensa, como el escritor Fernando Iwasaki que leer a Julio Cortázar es como hacerse un lifting; y tiene razón. Hay algo remoto y juvenil en la obra del argentino, especialmente en su segunda novela,  Rayuela. Ya en 2013, cuando cumplió medio siglo de haber sido escrita, acusaba signos indiscutibles sobre cuán mal había envejecido. ¿Ha sido así? ¿Se sostiene ese libro en manos de quien lo relee?

Ahora, cuando se cumplen 55 de su publicación y en el contexto de la celebración del VII Congreso Internacional de la Lengua Española, la Real Academia Española (RAE) y la editorial Alfaguara buscan rendir un homenaje a Cortázar, al mismo tiempo que contextualizar una de sus novelas más conocidas. La publicación llegará a las librerías el 21 de marzo de 2019. 

Coordinada por José Luis Moure, presidente de la Academia Argentina de Letras, la edición recupera, como complemento, tres textos de Gabriel García Márquez, Adolfo Bioy Casares y Carlos Fuentes, autores contemporáneos de Julio Cortázar, que dan cuenta de la dimensión del autor y de la recepción que tuvo la novela en su tiempo. Incluye también trabajos de los escritores Mario Vargas Llosa y Sergio Ramírez, y de los críticos Julio Ortega, Andrés Amorós, Eduardo Romano y Graciela Montaldo.

Rayuela fue al momento de su aparición un fenómeno literario que terminaría por convertirse en uno de los epicentros bibliográficos del boom. Su publicación, en 1963, casi de forma simultánea con el Premio Biblioteca Breve entregado a La ciudad y los perrossupuso un hito en la historia del Boom, como se llamó a la coincidencia entre 1962 y 1972 de una cierta narrativa latinoamericana representada en autores como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, José Donoso, Juan Carlos Onetti, entre otros que integraron el llamado boom latinoamericano.

Su nombre, Rayuela, invitación al juego infantil dibujado en el asfalto -donde hay una tierra y también un cielo; un lado de acá y otro de allá-, encerraba una estructura de “infinitas compuertas”, a decir de José Lezama Lima. Por su París cortaziano, sus juegos de tiempo, saltos de estructura y su potente condición de caja de Pandora, Rayuela se convirtió en una lectura de iniciación. No es raro que quienes la hayan leído lo hicieran entre el final de la adolescencia y la temprana juventud.

Aunque obvias, hay algunas observaciones que han surgido tras el paso de las décadas: su excesivo romanticismo; su explícita misoginia; el hermetismo de los discursos de Morelli y, en especial, la visión totalitaria que tuvo el argentino del lector con sus instrucciones. Existen, según Cortázar, tres formas distintas de leer Rayuela: de manera convencional, empezando por la primera página hasta llegar al capítulo 56; siguiendo el Tablero de dirección que propone leer sus 155 capítulos a saltos, de manera alternada, y la tercera opción, en “el orden que el lector desee”.

Siguiendo cualquiera de las tres alternativas, el lector puede recorrer El lado de allá, en el que Cortázar cuenta la historia de Horacio Oliveira, un argentino que emigra a París y conoce a La Maga, una joven uruguaya con la tiene una relación tan “romántica” como déspota y vertical. Valga  decir que frente a Horacio Oliveira y el grupo de amigos que conforman el Club de la Serpiente –que pasan el tiempo discutiendo sobre el arte y la vida-, La Maga aparece cual ignorante ninfa. A esa primera, se suman la segunda parte, Del lado de acá, que se supone es el regreso de Oliveira a Buenos Aires, y De otros lados, que agrupa textos muy distintos entre sí: recortes de periódico, citas de libros y textos atribuidos a Morelli, un viejo escritor, que hace las veces de álter ego de Cortázar.

En el año 2009, se publicaron Los papeles inesperados, un grupo de textos que habían permanecido ignorados en una cómoda hasta que Aurora Bernárdez, albacea y heredera universal de la obra de Cortázar, y el crítico Carles Álvarez Garriga decidieron sacarlos a la luz pública. En ese volumen, donde está contenido Un capítulo suprimido de Rayuela, un demasiado comprometido y militante Cortázar –entonces completamente volcado en el hombre nuevo de la Revolución Cubana- se refiere a la novela casi como una versión primigenia e imperfecta, una especie de cuasimodo de El Libro de Manuel, que es, según Cortázar, su verdadera gran novela. “Un libro –dice refiriéndose a Rayuela- que me contiene tal y como fui en ese tiempo de ruptura, de búsqueda, de pájaros”.

Un detalle de la portada.
Un detalle de la portada.

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