Cultura

Pilar Eyre: “Todos los borbones tienen un pozo insondable de melancolía”

La escritora y periodista narra la relación entre el rey Alfonso XIII y la actriz Carmen Ruiz Moragas en su más reciente novela: 'Carmen, la rebelde' (Planeta)

Pilar Eyre tiene su propio bestiario de reinas, a cuál más bronca. Ha escrito sobre Victoria Eugenia de Battenberg, aquella consorte ignorada por la corte que sintió por España desprecio y resentimiento. También sobre la emperatriz Eugenia de Montijo, que con apenas 24 años se casó con Napoléon y llegó a Francia como una fuerza de la naturaleza, o incluso de María de Borbón, a quien su hijo Alfonso XIII le reconoció su carácter libérrimo llamándola 'María, la Brava'. En esta oportunidad, la periodista y escritora (finalista del Premio Planeta 2014) se adentra aún más en su galería de mujeres hiperbólicas con Carmen, la rebelde (Planeta), una novela inspirada en la vida de Carmen Ruiz Moragas, quien llegó a ser primera actriz del teatro Español en el Madrid de Ramón del Valle-Inclán y Jacinto Benavente, y que pasó a la historia por su larga y accidentada historia de amor con el rey Alfonso XIII, de quien fue amante durante ocho años. Fruto de esa relación nacieron dos hijos: Teresa y Leandro. Ninguno de los dos fue reconocido, lo cual no evitó que su hijo reclamara hasta sus últimos días el tratamiento de Alteza.

Pilar Eyre recupera la historia de la actriz Carmen Ruiz Moragas, primera actriz del teatro Español y amante de Alfonso XIII durante ocho años

La Moragas, así la llamaban. La primera en conducir su propio coche por Madrid. La que llenaba el patio de butacas, en ocasiones por quienes querían verla actuar y en otras por aquellos que deseaban comprobar qué tan guapa era la amante de Alfonso XIII.  Hija natural del gobernador civil de Granada, Carmen Ruiz Moragas creció en una sociedad conservadora que no le ahorró los desplantes por su bastardía. Republicana en un entorno monárquico. Progresista en una España marcada por el conservadurismo y la desigualdad social. Leída y curiosa, pionera para muchas cosas, incluido el divorcio. Así está descrita y trabajada Carmen Ruiz Moragas, aquella mujer a la que Alfonso de Borbón llamaba Carmela y a la que adoraba tal cual como era, toda ella pueblo. La campechanía como un aire de familia, un perfume desgraciado de gente rota, condenada a la infelicidad propia y ajena.

Carmen Ruiz Moragas conoció a Alfonso XIII con apenas 24 años, cuando interpretaba a Margarita Gautier en La dama de las camelias en el Teatro Español. Fue el marqués de Viana el que hizo las veces de celestino y propició el encuentro con el rey Alfonso en su antepalco. La Moragas se plantó ante el Borbón, dejándole muy claro que lo de ella no sería episodio de un día. Y no sabe quien lee si para su infortunio o no, la Moragas acertó. Porque su relación con el rey duró años, incluso durante el exilio tras la abdicación. “Ella murió con su nombre en los labios. Y yo creo que Carmen fue el gran amor en la vida de Alfonso de Borbón”, dice Eyre con esa forma de hablar de los que salen vivos de todas las hogueras, incluyendo las de las vanidades. La historia sentimental de España, sus alcobas y entresijos. Ese es un territorio que Pilar Eyre tiene medido y al que siempre ha conseguido darle la vuelta, a su favor.  La prueba está en su libro anterior, Un amor de Oriente, en cuyas páginas hizo desfilar ante el lector a la burguesía franquista y la jet set española de los setenta para retratar la llegada a España de una joven de una familia de Manila venida a menos. ¿Quién sino la Presley? Entonces Pilar Eyre picó delante de Vargas Llosa, a su manera... al menos en lo que a material biográfico respecta. 

Conoció a Alfonso XIII con apenas 24 años, cuando interpretaba a Margarita Gautier en La dama de las camelias en el Teatro Español

La trama central de Carmen, la rebelde transcurre en el Madrid que sigue a la Primera  Guerra Mundial y en el que ya soplaban los vientos de la República que triunfaría en las elecciones de abril de 1931. Una España con pronunciadas diferencias sociales y en la que se alternan la estampas del café Gijón con los tumultos de la pobreza. Valle-Inclán junto a actrices que beben Gin Tonic con pajita, al mismo tiempo que una Gran Vía llena de pandillas de niños hambrientos asaltan a los viandantes. Una ciudad que combina el cosmopolitismo y la miseria, la bohemia y el atraso. Se sirve Pilar Eyre de figuras como María Tubau y por supuesto de María Guerrero, en cuya compañía trabajó Carmen Ruiz Moragas y con la que viaja, muy joven, a la América de los años veinte.  No muy a su gusto –lo de la tauromaquia no le agrada ni un pelo a esta mujer-, Pilar Eyre ha incluido a otras figuras de la época, entre ellas Rodolfo Gaona, el torero mexicano -las gaoneras, con el capote a la espalda, caramba-, el matador mexicano con quien Moragas se casó por primera vez, pero también a poetas, actrices, periodistas, dramaturgos. Sobre esta historia habla Eyre en esta conversación y, por supuesto, en las páginas de su más reciente libro. 

Pilar Eyre durante la entrevista.
Pilar Eyre durante la entrevista. Tere García.

Esta no es una historia de amor. Más bien es la historia de gente rota y sola.

Tanto Alfonso, como Carmen, cada uno, eran marginados incluso en su propio medio. Creo que se encontraron dos almas solitarias. Dos personas muy rotas. Muy marcadas por su infancia. Intentaron ayudarse el uno al otro. Se quisieron locamente y luego, por las circunstancias, se separaron. Ella murió con su nombre en los labios. Y yo creo que Carmen fue el gran amor en la vida de Alfonso de Borbón.

Ser hija natural en una sociedad conservadora marcó a Moragas. Se comporta no sólo como una mujer moderna, sino práctica y con un agudo sentido de la supervivencia.

Lo que me atrajo de ella, y por eso escribí el libro, es que Alfonso de Borbón tuvo muchas amantes: Mistinguett, Mata Hari, Pastora Imperio, Raquel Meller. Carmela estuvo ocho años con él, así que quise saber qué secreto tenía esta mujer, cómo había conseguido que el rey estuviera con ella durante ocho años, crear una semifamilia y que él incluso hubiese pensado en dejar a su mujer para irse con ella. Carmen era una persona hecha a la medida del rey. Era valiente. Era descarada. No era una pieza fácil. Al rey le costó conquistarla. Tenía además esa gracia populachera. Cuando ella intentaba hacerse la fina y tomar la taza de café con el meñique levantado, él le decía: quiero que seas pueblo, me gustas pueblo. Ella lo comprendió. Por eso creo que duraron tantos años y tuvieron este amor tan delirante y tan absorbente que marcó su vida para siempre. Aunque ella estuvo luego con otro hombre, con el poeta Juan Chabás. Pero cuando estaba muriéndose, ella no decía traigan medicinas, decía traedme a Alfonso.

"Carmen era valiente. Era descarada. No era una pieza fácil. Al rey le costó conquistarla. Tenía además esa gracia populachera"

Ella es la madre de Leandro de Borbón, aunque usted no lo plantea directamente.

Hay un paralelismo. Algo que ha pasado tanto en la vida de Carmen Ruiz Moragas como de su hijo Leandro. A Leandro lo conocí bastante. En sus últimos tiempos estaba ingresado en una residencia. Cuando lo llamaba por teléfono, me decía: ‘¡cómo es posible que no haya una llamada del Palacio Real! ¡Y que no me llamen mis sobrinos! Cada vez que salgo de la residencia, al volver, me doy cuenta  de que no han llamado, no han llamado, no han llamado’. Lo repetía una y otra vez. ¿Y cómo se murió su madre? Pues esperando una llamada de Alfonso. Cada vez que sonaba el teléfono, ella decía: 'es Alfonso, es Alfonso. Id a coger el teléfono. ¡Es Alfonso!'. Y nunca era Alfonso. Esa forma de morirse es un paralelismo del que me he dado cuenta ahora, no mientras lo escribía. Me impresiona pensarlo.

A la España que retrata en este libro, la recorre una electricidad especial, entre promisoria y dramática. Una sociedad desigual y vertical en la que todo está a punto de estallar.  

Es un momento histórico difícil,  de grandes desigualdades. Por eso quería que el marco histórico se notara. Es una época interesante y relativamente poco tratada. Se ha escrito sobre la posguerra, sobre a la Guerra Civil pero en ese período, entre la I Guerra Mundial, los años 20 y nuestra guerra civil, no hay tantos libros escritos de esta manera. Por eso quería que fuesen pinceladas. Hay mucha documentación exhaustiva detrás de este libro: desde la situación de la niñez en esos años (con esas manadas de niñas que iban por la calle robando) y al mismo tiempo esa mezcla de lujo y esplendor. Por un lado la pobreza y la miseria, y del otro la sofisticación.

"El teatro fue importantísimo. Había 150 teatros en Madrid, se hacían cuatro o cinco obras distintas por día"

Retrata un ambiente en el que se mueven por igual cupletistas con otros como Valle Inclán, Benavente, María Guerrero…

El teatro es importantísimo. Era un refugio. La gente iba enferma al teatro. Los ponían en camillas en los palcos, porque no tenían otra diversión que esa. Había 150 teatros en Madrid, se hacían cuatro o cinco obras distintas. Las compañías llevaban tanto repertorio que se inventó el apuntador, porque los actores no podían aprenderse los papeles de memoria y ellos le dictaban los versos. Quería reflejar ese mundo. Esas dinastías de actores: los Guevara, los Fernán Gómez, Guerrero. Todas esas dinastías que llegan incluso hasta ahora y que son personajes secundarios de lujo. También los autores, los Machado, Valle-Inclán, Jacinto Benavente, formaban todos una patria en los cafés, en las noches, en la bohemia.

Hay episodios, como el de los cafés, con Valle Inclán dando voces y Carmen Ruiz Moragas bebiendo Gin-Tonic con pajita…

La documentación más importante que he tenido ha sido la que proporciona la Biblioteca Nacional, que ha digitalizado todos sus fondos. Eso permite el acceso a un montón de periódicos y revistas de siglos. Y como estas personas eran famosísimas, sus actividades diarias están puntualmente recogidas por todos los periódicos. Yo cruzaba datos. Si en un diario encontraba ‘Don Alfonso se va al Sardinero a participar en una regata’ y luego veía la información de que Carmen estaba actuando en Santander, podía ver que se habían ido. Fueron a Florencia durante dos meses, los dos, y ahí tuvieron a su hija. No lo ponían pero, desde luego, estaban los dos en Florencia. A partir de eso he ido reconstruyendo todos los avatares de su vida y lo he convertido eso en una novela.

"En esos años estaban también los Machado, Valle Inclán, Jacinto Benavente, formaban todos una patria en los cafés, en las noches, en la bohemia"

Carmen Ruiz Moragas era lo contrario de la reina Victoria Eugenia: libre, moderna, independiente, saludable. Y sin embargo, Moragas quiere parecerse a ella. ¿Cómo va a ser?

Carmen admira a la reina Victoria Eugenia. Y creo que tenían cosas en común. Eran muy altas. Medían un metro setenta y cinco, las dos eran amantes de los animales. Carmen fue la primera que hizo un refugio de animales aquí en Madrid, en Carabanchel, junto a Raquel Meller y Piedita Hohenlohe. Carmen tenía una gran admiración hacia Victoria Eugenia. Era muy elegante, una mujer de aire decente, digno. El libro empieza cuando Carmen ya era la amante de Alfonso XIII. Su gran ilusión es encontrarse con ella frente a frente y retarla. Decirle: tu marido te humilla, tu país no te quiere, tus hijos están enfermos. La pobre reina tenía flebitis. Iba con un bastón. Era una mujer gastada. Fumaba mucho. Así que ahí fue Carmela con todo su potencial, a su encuentro, y en lugar de salir como una mujer triunfante, se sintió apenada. Se conmovió. La compadeció. La reina tenía una enfermedad en la piel, rosácea. Una noche cuando Alfonso acude a visitar a Carmen tras el encuentro entre ambas,  ella le da una crema que le habían enviado de París para que se la pusiera en las manchas y le dice, dásela a la reina, pero no le digas que la he enviado yo. Eso me pareció un bello detalle de solidaridad entre mujeres, más allá del hombre que está entre ambos. Siente compasión por esta mujer, que en el fondo es muy desgraciada.

En Carmen, la rebelde, PIlar Eyre recrea el Madrid previo a la República.
En Carmen, la rebelde, PIlar Eyre recrea el Madrid previo a la República. Tere García.

Por cierto, cualquiera podría pensar que el anti-taurinismo de Carmen Ruiz de Moragas se lo ha cedido usted al personaje, como una licencia. Veo que no…

-Risas- No me ha quedado más remedio que retratar un torero, pero bueno, el primer marido de Carmen fue un torero, famosísimo: Rodolfo Gaona. En eso Carmen fue valiente. Tuvieron una relación, bueno... Cuando escribía la noche de bodas, me tenía que levantar de la silla, porque me afectaba. Lo borré y lo escribí, varias veces. Ella tiene la valentía de divorciarse, de hecho, el suyo fue el primer divorcio público en España. Hasta en eso fue moderna ella.

Los personajes femeninos tienen un sentido muy concreto de la fortaleza. Se pasean por estas páginas figuras como esa María Guerrero decidida, exitosa y mandona…

El mundo del teatro era muy distinto, comenzando por el hecho de que las mujeres ganaban lo mismo que los hombres. Eran cabezas de cartel. Tenían compañías propias, como María Guerrero, que era la mujer más poderosa del mundo teatral. Estaba también María Tubau, que era la directora del conservatorio. Además, aquello era un mundo liberal. Está ahí Carola Fernán Gómez que tuvo a su hijo sin señalar a ningún padre. Era un mundo liberal y progresista, por decirlo con palabras de hoy en día.  Sin saberlo, Carmen era feminista. Ella no pudo votar en el 31, pero su padre votó a los republicanos, a pesar de que su hija fuera la amante del rey. Siempre actuó como una mujer fuerte. Cuando ella se niega ante una proposición que le hizo el rey, que no voy a desvelar, es porque quería tener su propia vida, sin estar supeditada a ningún hombre.  Siendo un personaje tan potente, me resultaba extraño que hubiese sido poco estudiado. Su figura se ha escondido y también tergiversado. Los republicanos no la querían porque había sido la amante del rey. Los monárquicos porque suponía veleidades del rey. Estaba en tierra de nadie y era una mujer, hasta cierto punto, sin patria. Eso me hizo sentirme identificada con ella y ser capaz de describirla, creo, bastante bien.

"Los republicanos no la querían porque había sido la amante del rey. Los monárquicos porque suponía veleidades del rey"

Ha escrito usted, y mucho, sobre lo que podría llamarse una historia humana o sentimental de la corona. ¿Resuenan los Borbones entre sí? ¿Qué taras comparten Juan Carlos I y Alfonso XIII?

No sé a eso podría llamarse una tara, pero los Borbones han sido por naturaleza infieles, mujeriegos y promiscuos, a excepción de nuestro rey actual. Hay muchos paralelismos entre Alfonso XIII y Juan Carlos I, hasta las consortes: porque Doña Sofía es una reina extranjera como Victoria Eugenia. Tampoco se adaptaba mucho. No tenía muchos amigos en nuestro país. Era también anti taurina, que yo también lo soy –agrega Pilar Eyre, como si quedara alguna duda, a estas alturas- pero es cierto que no se adaptó del todo en España. Cuando escribí Ena, sobre Victoria Eugenia, lo cuento: cuando se fue de España, Victoria Eugenia fue feliz. Decía: por fin dejo este país que me ha hecho tanto daño. Este país atrasado, sucio, maloliente, piojoso que tanto daño me ha hecho. Yo creo que don Juan Carlos y de Alfonso XIII comparten esa pulsión sexual. Han sido infieles a sus mujeres y las han hecho muy desgraciadas. Creo también que Alfonso XIII intentó ser un buen rey. Ambos son niños solitarios, con infancias desgajadas del tronco familiar. Todos los Borbones tienen ese fondo depresivo, ese fondo de melancolía que aflora en ciertos momentos. Está ahí: es un pozo insondable de melancolía. 

Un detalle de la portada de 'Carmen, la rebelde' (Planeta).
Un detalle de la portada de 'Carmen, la rebelde' (Planeta). Tere García.



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