Cultura

Rajoy prefiere librar la batalla en Educación y Cultura sin novedades y mantiene a Méndez de Vigo

El presidente de Gobierno Mariano Rajoy no introduce cambios en la cartera de Educación.

Íñigo Méndez de Vigo en una fotografía de archivo.
Íñigo Méndez de Vigo en una fotografía de archivo.

Mariano Rajoy no da sorpresas. Tiene por delante una batalla dura en Educación y Cultura y no introduce cambios. Íñigo Méndez de Vigo repite en la cartera como ministro y queda ratificado en el cargo para el que fue elegido en mayo de 2015 cuando pasó de secretario de Estado de Asuntos Europeos a sustituto de José Ignacio Wert.

Ante el reto del Gran Pacto por la Educación, Mariano Rajoy no ha querido modificar su estrategia. Será ahí donde el gobierno de los populares tendrá que demostrar su capacidad de consenso para sentarse a discutir y revisar el contenido de las nuevas reválidas, cuya aprobación ha desatado las protestas entre estudiantes y docentes. Al parecer, la discreción de Méndez de Vigo -quien no ha dado soluciones pero tampoco problemas-, le resulta a Rajoy para avanzar en este tema.

Luego de que el presidente de Gobierno anunciara su intención de paralizar el efecto académico de las pruebas de evaluación de la Lomce que hicieron arder la protesta, el siguiente paso será la creación de una Subcomisión parlamentaria en el Congreso de los Diputados. En ella está previsto que los cuatro grandes partidos (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos) sean capaces de encausar la creación y una agenda para Subcomisión que debe diseñar estos lineamientos. Méndez de Vigo tendrá que colocarse al frente de ese largo proceso. 

Este no es el único tema que debe afrontar Méndez de Vigo, a quien queda todavía confirmar a José María Lassalle como secretario de Estado de Cultura, además de acordar una agenda para sobrellevar los temas más polémicos de la pasada legislatura: los recortes presupuestarios de proporciones ciclópeas –de hasta cuatro y cinco veces menos dotación-; la absoluta incomunicación entre Cultura y Hacienda, un hecho que el sector pagó con el gravamen del 21% para el cine y el teatro; la ruptura del tejido empresarial cultural y  la precarización de los empleos asociados a esas industrias. Además, claro, del enorme problema con la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual. 

Continúa la fusión de Educación y Cultura 

El ministerio de Educación, Cultura y Deportes continuará funcionando como unidad, a pesar de las suposiciones y conjeturas de quienes especularon con la posibilidad de una separación que devolviese a Cultura a su rango ministerial. De momento, seguirá adscrita al aparato ministerial con la categoría de Secretaría de Estado. Exceptuando las legislaturas del Partido Popular entre los años de José María Aznar, que fusionó Educación y Cultura, al igual que Mariano Rajoy en 2011 hasta 2016, Cultura siempre tuvo un ministerio propio por el que pasaron personajes tan disímiles como el escritor e intelectual Jorge Semprúm entre 1988 y 1991, con Felipe González, hasta otros como Pío Cabanillas -ex ministro de Información y Turismo del Franquismo-, pasando por Esperanza Aguirre o el mismísimo Mariano Rajoy, quien detentó el cargo entre 1999 y 2000.

Fue precisamente José Luis Rodríguez Zapatero quien devolvió a la Cultura el rango de ministerio. Carmen Calvo, César Antonio Molina y Ángeles González Sinde ocuparon un puesto que, en 2011, casi todos daban por hecho que sería asumido por José María Lassalle, diputado del PP por Cantabria, una de las figuras en las que muchos vieron no sólo compromiso y cabalidad con el sector, sino una destacada labor en temas como Propiedad Intelectual. La sorpresa, entonces, no fue sólo por el hecho de que Lassalle detentara la Secretaría de Estado de Cultura –en la que permaneció toda la legislatura-, sino acaso por el papel tan pasivo que jugó.


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