Entrevistas

Pérez-Reverte: "No me creo a los héroes de grandes banderas. Son milongas"

El escritor y académico regresa con una nueva novela, una historia de aventura y espías ambientada en la Europa de los años 1930 y 1940.

El académico y escritor Arturo Pérez-Reverte.
El académico y escritor Arturo Pérez-Reverte. EFE

Arturo Pérez-Reverte regresa al siglo XX. Acaso mordido por el encanto que ya asomó en El tango de la Guardia Vieja, el escritor y académico de la RAE retoma aquel mundo de entreguerras, aquel lugar cruzado por fascistas, nazis, bolcheviques, espías y contraespías. Ese mundo en el que elegantes hombres y mujeres beben una copa en un trasatlántico de lujo mientras, en los sótanos de algún calabozo, alguien defiende su derecho a no recibir un balazo en la cabeza. Eso es Falcó (Alfaguara), la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, un libro que coloca en los hombros de un personaje una historia de aventura y espionaje en la Europa de los años 1930 y 1940. Sus lectores pueden estar seguros: Lorenzo Falcó ha llegado para quedarse. Sólo hay que escuchar a Pérez- Reverte hablar de él para darse cuenta de que no va a dejarlo escapar y que hará de él una serie, una de la que ya prepara -por cierto- segunda entrega. 

Lorenzo Falcó podría perfectamente disputar a Alatriste el trono de los héroes revertianos: personajes que, como Ulises, vencen en el escarmiento y vuelven a casa con sangre bajo las uñas

Ex traficante de armas y mercenario, Lorenzo Falcó –un hombre elegante, mujeriego, canalla y aventurero- será contratado como espía para cumplir una misión que puede cambiar, por completo la España en guerra del 18 de julio 1936. Pero ésta, aclara Pérez Reverte, no es una historia sobre la Guerra Civil Española. "Es una novela de personaje", dice en una entrevista concedida durante la promoción de la novela, que acaba de llegar a las librerías. Lorenzo Falcó podría perfectamente disputar a Alatriste el trono de los héroes revertianos: hombres y mujeres que, como Ulises, vencen en el escarmiento y vuelven a casa con sangre bajo las uñas. El jerezano protagonista de esta entrega comparte un aire de familia con las otras criaturas ideadas por Pérez-Reverte. Ya sea el Diego Alatriste de los tercios de Flandes; el Jaime Astarloa de El maestro de esgrima o Coy, el marinero sin barco de La carta esférica, a todos los une cierta continuidad:  los redime en esa lucha que libran contra el mundo y contra sí mismos.

"Falcó está dotado lo que casi todos mis personajes, un complejo y retorcido sistema de lealtades (…)", dice Arturo Pérez-Reverte

En Falcó todo es combate, hasta las escenas de amor. Sin embargo, y a pesar de la dureza de su mercenario y mujeriego espía, Pérez-Reverte le ha dado a Falcó aquello que la vida le ha dejado a él después de años de cubrir guerras, más de veinte en total. "Falcó está dotado lo que casi todos mis personajes, un complejo y retorcido sistema de lealtades (…) La vida me ha quitado muchísimas palabras, pero me ha dejado cuatro o cinco: valor, dignidad, lealtad, solidaridad y amor, y con esas hago novelas. De esas cinco que me quedan le he dado algunas para rehabilitarlo moralmente y hacerlo soportable".

Sobre la naturaleza quebrada de sus personajes, y acaso sobre las razones de esta novela que promete convertirse en serie, habla Arturo Pérez Reverte. Lo hace sentado en un amplio sofá neoclásico, de espaldas a un ventanal con vistas a la plaza de Neptuno. Afuera, llueve a cántaros. Lo cierto es que el escritor y académico, artillado con esa lengua que ametralla, habla de este libro así como de los combates que libra, o de casi todos, porque sobre su intercambio de palabras con el académico Francisco Rico, de eso: ni una palabra. "No sé a qué se refiere. ¿Qué intercambio de textos? ¿Qué discusión?", responde, sobreactuando, para salirse con la suya.  

"No sé a qué se refiere. ¿Qué intercambio de textos? ¿Qué discusión?", responde, sobreactuando, para salirse con la suya y no mencionar lo ocurrido con Francisco Rico

-Pasamos de Los hombres buenos a este mercenario y ex traficante. ¿Qué significa la irrupción de Falcó? ¿Es una versión siglo XX de Alatriste?

-Alatriste es un hijo de puta moral. La vida le ha quitado grandes palabras e  ilusiones. Y lo ha convertido en un mercenario espadachín que sin embargo conserva una actitud, una ética y una dignidad personal. Falcó no. Él es un sinvergüenza, desde pequeño. No lo mueve la patria, sino las aventuras, las mujeres (que le gustan mucho, evidentemente), el dinero, el glamour, el ir y venir. Las de Falcó son lealtades sin ética, porque él es un amoral.

-Sin embargo, en un momento en el que todos pelean su propia guerra, alguna entereza y hasta nobleza posee.

-Falcó está dotado con lo que casi todos mis personajes: un complejo y retorcido sistema de lealtades. Si algo caracteriza a mis personajes y cualquier lector de mis novelas es capaz de reconocerlos, de ver esa etiqueta, la R de Reverte. La vida me ha quitado muchísimas palabras, pero me ha dejado cinco: valor, dignidad, lealtad, solidaridad y amor, y con eso hago novelas. De esas cinco que me quedan le he dado algunas para rehabilitarlo moralmente y hacerlo soportable.

"La vida me ha quitado muchísimas palabras, pero me ha dejado cinco: valor, dignidad, lealtad, solidaridad y amor, y con eso hago novelas"

-Siendo un personaje de los años 1930 , Falcó está en sintonía con este momento mercenario que vivimos.

-No lo había pensado, y si así es… no ha sido deliberado. A ver, Falcó me importaba como personaje. No se trata de la Guerra Civil, que es un telón de fondo, porque esta historia pudo comenzar en cualquier sitio y Falcó podría haber tenido cualquier otra nacionalidad. Desde que escribí El tango de la Guardia Vieja me había quedado con un montón de historias, desde aquella Europa fascista, pasando por el glamour, La Costa Azul. Me habría gustado dedicarle más tiempo en aquella novela a aquel contexto, pero por economía narrativa no pude. Y ahora es el momento

Lorenzo Falcó, o la redención del combate  

La acción se desencadena en la España de 1936, justamente durante los cuatro meses que siguen al alzamiento del 18 de julio perpetrado por el bando Nacional -comandado por Francisco Franco- contra la República; los días más sangrientos de aquella contienda. Contratado por La Falange, Lorenzo Falcó debe cumplir una misión en territorio enemigo: liberar al líder falangista José Antonio Primo de Rivera, prisionero de la República en la cárcel de Alicante. Tres personajes lo acompañarán en esta tarea: los hermanos falangistas Ginés y Caridad Montero y una enigmática mujer: Eva Rengel. Más que una pieza en esta historia, ella es un peso en la balanza, un personaje decisivo que, según explica el propio Pérez-Reverte, resume el espíritu de una "mujer de la época", una mujer con tanta sangre fría y arrojo como Falcó, un hombre que no ha venido a esa España a tomar posición, aunque todos se la reclamen.

"Contratado por La Falange, Lorenzo Falcó debe cumplir una misión en territorio enemigo: liberar al líder falangista José Antonio Primo de Rivera"

Repartidos en ambos bandos, a los ingenuos y a los canallas; a los que medran y trafican; a los que se redimen en una trinchera y los que se aprovechan en la retaguardia, a todos esos, Falcó ya los ha visto, ya los conoce. Por eso algo distinto recorre las páginas esta historia, una novela en la que Arturo Pérez-Reverte retoma sus temas principales –el combate, la valentía, el arrojo, la mezquindad, la redención- en una versión todavía más fibrosa de sí y más concentrada de sí mismo.

-A Falcó, por muy mercenario que sea, la inmolación de los Ginés o el valor de Eva lo conmueven. Por mucho que no tenga moral.

-Sí, Falcó tiene rasgos de compasión. Su cinismo y su actitud dura ante la vida reconoce ciertas cosas. Porque el punto es que él no es una mala persona. La vida lo ha endurecido pero eso no quiere decir que no sea sensible a ciertos sentimientos como la ingenuidad, el valor…. Son cosas que lo conmueven. No es un hijo de puta al 100% y eso se va demostrando en la novela.

"Yo a esos héroes que se mueven y que actúan por grandes palabras, por banderas… ¡no me los creo!"

- Falcó ve con escepticismo a aquellos que no combaten, porque los consideran aprovechados. Incluso, cuando tiene un gesto heroico lo mueve más el orgullo.

-Yo a esos héroes que se mueven y que actúan por grandes palabras, por banderas… ¡no me los creo! Yo he visto siete guerras civiles y una docena de las normales y nunca he visto a una persona morir o combatir por la patria o por la bandera, jamás. Los he visto combatir por el compañero, por orgullo, por supervivencia, porque la vida te ha puesto ahí y tienes que pelear. Eso de Viva Nicaragua lo dicen los que van en la retaguardia, pero el que está en la trinchera pelea por la lealtad de grupo. Lo demás son milongas.

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