Cultura

Pablo Heras-Casado: ·"De las artes supremas, la música es la más directa y visceral”

Es uno de los jóvenes directores de orquesta más aclamados en todo el mundo y el próximo 16 de mayo dirige el estreno de Die Soldaten, de Zimmermann, en el Teatro Real de Madrid

Pablo Heras-Casado.
Pablo Heras-Casado. Javier Del Real

El reloj marca la una y cuarto de la tarde. Pablo Heras-Casado atraviesa la puerta de artistas del Teatro Real. Lleva en la mano un enorme maletín negro forrado en tela. Más que un director de orquesta parece un arquitecto -la música también edifica-. En el interior del estuche viaja la partitura de Die Soldaten, la única ópera de Bernd Alois Zimmermann, que el granadino dirigirá para su estreno en Madrid el próximo 16 de mayo, exactamente, 53 años después de la primera representación de la que se considera una de las obras fundamentales del repertorio contemporáneo, también una de las más complejas. Nacido en una familia que no tenía ninguna relación con la música -es hijo de un policía nacional y una madre ama de casa-, Pablo Heras-Casado es hoy uno de los jóvenes directores de orquesta más aclamados en todo el mundo. A los siete años comenzó en clases de canto, a los 17 ya había creado y dirigido una agrupación de música renacentista, la Capella Exaudi, y no cumplía todavía los cuarenta cuando conquistó el Metropolitan Opera de Nueva York.

Heras-Casado ha dirigido, entre muchas otras, la Filarmónica de Berlín, Viena, Londres, Nueva York y Los Ángeles; la Mozarteumorchester Salzburg, así como la St. Luke’s de Nueva York, de la cual fue director principal desde 2011 hasta 2017. En la actualidad es el principal director invitado del Teatro Real de Madrid. ¿Quién mejor que él para dirigir este complejo montaje donde la orquesta, suspendida en el escenario, se despliega cual apisonadora estética y emocional? Desde hace cinco semanas, Pablo Heras-Casado ensaya junto a la orquesta titular del Teatro Real durante siete horas al día. Die soldaten, la obra que les ocupa, está considerada como una de las piezas más importantes de la segunda mitad del siglo XX después del Wozzeck, de Berg. Escrita para 16 cantantes, coro y una orquesta de 120 músicos, la partitura de Die soldaten es una muestra de la complejidad musical y escénica de esta obra. Eso explica el peso del estuche que Heras-Casado acaba de dejar en la sala de ensayo, pero acaso da una idea de las razones por las cuales esta obra ha sido tan poco representada.

Pablo Heras-Casado ensaya junto a la orquesta titular del Teatro Real durante siete horas al día la partitura de 'Die soldaten', una de las piezas fundamentales del siglo XX

Basada en el poema escrito por Jakob Michael Lenz en 1775, la adaptación que hizo Zimmermann de Die Soldaten, Los soldados, es una obra devastadora. Así como Adorno se preguntó de qué forma era posible escribir poesía después de Auschwitz, Zimmermann intentó extraer lo más oscuro de una guerra que horadó su espíritu. Con apenas 21 años, el compositor fue obligado a alistarse en la Segunda Guerra Mundial. Regresó vivo de la contienda, pero no ileso. Apenas cinco años después de escribir esta obra en la que la música se convierte ella también en un arma, Zimmermann se suicidó, acaso enfebrecido por la culpa del superviviente... La responsabilidad que Pablo Heras-Casado lleva sobre sus hombros aporta galones en su ya destacada carrera, y puede también que una que otra contractura. El granadino -que acaba de llegar del fisio justo para esta conceder entrevista y continuar los ensayos- tiene una forma casi aeróbica de dirigir, algo que habrán podido comprobar quienes lo hayan visto presidir el foso de la orquesta -la ocasión más reciente fue hace apenas unas semanas atrás con el Elias, de Mendelssohn-. Su actitud hacia la música se parece al uso que hace de la batuta: es expansiva y vital. Está desprovista de cualquier afectación. Podría decirse, incluso, que es como él: se puede ir en vaqueros, sin desaliñar jamás el método ni el discurso.

Heras-Casado habla no sólo de lo que significa esta obra sino también de la importancia de la música y la ópera como forma escénica total

Cuando se cumple el centenario del nacimiento de Zimmerman, el Real estrena el próximo 16 de mayo la versión que el director Calixto Bieito creó originalmente para la Ópera de Zúrich, en 2013, y que el público madrileño podrá disfrutar durante siete funciones. En ocasión de este estreno, Pablo Heras-Casado concede una entrevista para hablar no sólo de lo que significa esta obra en el repertorio del coliseo madrileño, sino también para arrojar luz sobre la importancia de la música y la ópera como forma escénica total.

Desde Renacimiento y el Barroco hasta música contemporánea. Su repertorio es amplio. Algunos se refieren a usted como un director omnívoro. ¿A qué lo atribuye: al interés o la juventud?

Sobre todo, al interés. Lo cual está asociado a la juventud, que es la curiosidad. Hambre por conocer. Hoy tenemos acceso a mucha información. En lo que a música respecta, tenemos acceso a muchas partituras, documentos, así como a festivales de todo tipo. Como artista siempre he sentido interés por todo el repertorio a medida que he ido conociéndolo. Comencé con la música antigua, que me interesó ya desde cuando cantaba en coros, y que me llevó a dar el salto a dirigir. A medida que fui avanzando, descubrí cosas nuevas. Considero cada capítulo histórico del repertorio como una parte necesaria.

La evolución del papel del director de orquesta es tan natural como la que ha experimentado cualquier líder en la sociedad"

Ya no existen directores como Toscanini o Karajan, a los que usted se ha referido en alguna ocasión como totalitarios. ¿Cómo se entiende, generacionalmente, su forma de dirigir?

La evolución del papel del director de orquesta es tan natural como la que ha experimentado cualquier líder en la sociedad. Por un lado, creo que es un proceso lógico y necesario. Con el transcurso del siglo XX ha cambiado un papel como el nuestro, que supone crear y aunar voluntades distintas alrededor de un mismo objetivo, de la misma forma en que han cambiado otras cosas. Hoy en día ya no existe el totalitarismo y la diferencia entre las jerarquías se ha desdibujado. Ha dejado de ser tan pronunciada. He crecido en una sociedad democrática y eso determina que mi forma de estar sea participativa y colaborativa. Mi papel como director es más entusiasmar que imponer.

Pablo Heras-Casado dirige a partir del próximo 16 de mayo 'Die Soldaten', en el Teatro Real.
Pablo Heras-Casado dirige a partir del próximo 16 de mayo 'Die Soldaten', en el Teatro Real. Javier Del Real.

¿Cómo puede rejuvenecer una obra musical desde el lugar que usted ocupa?

La música siempre puede rejuvenecer, en el sentido de redescubrir la esencia primera de una obra de arte. Por ejemplo, cuandó se restauró la Capilla Sixtina y aparecieron colores que nos resultan llamativos, chillones. El conjunto nos resultó mucho más joven de lo que pensábamos. Con muchas obras del repertorio ocurre algo parecido. Hay muchas capas de tradición y hábito sobre ellas, porque se ha hecho así una y otra vez, hasta que llega alguien, se sienta ante la partitura y dice: vamos a ver esto como si se hubiese compuesto ayer. Ante una obra de música contemporánea, porque la quinta de Beethoven fue música contemporánea en su momento, debemos intentar empezar de nuevo. Quitarnos de la memoria esa capa de muchas otras interpretaciones, todas válidas y respetables, pero que no tienen necesariamente que ser las únicas que le hagan justicia. El artista tiene que ser honesto e ir hacia el origen del texto, ir a la modernidad. Hacer que cada interpretación se escuche como la primera vez. La frescura de la música es sólo posible de esa manera.

Nos separan apenas 53 años de Die Soldaten, de Zimmerman. En ella se cristalizan reflexiones ya metabolizadas como las de Adorno y Levi. Sin embargo, musicalmente, ¿es asimilable?

El arte de vanguardia es siempre complejo y difícil de asimilar por la generación de su creador e incluso para las próximas. Hay muchos ejemplos de ese tipo. Justo ahora se comienza a asimilar la música de Bartók, Stravinsky e incluso Debussy. Estamos hablando de casi cien años de diferencia. Me refiero al hecho de que se llegue a aceptar como parte del canon del repertorio. Aunque también creo que hay otras formas de acercarse a esto.

¿Por ejemplo?

Hoy día nadie se asusta porque se programe a Stravinsky, Bartók o Schönberg, pero sí que hay algo de recelo o sorpresa ante la música de Boulez o Stockhausen, aunque sean compositores que ya han muerto. Eso ha ocurrido con Die Soldaten. Vivimos un resurgir o una asunción de su música. Este año además se cumplen cien años del nacimiento de Zimmerman y es importante que de una ópera que se considera maldita e inaccesible existan tres producciones.

¿La de Colonia, la que se estrena ahora en Madrid… y cuál más?

La de Núremberg, que terminó hace pocas semanas. También estuvo hace unos años en Zúrich, Berlín y Salzburgo.  Eso es una buena señal. Está asentándose en el repertorio.

Para el que jamás la ha escuchado… ¿qué?

 Para quien no esté acostumbrado a la música del siglo XX y la modernidad, la actitud para una obra como esta es la de intentar llegar sin ninguna expectativa ni prejuicio. No pensar ni en ópera, ni en teatro Real, ni en música clásica. Esto es una experiencia escénica, emocional, filosófica, intelectual y sonora completa diferente. Evidentemente, esta pieza obedece a una evolución histórica y tiene muchas referencias artísticas y filosóficas. Pero la asimilación pasa por dejarse llevar.

El director de orquesta Pablo Heras-Casado.
El director de orquesta Pablo Heras-Casado. Javier Del Real.

Pablo Heras-Casado nació en Granada, en 1977, el año de las primeras elecciones democráticas en España tras cuarenta años de franquismo. Es, pues, hijo de un nuevo tiempo. Llegó al mundo en un hogar en el que la música clásica no tenía ninguna raigambre y sin embargo, algo en él permanecía tenso, listo para resonar, como la cuerda de un violín. Aunque nació en Andalucía, pasó sus primeros años de vida en el popular barrio barcelonés de Rubí, ya que su padre, que trabajaba como oficial de Policía Nacional, había sido destinado allí. 

Hoy, el granadino reparte su vida entre el asiento de un avión, las salas de ensayo y los grandes teatros del mundo. Su agenda está completa hasta el año 2020. Así que ésta,Die Soldaten, es uno de sus compromisos previos en Madrid antes de la Tetralogía de Wagner en el Real, un ciclo que comenzará el próximo mes de enero con El oro del Riny se prolongará en las tres próximas temporadas. Pablo Heras-Casado, podría decirse, es profeta en su tierra.

Si hay alguien que comprende la importancia de la educación y la sensibilidad musical es él. Sólo basta comprobar la forma en que se ha volcado para propiciar la sensibilidad musical. Nombrado director del Año por Musical America en 2014, Pablo Heras-Casado ostenta el reconocimiento del gobierno andaluz como Embajador de Andalucía.Desde hace un año, dirige el Festival de Granada, un compromiso que compagina con sus muchas otras citas en Europa y Estados Unidos. Nada de eso, sin embargo, congestiona su forma directa y sencilla de hablar. Hay en él algo musical, transparente.   

Todos sabemos leer y por tanto somos capaces de emocionarnos con un libro. Pero no todos sabemos leer partituras. ¿Eso incide en la relación con la música?

Es una cuestión de tradición y, por tanto, de hábito. En España, aunque eso ocurre también en muchos otros países, no existe un hábito musical arraigado. No hablo de la esfera institucional o política. Sobre eso habría que decir que existe en general hacia la cultura muy poca atención y dedicación, pero hacia la música cada vez menos. Incluso entre un cierto estrato social culto y con mayores posibilidades, por supuesto que existe esa idea de la importancia de haber leído mucho o visto mucho teatro, pero en música es mucho más pobre en tanto conocimiento.

No hace falta leer una partitura para emocionarse, porque la música como arte abstracta suprema es la más accesible y visceral"

En otras palabras… ¿estamos menos formados para disfrutar de la música?

No tiene nada que ver y no está provocado por el propio lenguaje música. No hace falta leer una partitura para emocionarse, porque la música como arte abstracta suprema es la más accesible y visceral. Es la que habla más directo al intelecto y a la emoción. Una persona que no sepa leer puede fascinarse por una novena de Beethoven, por una quinta Tchaikovski, por una octava de Shostakóvic, aunque no tuviera referentes culturales e incluso aunque no supiese leer. Pero hay que decirlo: en España existe una ausencia muy profunda de cultura musical. 

La Transición diseñó un sistema institucional y educativo que favoreció eso. Por ejemplo, usted: en su familia no existía tradición musical.

En absoluto. No había nada 

Y sin embargo, su vocación musical eclosionó. ¿Fue espontáneo o porque existió un acompañamiento educativo?

En mi caso surgió de forma absolutamente espontánea. Pero no es que el sistema fuera más proclive, pero sí es cierto que si yo llego a nacer diez años antes hubiese sido mucho más difícil. En el colegio al que acudí, en el que cursé la educación primaria básica, había clases de música dentro del programa, aunque fuesen de escasa calidad, pero existían. A medida que fui creciendo, comenzaron a crearse orquestas a lo largo de España. Pudieron llegar a crearse de golpe veinte o treinta orquestas, conservatorios, orquestas de música, festivales... Eso cierto y hay que decirlo. Ese tiempo coincidió con mi etapa de crecimiento, aunque luego yo no estudiara aquí o no tuviera tantas oportunidades para trabajar en España, debo decir que sí existían referentes.

Se crearon infraestructuras e instituciones musicales. El problema es que no se han atendido ni mantenido a lo largo del tiempo"

¿Qué ocurrió, pues?

Creo que se hizo porque había que hacerlo. Antes de la democracia, la cultura no existía. Y sí, se crearon infraestructuras e instituciones musicales. El problema es que no se han atendido ni mantenido a lo largo del tiempo.

Usted viene de Andalucía, que goza de un número importante de conservatorios.

Creo que es la que tiene más conservatorios en toda España, sí. Pero la mayoría están en pésimas condiciones. Incluso el de Granada, que es un conservatorio superior, ha tenido que suspender sus clases porque no había ni siquiera calefacción, o porque las aulas donde se estudia no están insonorizadas. Son cosas, de alguna manera, de país tercermundista y que muestra que a esas infraestructuras no se les ha dado la importancia que tuvieron y deben tener.

¿Hasta qué punto el cierre del Teatro Real como coliseo lírico ralentizó una sensibilidad musical, al menos en Madrid?  

Alguien como Joan Matabosch o los directores artísticos podrían decir mucho sobre esto. Pero sí es cierto que en una ciudad y un teatro como el de Madrid, que acogió tantos estrenos y al que acudieron figuras como Donizetti o Verdi, existía una tradición lírica muy importante, sobre todo italiana. Pero el cierre de un teatro supone un parón enorme en la creación del gusto y el criterio del público. Su apertura fue una noticia maravillosa. Madrid necesita un estandarte internacional como lo es el teatro real hoy por hoy, pero hay un proceso de por medio. Desde que el Teatro Real se reabre hasta hoy ha sido necesaria una transición y una serie de etapas para volver a crear público.

¿Es decir…?

Cada una de las personas que ha estado al frente de este teatro ha jugado un papel importante en ese proceso de oír al público, para poder poco a poco abrir perspectivas en el gusto estético e intelectual. El teatro Real actual es producto de eso: tener en una misma temporada Glorianna, una ópera apenas conocida y bastante denostada de Britten, luego Die Soldaten, seguida por Lucia di Lamemoores una señal de que el panorama lírico en Madrid goza de buena salud .Puede que no esté a gusto de todos, pero también hay crear la posibilidades para ampliar las perspectivas. 

Como director musical invitado, le pregunto: ¿entre divulgar e innovar?

No se puede programar de espaldas al público, tampoco para el público. Es un proceso muy largo. Joan Matabosch ha desarrollado un gran trabajo, con el apoyo de un equipo. Y no lo digo porque sea director invitado ni porque esté trabajando en este teatro de manera regular: creo que el Real es el modelo de lo que debe ser un teatro de ópera. Pero para conseguir ese equilibrio entre propuestas escénicas que formen público y al mismo tiempo confronten los lugares comunes, hace falta conocimiento y coraje. Eso sin descuidar el repertorio tradicional, que es muy necesario. No por ser modernos vamos a olvidar piezas fundamentales del legado histórico, entre otras cosas, porque son maravillosas. 

No se puede programar de espaldas al público, tampoco para el público. Es un proceso muy largo y complejo"

¿Qué es más permeable, a día de hoy, para un gran público: la ópera o la música? ¿O son independientes?

 Creo que son independientes. Sin embargo, la ópera es una experiencia que, por su multidimensionalidad, reúne lo dramático, lo teatral, lo visual, lo escénico y emocional. Posee la voz cantada, que es un instrumento mucho más directo y tiene componentes para todos los públicos, incluso para que el que viene por primera vez tenga algo inolvidable. Eso ocurre a pesar de los 400 años que tiene la ópera como género, además de las experiencias actuales, y las ya acumuladas como el cine o el teatro. La ópera sigue siendo el espectáculo total.

La Tetratología de Wagner, comienza usted en enero.

Wagner es un autor fundamental en el repertorio de cualquier teatro de ópera.El anillo del Nibelungo es una de esas piezas la culminación del drama musical. Es una declaración de intenciones muy importante que el Teatro Real y el hecho de estar a cargo de eso es uno de los proyectos más importantes de mi vida y una responsabilidad enorme.



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