Cultura

Huérfanos, así comenzamos el 2017: Adiós Piglia, el lector que escribía

El autor de las novelas Plata quemada (Premio Planeta) y Blanco nocturno (Premio Rómulo Gallegos), ha fallecido este viernes.

Una imagen del argentino Ricardo Piglia.
Una imagen del argentino Ricardo Piglia. Anagrama

Ricardo Piglia (1940-2017), una de las voces fundamentales de la literatura argentina contemporánea, falleció este viernes en Buenos Aires tras luchar durante más de tres años contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA),  enfermedad de la que fue diagnosticado en 2013.  Premio Planeta y Rómulo Gallegos de Novela, así como autor de referencia de las letras hispanoamericanas, el argentino libró una larga y lenta batalla. "La enfermedad me ha hecho descubrir la experiencia de la injusticia absoluta. ¿Por qué a mí?, se pregunta uno, y cualquier respuesta es ridícula. La injusticia en estado puro nos hace rebelarnos y persistir en la lucha", dijo en una de sus últimas declaraciones, en noviembre del 2016.

"La enfermedad me ha hecho descubrir la experiencia de la injusticia absoluta. ¿Por qué a mí?, se pregunta uno, y cualquier respuesta es ridícula", dijo hace unos meses

Nació en Androgué, una pequeña ciudad del Mar del Plata donde pasó su infancia y adolescencia hasta que en 1955, tras la caída de Perón, se marchó a Buenos Aires. Fue historiador, escritor, crítico y profesor universitario, así como editor, oficio que desempeñó en sus primeros años al frente de Serie Negra, famosa colección de novela policíaca que difundió a Dashiell Hammett, Raymond Chandler, David Goodis y Horace McCoy. Fue justamente ese género el que marcó una parte de su obra, en la que destacan personajes como el comisario Croce, protagonista de Plata quemada y que retomó durante sus últimos años con una serie de relatos que no llegó a publicar en vida. En 1967, se dio a conocer como escritor con su primer libro de relatos, La invasión, que mereció una mención especial en el Séptimo Concurso de Casa de las Américas, con un jurado integrado por los autores Mario Benedetti, Enrique Lihn, Jesús Díaz y Dalmiro Sáenz. Aunque vivió en Estados Unidos durante más de 15 años y trabajó como profesor en Princeton, Piglia regresó a Argentina en 2011.

Lectores, críticos, periodistas y escritores se rindieron desde muy pronto ante sus primeros libros y encajan la noticia de su muerte con el mal sabor de que nunca recibiera el Premio Cervantes. Entre los libros más conocidos de Ricardo Piglia están las novelas Respiración artificial (1980), La ciudad ausente (1992) y la ganadora del Premio PlanetaPlata quemada (1997), además de los volúmenes de relato Nombre falso (1975) o la colección de ensayos El último lector, en cuyas páginas Piglia saca de sí todo cuanto es: atento y sesudo lector; historiador cuidadoso y pulcro escritor; prosista impecable y, ante todo, un escritor culto y sagaz con una conciencia literaria en la que creador y lector se fundieron para crear un potente y valioso lingote.

"La obra de Ricardo Piglia esta caracterizada por la estrecha relación entre realidad y ficción"

La obra de Ricardo Piglia está caracterizada por la estrecha relación entre realidad y ficción.  A partir de ese mecanismo, Piglia confeccionó un artefacto filtrado por relatos y narraciones que le permitieron reflexionar sobre asuntos de orden humano, político y literario. La naturaleza de su trabajo literario mana directamente del relato personal. Comenzó a escribir, en la década de los 50,  y jamás abandonó la clave biográfica como trasunto de una compleja arquitectura literaria. Así lo hizo con uno de sus personajes más emblemáticos:  Emilio Renzi, ese investigador que apareció por primera vez en Respiración artificial, y que Piglia empleó como un álter ego. Renzi apareció fugazmente en muchas de sus novelas, hasta que Piglia decidió dar un paso más allá con Los Diarios de Renzi, un ciclópeo proyecto publicado por Anagrama en tres volúmenes: Años de formación, Los años felices y Un día en la vida.

"La obra de Ricardo Piglia esta caracterizada por la estrecha e imbricada relación entre realidad y ficción"

A lo largo de esas entregas, Piglia cuenta su propia vida a través de Renzi. Con ese mecanismo abarca y describe los primeros años de su vocación literaria, a finales de la década de los años cincuenta, hasta avanzar en la creación  de una panorámica de la vida cultural en Argentina.  Asoman en esas páginas las primeras lecturas – desde Verne o Faulkner hasta Gogol, Dostoievski, Kafka, Proust, Fitzgerald, Hemingway o Gadda–; también el influjo del cine de Bergman, Wilder o Visconti o el peso de su ciudad Androgué. Todo cuanto ahí escribe retrata al autor en ciernes y la sociedad en la que se formó.

En sus diarios, Piglia relata la juventud en Argentina, los años de la universidad intervenida por los militares, la sombra y el influjo de autores como Borges y Cortázar en la vida cultural argentina, así como la presencia de personajes como Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Edgardo Cozarinsky, Daniel Moyano y el cineasta Leopoldo Torre Nilsson. Aquellas páginas resumen el autor culto y minucioso que ha arrancado la admiración de críticos y lectores. 

Él, como Cervantes, también convirtió al lector en el héroe de sus novelas. Así, huérfanos, arrancamos el 2017

La obra de Piglia fue llevada al cine gracias a la película Plata quemada, basada en el libro homónimo y que se estrenó en 2000, con la dirección de Marcelo Piñeyro y las actuaciones de Pablo Echarri, Leonardo Sbaraglia y Eduardo Noriega. En 1992 publicó la novela Ciudad ausente, que sirvió de base para el texto de una ópera realizada tres años más tarde con música de Gerardo Gandini. Su muerte arranca de las letras hispanoamericanas a uno de sus nombres más brillantes y complejos; horada con lenta y amarga injusticia -sí, injusticia, acaso por todo lo que faltaba por leer de su pluma- una sensación de orfandad. Escritor-lector, binomio hoy casi desterrado de la ecuación literaria, la obra de Ricardo Piglia era tan vasta como una llanura, una larga estepa en la que se dieron cita distintos géneros, desde el dietario hasta el policíaco, la prosa transparente y el ensayo lúcido.  El novelista como detective, el creador como sagaz sabueso. Todo en él permanece, muy bien atado, con el nudo firme de la literatura. Él, como Cervantes, también convirtió al lector en el héroe de sus novelas. Así, huérfanos, arrancamos el 2017. 

El argentino Ricardo Piglia.
El argentino Ricardo Piglia. EFE

Piglia, el lector que escribía 

Casi diez años han transcurrido desde esta entrevista del autor argentino. En aquellos días recibía un homenaje de Casa de América. La conversación duró 15 minutos, exactamente. Un cuarto de hora que Piglia despachó con energía y extravagancia.  Vestía una americana oscura y mostraba el cabello revuelto como un músico sordo. Paciente, educado y previsiblemente argentino, así contestó Piglia a las preguntas sobre aquello que él dominaba como nadie: la literatura. 

-En Respiración artificial, su primera novela, usa al narrador y al historiador decimonónico como oponentes en una determinada construcción del relato, que no viene a ser otra cosa salvo el presente y su paradero ¿Hubo –o no- intencionalidad en esa novela? ¿La hay aún?

-No lo tenía claro en el momento de escribir Respiración artificial, como tampoco lo tengo claro ahora. Digamos que son una serie de intuiciones que no van más allá de la idea de que el escritor trabaja en el interior de esa tensión. Pero pensar que el escritor es alguien que vive aislado del mundo no funciona, por eso digo que está siempre entre una cosa y la otra. Esta idea de presente como base para construir el pasado forma parte importante de mi obra; el otro elemento es el modelo del relato como investigación. Una de las maneras básicas de construir un relato es tratar de descifrar un enigma que no se termina de conocer y por lo tanto el relato va del presente hacia otro lugar para descifrar esa especie de punto ciego.

-¿De ahí su gusto por el género policial?

-Totalmente. En el presente vemos unos signos que han sucedido y comenzamos a investigar a construir unas redes, volviendo al presente para completar aquello que sólo habíamos visto al principio de un modo fragmentado.

-Pero ahora, más que un escritor afín al policial habla como historiador. Aclárese: ¿intuición o intención?

-Prefiero pensar que se trata de la propia experiencia de la escritura. Se trata de sensaciones que surgen del trabajo con los materiales propios de la novela policial, pero también, claro, del historiador.

-En su prosa de ficción, los personajes e incluso los narradores, se comportan como lectores y no como escritores. No son la tercera persona que todo lo sabe y todo lo puede ¿Actúa usted como un lector al momento de escribir?

-Me interesan las tradiciones narrativas donde el narrador parte de no saber. El que narra no entiende lo que cuenta y trata de reconstruirlo para comprenderlo. El primero que hace esa experiencia de reconocimiento es el narrador mismo, él avanza del no saber al saber, de un desconocimiento hacia cierto tipo de certidumbre. La lectura es una experiencia de construcción de sentido. Eso ya lo sabemos desde El Quijote, la primera novela que puso como héroe a un lector de novelas. Una novela que puso como intriga el que alguien le buscara intensidad a los signos, y que esos signos le cambiaban la vida. 

-¿Qué opina de la metaliteratura, tan de moda últimamente?

-No comparto esa clasificación. Al menos como yo lo entiendo, la metaliteratura es la literatura que se refiere a su propio procedimiento, por lo tanto, la encuentro presente en toda la tradición. Por ejemplo, El Quijote. Toda práctica, desde el boxeo hasta la filosofía o la política, en algún momento reflexiona sobre lo que está haciendo. Nunca hay la práctica ciega, aunque existe fe en una práctica ciega. Yo no creo que el periodista que reflexiona en una crónica sobre el ejercicio del periodismo pueda llamársele metaperiodismo. Me parece que eso forma parte de la práctica misma.



Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba