Cultura

Adiós a Montserrat Caballé, una voz rotunda

La muerte de la soprano marca el fin de una carrera acaso demasiado larga. El teatro Real  dedicará la función de Faust de este sábado como homenaje simbólico a su grandeza.

La soprano Montserrat Caballé.
La soprano Montserrat Caballé. Gtres

La noticia se conoció muy pronto la mañana del sábado: Montserrat Caballé,una de las soprano fundamentales de la lírica española y mundial, había fallecido durante la madrugada en el Hospital Sant Pau de Barcelona. Durante su carrera, acaso exagerada e innecesariamente larga para una cantante lírica, regaló al público papeles como su Cleopatra de Massenet así como sus interpretaciones de Rossini, Bellini, Donizetti, Verdi y Puccini.

Nacida el 12 de abril de 1933 en el barrio de Gracia de Barcelona, su madre le dio algunas nociones musicales. Con semejante apresto y una beca ingresó a los 11 años en el Conservatorio Superior de Música del Liceo. En 1950, un industrial textil melómano y mecenas le patrocinó su carrera a tiempo completo en el Conservatorio del Liceo, donde estudió con Eugenia KemmenyConchita Badía y Napoleone Annovazzi, cuyas enseñanzas y consejos hicieron que progresara rápidamente, hasta el punto de pasar dos cursos por año.

El público del Carnegie Hall le dedicó una ovación de veinte minutos. Así comenzó su meteórica carrera artística

Después de sus primeros pasos, en los años 50, en el Teatro Fortuny de Reus, de sus actuaciones en la compañía del Teatro Municipal de Basilea entre 1956 y 1960, y del contrato con la Ópera de Bremen a partir de ese año, la fulgurante carrera internacional de Montserrat Caballé despegó en Nueva York, cuando en 1965 sustituyó a Marilyn Horne en el papel titular de Lucrecia Borgia, de Donizetti, en el Carnegie Hall.

Al término de la primera aria el público del Carnegie Hall le dedicó una ovación de veinte minutos y al final de la función comenzaba su meteórica trayectoria artística por los más importantes teatros de ópera de Europa y América: La Scala de Milán, Metropolitan de Nueva York, Staatsoper de Viena, Royal Opera House de Londres, Ópera de París, Liceu de Barcelona, Teatro de la Zarzuela de Madrid, Bolshoi de Moscú, Teatro Colón de Buenos Aires, Óperas de San Francisco, Hamburgo y Munich, y por los festivales de Salzburgo, Aix-en-Provence, Orange, Glyndebourne, Pesaro o Verona.

Tuvieron que pasar varios años hasta que debutara en la que era su segunda casa, el Liceo. Fue el 7 de enero de 1962 bajo el papel de Arabella, de Richard Strauss, una interpretación recibida con entusiasmo por crítica y público. Un año más tarde dio el paso de actuar en la capital de España, en un escenario espectacular, el Palacio de la Música, con Ah, pérfido y el aria Egmont de Beethoven.

En Madrid debutó en 1967 con La traviata. Compartió escenario con Alfredo Kraus, Karajan, Bernstein, Muti, Abbado...

En Madrid debutó en 1967 con La traviata y Manon, esta última compartió escenario con Alfredo Kraus. En el Teatro de la Zarzuela interpretó algunos de sus grandes roles: Elisabetta (de Robert Devereux), Cio-Cio-San, Norma, Adriana Lecouvreur, Maria Stuarda, Leonora, Semiramide, Ermione, Maddalena (de Andrea Chénier), Silvana (de La fiamma, de Ottorino Respighi), Elisabetta (de Don Carlo) o la reina protagonista de Sancia di Castiglia, de Donizetti, uno de los compositores al que dedicó una devota atención como intérprete, investigadora y divulgadora.

El público de Madrid también fue testigo de sus incursiones en el repertorio germánico, dando vida a Salome, de Richard Strauss, o a Isolde y Sieglinde, de Richard Wagner. Como solista cantó con las más grandes orquestas y los directores más reputados de la segunda mitad del pasado siglo, como Herbert von Karajan, Leonard Bernstein, Carlos Kleiber, Sir John Barbirolli, Zubin Mehta, James Levine, Claudio Abbado, Seiji Ozawa, Riccardo Muti, Sir Georg Solti, Sir Colin Davis, Carlo Maria Giulini, etc.

Además de su carrera con intérprete, la catalana recuperó gran parte del repertorio lírico olvidado o casi desconocido, como Armide de Gluck, Les Danaïdes de Salieri, Saffo de Pacini, La Vestale y Agnese di Hohenstaufen de Spontini, Hérodiade de Massenet, Medea y Démophon de Cherubini, Ermione e Il viaggio a Reims de Rossini, Sancia di Castiglia de Donizetti y La Fiamma de Respighi. También compartió escenario con artistas como Freddie Mercury, ocasión de los Juegos Olímpicos de Barcelona, o Vangelis.



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