Cultura

Los 21 fantasmas de Armiño: "A un lector mayor de 40 no le asusta casi nada"

Fantasmas, vampiros, espíritus, diablos, amantes que resucitan, objetos con vida propia... De eso habla el traductor Mauro Armiño en esta entrevista concedida a 'Vozpopuli'

Mauro Armiño.
Mauro Armiño. Andrés de Gabriel

Morir de miedo, así se titula la antología de relatos fantásticos y de terror de uno de los autores más destacados del siglo XIX francés y que Mauro Armiño tradujo y prologó para una edición de Siruela que ha llegado a las librerías este fin de semana. En esta selección, Armiño elige los relatos que recogen la herencia de la novela gótica y siguen luego la evolución histórica, para rechazar, por medio de la imaginación, el conformismo de la sociedad resultante tras la Revolución Industrial.

De Jacques Cazotte, que a finales del XVIII ya intuía presencias sobrenaturales, a Jean Lorrain y los autores de la Belle Époque. Los autores elegidos en el registro de lo fantástico incluyen a los más grandes nombres del periodo: Charles Nodier, Honoré de Balzac, Théophile Gautier, Philarète Chasles, Pétrus Borel, Prosper Mérimée, Gustave Flaubert, George Sand, Victor Hugo, Gérard de Nerval, Léon Daudet, Villiers de l’Isle-Adam, Guy de Maupassant, Jules Verne, Édouard Dujardin, Jules Lermina, Marcel Schwob, Henri de Régnier, Jean Lorrain y Jean Richepin.

En esta conversación con Vozpopuli, Armiño señala, como ya lo hace en el prólogo del libro, de qué forma, con el destierro de lo fantástico de la alta literatura, se ha ignorado y olvidado cómo tanto el terror como lo sobrenatural han producido obras maestras, desde El Horla de Maupassant (1886-1887) hasta Otra vuelta de tuerca, (1898) de Henry James. Fantasmas, vampiros, espíritus, diablos, amantes que resucitan, objetos con vida propia... El mundo de lo fantástico responde a las angustias y miedos del ser humano, propone Armiño en la veintena de relatos que integra este volumen.

¿A qué criterios responde esta selección de relatos?

En el prólogo he intentado explicar la historia de lo fantástico como tema literario y hacer el recorrido que hay en Francia, donde ya hay influencias del gótico inglés, hasta cómo eso se va afrancesando para terminar en la Belle Epoque. El grupo de los escritores que escribe sobre lo fantástico no está recogido en ninguna parte, por eso me interesa mucho lo francés, tanto en este libro como en el anterior, y poner de relieve autores que nunca se han traducido y que son quizá mejores escritores del género que Balzac, que por supuesto escribe lo fantástico pero le interesa mucho más la psicología de los personajes.

¿Qué tanto beben el género negro o el terror de las bases planteadas por lo fantástico?

Los géneros terminan fundiéndose y los escritores terminan cediendo y se orientan por donde ven que tendrán público. Escritores que en los años sesenta y setenta hacían literatura pura, por ejemplo Guelbenzu, han terminado teniendo a un juez protagonista de una serie que enganche a los lectores. Tienden, por ejemplo, a rebajar el nivel de dificultad del lenguaje. Antes, por ejemplo, la influencia era Benet y la nouvelle vague era predominante, pero hasta los más exquisitos se han acoplado a las exigencias de los editores y del mercado.

Creo que si hay alguien con conocimiento de causa es usted ¿Se puede vivir del cuento?

(Risas) bueno, hay quienes viven del cuento, pero literario. En ese caso, te diré que no se puede vivir, porque los escritores y traductores que viven del cuento venden muy poco. No creo que se vendan más allá de mil o alguna segunda edición, dos mil. Eso no da para vivir los dos años en que trabajas en ese libro.

¿Por qué el género del cuento parece haber perdido fuerza en España?

Hay una tradición de novela corta que está en Cervantes y María de Fallas. Eso se pierde con el neoclasicismo y arranca muy mal con el romanticismo. En los últimos cien años sí hubo presencia del cuento, pero con un cultivo muy escaso. Y lo segundo que influye es que el cuento como género no ha tenido lectores. También el lector tiene la idea de que la novela es la novela y el cuento es una cosita del medio pelo. Se olvidan de Borges y otros grandes cuentistas, porque Borges es un gran cuentista. Eso es distinto en Francia, aunque también es cierto que allí también se ha debilitado un poco. En eso también han influido los periódicos. En el siglo XIX la prensa tiene que llenar páginas para ganar lectores. Así que usaban cuentos y novelas por entregas. Los editores de periódico y revistas pusieron de moda eso, pero se perdió. E incluso hubo una época más o menos reciente donde se publicaba algún cuento, pero la prensa ha desterrado el cuento de sus páginas.

¿Cuántos tipos de terror conocemos a lo largo del tiempo?

Hay una especie de terror como los Drácula o los Frankenestein, que son una creación del género. A mediados del siglo XIX se hace terror como burla del terror y hay otra cosa importante: el terror ha tenido mucho éxito en el cine, porque transmite mucha más potencia. A un lector de más de 40 años no le asusta casi nada. El cine, con sus cambios de plano, puede que sí, pero en el sillón de casa ya no le asusta la lectura. Y, sobre todo, el género se ha repetido mucho, sólo hay cuatro escenas y lo que enfrentamos es una repetición.

¿Qué influencia pudieron tener los autores aquí recogidos en la literatura española de entonces?

Lo único que llegó en el XIX aquí y de forma tardía o escasa, aunque también eran escasos los lectores, fue Hoffman y la corriente francesa. El siglo XIX en España depende mucho de los movimientos franceses. Cuando Bécquer surge en el romanticismo español, en Francia ya se ha superado treinta años atrás. Se ve mucho la vuelta a las tradiciones en ellos. Por ejemplo, en la literatura gallega, con la recuperación de las narraciones folclóricas y los mitos. Bécquer, que tenía sífilis, se fue con su hermano a Soria, y ahí tiene un contacto con tradiciones y relatos más o menos esotéricos que le permiten entrar por ahí.

Un detalle de la cubierta de 'Morir de miedo', una antología realizada por Mauro Armiño.
Un detalle de la cubierta de 'Morir de miedo', una antología realizada por Mauro Armiño.

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