'Donde los escorpiones' Lorenzo Silva: "Si alguien aspiraba a implantar una democracia en Afganistán, el fracaso es absoluto"

Charlamos con el escritor en la Base Aérea de Zaragoza, donde comienza la última aventura de los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro.

La popular pareja de agentes de la Guardia Civil Bevilacqua y Chamorro ya tiene un nuevo reto por delante: investigar el asesinato de un militar español degollado en una base de Afganistán. Bajo este argumento vertebra Lorenzo SilvaDonde los escorpiones (Destino), la octava novela de la saga que el escritor comenzó hace ya dos décadas. Pero esta vez las pesquisas tendrán un carácter "más artesanal" que en cualquiera de las anteriores entregas. Los agentes no dispondrán de los medios ni de las facilidades de las que disfrutan habitualmente en territorio español.

Lorenzo Silva (Madrid, 1966) -Premio Nadal (2000) y Premio Planeta (2012)- no dudó en viajar hasta el territorio afgano para conocer de primera mano el escenario. Pasó una semana 'empotrado' con los guardias civiles y militares españoles destinados en la base de Camp Arena, en Herat. Y para presentar su novela el escritor ha escogido un lugar especial: el centro de adiestramiento del GAR -la unidad de operaciones especiales de la Guardia Civil con sede en Logroño- que participa en misiones internacionales. Pero nuestro encuentro tiene lugar en otro sitio: un hangar de la Base Aérea de Zaragoza, desde donde Bevilacqua y los suyos parten hacia territorio hostil a bordo de un avión Hércules del Ejército del Aire. 

- Después de tantos años de peripecias por España, ¿por qué decides enviar a Bevilacqua y Chamorro a un lugar tan peligroso como el de 'los escorpiones'? 

- Creo que Afganistán es un país muy lejano, pero ya no es un país extraño. Miles de españoles han ido allí durante quince años en una misión muy complicada en la que se ha hecho un gran esfuerzo y a la que se han dedicado muchos recursos. Y me parece que la idea que hay detrás de la serie de Bevilacqua, que es retratar la realidad española contemporánea, en cierto modo estaría incompleta si no hicieran alguna excursión a esa participación de nuestro país en ese gran conflicto.

- ¿Crees que la presencia occidental en Afganistán ha servido para algo?

- Yo creo que la intervención en Afganistán no ha servido para ese proyecto que alguien llegó a tener de implantar una democracia de corte occidental homologable en un país con tantas dificultades y con unas circunstancias tan distintas de las nuestras. Si alguien aspiraba a eso, el fracaso es absoluto. Tampoco ha servido para controlar todo el territorio ni para pacificar a los talibanes. De hecho, siguen controlando buena parte del territorio porque el país es muy difícil de gobernar.

"La intervención en Afganistán no ha servido para ese proyecto que alguien llegó a tener de implantar una democracia de corte occidental"

Para lo que sí ha servido es para interrumpir esa dinámica que venía del hecho de que una organización criminal tuviera un Estado, con todo lo que eso representa. Y es verdad que se les ha arrebatado ese Estado. Por otra parte, se ha hecho un esfuerzo sincero por parte de mucha gente de aportar algo de modernización al país. 

- ¿Cómo cambia la forma de investigar de la pareja de agentes fuera de España?

- Funcionan con otras normas. Allí hay una coalición internacional, con leyes internacionales, y hay tratados que regulan la intervención. El juez no es un juez civil sino militar. Y aquí en España ellos tienen todos los recursos a su alcance; si hay que 'pinchar' un teléfono móvil, se 'pincha'. Pero allí los teléfonos móviles son de una compañía que ni siquiera es afgana y no pueden interceptar las comunicaciones. En España ellos pueden enviar las pruebas a un laboratorio de ADN. Pero allí no lo tienen y deben enviarlo todo a Madrid. Es todo un poco más difícil y artesanal...

- Pasaste una semana en la base de Herat. ¿Cómo te preparas para un viaje así?

- Me pude preparar muy poco para ir. Llevaba tiempo intentándolo, porque era difícil. Me avisaron con día y medio. Sólo tuve unas horas. La llegada fue un shock. Fui en julio, hacía mucho calor, había polvo en el aire, porque hay un viento permanente, y la sensación es de dureza. Cuando estás allí, te vas acostumbrando y aclimatando y vas profundizando en lo que hay detrás de esa imagen. Para salir de la base te dan dos o tres briefings para que no seas un peligro para el convoy, para que no estorbes y para que conozcas el protocolo en caso de que haya un ataque. Y cuando vuelves de allí, es curioso, porque luego desarrollas una especie de añoranza de esos sitios duros y en los que vives con más intensidad que en sitios normales. Y esa añoranza comienza en el momento en que el avión despega del suelo y empiezas a ver a tus pies un paisaje tan distinto de Afganistán. 

"Cuando vuelves de allí desarrollas una especie de añoranza de esos sitios duros y en que vives con intensidad"

- ¿Cómo cambia la forma de relacionarse al estar entre esos cuatro muros?

- Estar cuatro o seis meses como están algunos en un espacio encerrado, conviviendo con la misma gente, con unas rutinas muy monótonas y sin fines de semana, hace que todos los días sean iguales. Y eso somete a la gente a una tensión especial, pero también a un roce que tiene una intensidad especial. Con algunas de las personas que conoces allí -incluso yo, que estuve una semana-, estableces un vínculo de amistad bastante curioso y bastante rápido. 

- Aparte de las heridas físicas, imagino que habrás percibido alguna de otro tipo. 

- Es verdad que los soldados españoles no han tenido tanta exposición como los americanos o los británicos. Pero sí que ha habido situaciones muy duras. Y conozco a algún militar español que ha acabado dado de baja.

- Tu conoces bien el Cuerpo e incluso eres agente honorario. ¿Qué tiene la Guardia Civil en su ADN para ser tan resistente al paso del tiempo?

- Hace muchos años un coronel -que luego fue general y que ahora está en la Reserva- me regaló la cartilla de la Guardia Civil; un texto de 1845 que escribió el Duque de Ahumada para los primeros guardias. Y hay toda una serie de mandamientos de un Cuerpo de Seguridad al servicio del Estado, que obedece a la autoridad y que tiene que defender a los ciudadanos. Toda la cartilla está repleta de respeto y de cortesía hacia los ciudadanos -incluso hacia los delincuentes-. En un punto la cartilla dice que si un guardia conduce a un preso y su vida estuviera amenazada, lo defenderá hasta con su propia vida si fuera preciso. Es una filosofía un poco quijotesca. Uno lee la cartilla y se acuerda de discursos del Quijote. Quizás en el ADN de la Guardia Civil hay algo tan eterno del carácter español como ese aspecto caballeresco un poco anacrónico. 

- Precisamente tú has descrito con tus novelas la evolución de la Benemérita.

- Si uno lee la primera novela y lee la última, las diferencias son muchísimas, porque la sociedad española ha cambiado mucho en estos veinte años. También ha cambiado la Guardia Civil y su forma de trabajar, su composición... Un guardia civil de hace veinte o treinta años es completamente distinto a uno de los que pueden entrar ahora. 

- ¿Qué hay en tus obras de ese sentimiento que reflejas de que los guardias de provincias ven a los agentes de la UCO como 'los listillos de Madrid'?

- Bueno, eso es un poco una broma. La UCO es una unidad central, especializada, que va cuando hay casos que desbordan los medios o las posibilidades de la unidad territorial... Y siempre hay un cierto pique sobre si los de Madrid saben más. Pero en las provincias hay gente muy buena. Lo que pasa es que muchas veces no tienen los recursos o la posibilidad de dedicarle el tiempo que le pueden dedicar los de la UCO.  

"En las provincias hay gente buena, pero no tienen los recursos o el tiempo que le pueden dedicar los agentes de la UCO"

- ¿Por qué inicias tu novela en el 'supermercado' de la droga de Madrid?

- Es una curiosa conexión que la heroína que acaba en ese sumidero entre Rivas y Madrid -la Cañada Real Galiana-, probablemente esté cultivada en las montañas afganas, cerca de donde han estado los españoles. La novela empieza ahí porque hay otro caso que resolver, pero era una manera de hacer una conexión simbólica entre ese tercer mundo extremo que es Afganistán y el primer mundo, que también tiene sus lugares extremos. 

- También visitaste la Cañada. ¿Cuál de los dos escenarios impacta más?

- Bueno, me impactaron los dos. Pero la Cañada Real quizá tiene el plus de impactarte por saber que ese inframundo está a diez minutos de tu casa. Yo fui primero de día y luego de noche. Y la verdad es que la noche impresiona...

- Para terminar, ¿cuánto tiempo de servicio crees que le queda al agente Bevilacqua? ¿Se jubilará pronto o seguirá en activo?

- Pues no dependen de mí sus años de servicio. Dependen del Gobierno español que salga de las urnas, que podría cambiar la ley de la Guardia Civil. Ahora mismo creo que le quedan cinco o seis y luego podría prorrogarlo de una manera un tanto peculiar. Esperaré a ver qué es lo que sucede. Desde luego, lo pienso aprovechar hasta el final. 


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