Cultura César Antonio Molina: “Confiábamos en que la democracia lo iba a cambiar todo”

El actual director de La Casa del Lector y ex ministro de Cultura presenta su sexto volumen, que lleva por título 'Todo se arregla caminando' (Destino).

No volvería a ocupar un cargo político, dice. Tiene todavía muchos libros que escribir. César Antonio Molina lleva más de cuarenta años en la vida cultural española. Ha participado en ella como periodista, gestor cultural –estuvo al frente del Círculo de Bellas Artes, fue director del Instituto Cervantes y ministro de Cultura en el Gobierno de Zapatero-,  y por supuesto, como escritor. En 2003 comenzó a publicar sus "memorias de ficción", una mezcla de ensayo, pensamiento y literatura que ha llegado ahora a su sexto volumen, que lleva por título Todo se arregla caminando (Destino).

César Antonio Molina comparte con su generación un desencanto creciente sobre sus grandes proyectos, España el primero de ellos

Con una estructura de dietario y bitácora, César Antonio Molina completa un paseo por la cultura y una civilización que luce crepuscular a los ojos del lector. Caminar es una manera de pensar, de estar en el mundo y atravesarlo. Esa es la idea fuerza de César Antonio Molina en estas páginas. Avanzar y dejar atrás. Juzgar y valorar. Sin embargo, en sus páginas predomina un pesimismo creciente, una mirada crítica que genera desazón. César Antonio Molina comparte con su generación un desencanto creciente e incluso una desilusión con respecto a sus grandes proyectos, España el primero de ellos. Sobre ese tema habla el escritor en esta entrevista.

-¿Qué significa caminar en un tiempo en el que todos corren?

-Caminar es pensar, acompasar el ritmo de tus pasos al pensamiento y también es una forma de mirada interior sobre esos  pensamientos. Toda la filosofía griega y latina se ha hecho caminando. 

-El flanneur está presente, acaso tanbién la figura del viajero ilustrado. De quien mira desde la totalidad del mapa.

-El ser humano contemporáneo tiene la suerte de poder disfrutar de una perspectiva amplia que no tuvieron los griegos, por ejemplo, de su época. Los griegos solo disfrutaron de sí mismos, quizá algo de Egipto o Siria, pero no tenían la perspectiva que tenemos ahora de ellos y de todas las épocas que llegaron hasta nosotros.

-Hay un cierto pesimismo común en distintos autores, periodistas y académicos. Su libro lo transmite.

-Estamos en una época de cambios. Sólo que ahora ocurren de manera más rápida y vertiginosa. La tecnología marca un tiempo en el que no somos capaces de entender la magnitud de lo que vivimos. En esos cambios, el más sensible es el del concepto de libertad. ¿Cómo vamos a definirla? Cómo entender una libertad que ha sido adjudicada a alguien que la ejerce por nosotros.

"Nosotros luchamos por la democracia y confiamos en que la democracia lo iba a cambiar todo"

-Insisto, su generación tiene un pesimismo preocupante. ¿Qué la origina: el  desmoronamiento del proyecto de la transición? ¿Qué le ocurre a su generación?

-Se mezclan varias cosas. Nosotros luchamos por la democracia y confiamos en que la democracia lo iba a cambiar todo. Pensábamos que seríamos la primera generación que vería cómo los males del pasado no se volverían a repetir y avanzaríamos hacia un país renovado, moderno, donde todos tendrían trabajo y los derechos estarían asegurados. Pero luego ha venido la corrupción, entre otras cuestiones que pensábamos desterradas, pero volvieron. Por una parte tenemos el sentimiento de un gran esfuerzo por conseguir la democracia pero, por otra parte, el 100% de lo que queríamos hacer no se ha podido llevar a cabo. Al coincidir además con ese cambio general en el mundo, eso crea inquietud y preocupación.

-¿Cómo dirigir una institución como la Casa de Lector en un sociedad que lee poco?

-En España se lee mucho más hoy, porque la democracia consiguió la alfabetización total de la población. Sin embargo nunca hay suficientes lectores. En ese aspecto, hay culpas repartidas. La familia: los padres deben dar ejemplo. El colegio, un lugar donde las humanidades están siendo relegadas y con ellas la literatura, el arte, la filosofía. Y el propio Estado, que se ha ido enajenando de la educación pública, la universidad y la cultura en general. Eso lo vemos reflejado en los estudios de la universidades y la educación, pero la verdadera responsabilidad está en la arquitectura y la concepción educativa. Una fundación como esta, de carácter privado, intenta ayudar a llenar esos vacíos con múltiples lecturas, perspectivas y actividades, estas últimas en su mayoría gratuitas. Y creo que ayudamos, pero necesitamos todo lo demás: la familia, el colegio, la universidad, el Estado. Una mala educación conduce a una mala democracia. Esa mala democracia es la que tenemos. La democracia no es un ser inanimado que como ya lo hemos conseguido debemos darnos por satisfecho. La democracia se ha  conseguido pero hay que cuidarla día a día. Cuanto más lector sea un país, su democracia será más fuerte, más poderosa, más resistente a los populismos que intentan destruirla.

-¿Qué significa que el mayor gesto de homenaje que hizo el congreso a Cervantes  fuese colocar unos gafas a los leones?

-Si un altísimo tanto por ciento de los más altos representantes del país no ha leído el Quijote, pues es normal que aquello les pareciera bien. El problema es ese: quienes tienen que dar ejemplo no han leído siquiera a Cervantes. No leen. La política representa a la sociedad y es el reflejo de esa sociedad. Lo que pasó en el Congreso me parece una vergüenza. Porque en  El Quijote está todo, pero como no lo han leído aparecen esos esperpentos.

"La política representa a la sociedad y es el reflejo de esa sociedad. Lo que pasó en el Congreso  me parece una vergüenza"

-Usted ha sido periodista, gestor cultural en instituciones privadas, ministro de Cultura, estuvo al frente del Cervantes. ¿Qué lectura ciudadana hace de este momento?

-En mis cargos políticos tanto como director del Instituto Cervantes como ministro de Cultura intenté hacer las cosas como creía correctas y lo pagué. Este es un país, como decía Azaña, en el que habla todo el mundo pero nadie escucha, y seguimos igual. Los primeros que deberían escuchar son los políticos, para que tomen las decisiones que la ciudadanía les pide no las que a ellos les interesa.

-¿Atavismo?

-Pero si llevamos así siglos. A Santa Teresa le quemaron la biblioteca, lo que le hicieron a Jovellanos, lo que le pasó a Larra, lo que pasó con la Segunda República... Los males de este país son permanentes. Los conocemos. Pero no se les pone coto. En la democracia ha habido siete u ocho leyes de educación. ¿Cómo se puede aplicar en menos de 40 años tal cantidad de normas para educar a sus ciudadanos?  Sin una educación coherente tendremos democracia, pero no será resistente, ejemplar ni evitará los fantasmas del pasado.

-¿Cuál despreció más la cultura: la segunda legislatura de Zapatero o esta?

-Hemos ido a peor. La falta de apoyo al mecenazgo, el IVA que ha sido terrible, el tema de las pensiones y la violación de los derechos de autor, la piratería y, sobre todo, el desprecio hacia la cultura. No  se dan cuenta de que la cultura es la identidad de un país y que nuestra presencia en el mundo se hace a través de nuestro pintores,  escritores, cineastas. Es increíble que un gobierno no solo se haya dado cuenta de eso, sino que insista en su desprecio.

"Sin una educación coherente tendremos democracia, pero no será  resistente, ejemplar ni evitará los fantasmas del pasado"

-¿Cómo puede constribuir el Cervantes en la confluencia de las lenguas?

-El Cervantes es fundamental. Abarca más de 500 millones de personas. Difunde no solo la lengua, sino la cultura hispanoamericana. Es la gran institución, pero necesita medios y libertad, que no esté a merced de los manejos de la diplomacia. Debe tener economía y autonomía suficiente. Su presencia hispanoamericana es fundamental. Unos dirán: la crisis, la crisis, la crisis... pero con el dinero que se ha robado, malversado, habría para cientos de Cervantes y cientos de libros para distribuirlos gratuitamente en todas las escuelas. No ha sido la crisis, sino la mala gestión que han hecho quienes deberían haber cuidado de  que eso no se hubiera producido.

-¿Volvería a ocupar un cargo político?

-No creo que nadie me quiera.

-Pero… ¿ algo podría hacerlo volve?

-Es muy complicado. Siempre he sido un socialdemócrata, siempre he sido votante socialista. Dije las cosas que tenía que decir y hubo gente a la que no les gustó que las dijera. Y las seguiré diciendo.

-Entonces, ¿regresaría o no regresaría al frente de un Ministerio de Cultura u otro cargo?

-Ya no es posible. He cumplido una época, un tiempo. Creo que lo hice bastante bien. Nunca hay que mirar atrás. No volvería a un cargo político, tengo muchos libros que escribir.



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