Cultura

J.M Coetzee: “Publicar este libro en español forma parte de mi proyecto de acercar las narrativas del Sur”

Una semana antes de su llegada a Madrid, el escritor sudafricano comenta a Vozpópuli la importancia del español en la literatura actual. El novelista estará en Madrid del 25 al 27 de mayo, en Bilbao el 29 y en La Alhambra de Granada el día 31 

El premio Nobel J.M Coetzee.
El premio Nobel J.M Coetzee.

El Nobel sudafricano de Literatura J.M Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940) no concede entrevistas. Todo lo que tiene que decir ya está en sus libros, ha repetido en varias ocasiones. Sin embargo, no es lo mismo una entrevista que una pregunta. Una sola. Ante esa única interrogante, el sudafricano responde con educación por correo electrónico. "¿Cuál es, pues, su pregunta?". Sólo así accede Coetzee a comentar a Vozpópuli cuál es su relación con el idioma español, una lengua cada vez más presente en la reflexión de fondo de su obra y al que ha dado preeminencia al momento de publicar Siete cuentos morales (Penguin Random House), un libro de relatos en el que recupera a su alter-ego Elizabeth Costello y que se ha publicado primero en castellano, antes incluso que cualquier otro idioma.

"Siete cuentos morales se publicó por primera vez en Argentina, en español. Luego se publicará en inglés, en Australia. Es una decisión que forma parte de mi proyecto de acercar las literaturas del Sur (América Latina, Australia, Nueva Zelanda, África Subsahariana)”, contesta el autor de Infancia y Verano, quien el día 26 de mayo ofrecerá en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid una conferencia sobre un tema en el que se ha mostrado cada vez más involucrado. Según el Nobel, el paradigma Norte-Sur sitúa a África y a Sudamérica en el Sur. Sin embargo, en esta ecuación, Australia -uno de los continentes más pequeños del hermisferio- queda situada al Norte. Es decir que la división Norte-Sur presta poca atención a la geografía, pero mucha a las relaciones económicas y de poder. El Sur, propone Coetzee, no debe aceptar el rol pasivo que ésta le impone y que en literatura se traduce en el seguimiento de cánones y modelos fijados por el Norte. "Debemos ser conscientes de esto, si queremos leer con inteligencia nuestra literatura. El desafío ahora es ir hacia una nueva literatura del Sur”.

"Siete cuentos morales se publicó por primera vez en Argentina, en español. Luego se publicará en inglés, en Australia"

En sus últimas dos novelas sus personajes hablan en español. En La infancia de Jesús (Penguin Random House) y Los días de Jesús en la escuela (Penguin Random House), Coetzee ha construido una serie alegórica protagonizada por una extraña familia que surge por la fuerza de las circunstancias: Simón, un estibador de mediana edad; David, un niño que él ha conseguido en el puerto y a quien ayuda a buscar a su supuesta madre biológica, e Inés, una mujer fría y reservada. Los tres se ven obligados a dejarlo todo atrás: ni siquiera les quedan recuerdos. Ellos, como todos cuantos habitan esa tierra nueva llamada Novilla –que no sabemos dónde está y a la que han llegado miles de personas en barco, tras una larga travesía en el océano- son seres en blanco, criaturas que se orientan en un mundo fantasmagórico: un lugar en el que sólo se habla español y en el que las cosas ocurren con una rara y adormecida calma, porque unas leyes así lo ordenan.

Por qué el español es el único idioma en ese lugar, Novilla, en el que se desarrollan las dos historias que componen esta serie. La respuesta que ofrece Coetzee es tan abierta como sorprendente. Abierta en lo que al tema del idioma se refiere, y desconcertante en la explicación que sugiere del mundo donde se desarrolla. "Los dos libros  The Childhood of Jesus  y The Schooldays of Jesus  se establecen explícitamente en la próxima vida. Cuando lleguemos a la próxima vida, ¿qué idioma hablaremos? ¿Inglés? ¿Español? ¿Latín? ¿Vietnamita? El lenguaje de los ángeles?", contesta el Nobel arrojando luz sobre un mundo que hasta ahora parecía reproducir una dinámica más política que espiritual, que es la verdadera clave de lectura que aporta Coetzee en estas sucintas líneas que aparecen en la bandeja de entrada.  

"Es una decisión  forma parte de mi proyecto de acercar las literaturas del Sur (América Latina, Australia, Nueva Zelanda, África Subsahariana)”

En este regreso literario de Coetzee con la publicación de estos Siete relatos morales, el autor elige a una figura que sus lectores reconocerán inmediatamente: a la escritora Elizabeth Costello, una suerte de alter ego femenino del autor cuyas «ocho lecciones» nos llegaron en 2003 a través del libro que lleva su nombre. Ahora, el Premio Nobel recupera esta voz para situarla a las puertas de la vejez. Siete cuentos morales gira en torno a cuestiones que preocupan al propio autor y que ya ha abordado a lo largo de su carrera: la familia, la infidelidad, los derechos de los animales y la lucha entre padres e hijos.

Los siete textos incluidos en este libro han sido escritos entre 2003 y 2017, uno de ellos, El matadero de Cristal , lo compartió Coetzee durante una lectura en el museo Reina Sofía de Madrid, en 2016. Se trata de una narración que pone fin a un libro complejo y al mismo tiempo esencial. Un perro guardián recibe al lector de estas páginas: un relato breve, fulminante, sobrecogedor, en el que, montada en su bicicleta, Elizabeth Costello acude a visitar a un anciano para reclamar por la virulencia del animal, mientras el can no para de ladrar, abalanzándose sobre la alambrada. La escena es angustiosa y al mismo alegórica: nadie es capaz de comunicarse en esa escena fugaz. Hay otros relatos, dotados de cierto humor y acritud, como Historia, Vanidad e incluso Una mujer que envejece. Cada cuento es una estampa moral y vital. 

Estos relatos conservan el espíritu de la obra del Nobel, encajan perfectamente en su iconografía. Si J.M Coetzee es un escritor mayúsculo es por una sola razón. Una sola. Porque el cemento de su obra se sostiene en aquello que no dice, en todo cuanto no explica. Lo demostró hace ya más de treinta años en su novela Esperando a los bárbaros. En ella, un imperio decide defenderse de unos invasores que están por llegar. Nadie sabe exactamente a quiénes se refiere la autoridad, pero están ahí: son una amenaza y por tanto hay que obrar en consecuencia. Las del Premio Nobel no son novelas artificiales, no se recrean en su propia belleza. No buscan ser solo hermosas, aun siéndolo. Nos sobrecogen porque son terribles, porque son universales, porque hablan a gritos con la calma de los escarmentados. Coetzee es una catedral contemporánea. Una concesión que hacen los siglos con quienes lo habitan.

Siete cuentos morales gira alrededor de cuestiones que preocupan al propio autor y que ya ha abordado a lo largo de su carrera: la familia, la infidelidad, los derechos de los animales y la lucha entre padres e hijos.

Divorciado, padre de una hija, vegetariano abstemio, y alguien escarmentado por Sudáfrica, Coetzee ha atravesado una larga y dura travesía. Por eso el Nobel capaz de salpicarnos con la sangre de un pastor alemán que muere de un balazo que le descerrajan unos asaltantes que queman la cabeza de un individuo mientras violan a su hija o de mostrarnos a un hombre arrodillado, con el brazo lleno de mierda, ante un retrete atascado. Nadie sabe escribir lo horrible como él. Coetzee nos ha dado paladas de tierra fresca y agusanada; tierra que se hace cal al contacto con la piel lectora. Lo hizo en Desgracia (1999) con el profesor David Lurie, expulsado de la Universidad por forzar a una alumna a tener relaciones sexuales. En una Ciudad del Cabo castigada por el apartheid, Lurie dejará su entorno de clase media educada y se marchará a casa de su hija. Será un largo viaje de penitencia y extrañamiento, una travesía con postales en las que el lector verá a Lurie aplicando eutanasia a los animales que sufren o sorprendiéndose ante una mujer que decide vivir en un lugar hostil y amenazante, un sitio en el que la gente se detesta porque las separa algo más fuerte.

Este matemático y sin duda uno de los mejores escritores contemporáneos vivo –junto con Philip Roth, claro-, creció en el África del Apartheid. Esa larga sombra de segregación y violencia, de ultraje simbólico y real, que se extiende sobre su obra como una tormenta. En sus historias, Coetzee opone al individuo ante un mundo hostil, uno que envilece y en el que el instinto mueve a quienes lo habitan. A veces, Coetzee concede a sus personajes el dolor de otros para llegar al suyo. Por eso sus libros incendian. Alérgico a los medios de comunicación, Coetzee poquísimas entrevistas y casi nunca entra al trapo. Acaso una pregunta, una sola, no cuenta como entrevista. Pero da pie a asomarse a ese mundo compacto que él ha construido con una sensibilidad avinagrada y al mismo tiempo prodigiosa.



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