Cultura

29 amantes poderosas de la historia: de Pepita Tudó a Corinna zu Sayn-Wittgenstein

De Cleopatra a Elena Sanz, de Madame de Pompadour a Corinna, así lo cuenta Ángela Vallvey en su libro Amantes poderosas de la historia (La Esfera de Los Libros)

El rey y Corinna, en una foto de archivo.
El rey y Corinna, en una foto de archivo.

Desde los líos de alcoba en la España visigoda, pasando por las luces del XVII y los amores de Teresa Cabarrús, hasta los incendios del XIX con las pasiones de Godoy por Pepita Tudó. Sin duda, se trata de una historia femenina del poder y la cuenta la escritora Ángela Vallvey en Amantes poderosas, un libro que aborda las biografías de 29 mujeres que supieron utilizar políticamente a su favor el deseo que despertaron en sus amantes.

Se trata de una historia femenina del poder y la cuenta la escritora Ángela Vallvey en

Amantes poderosas, un libro que aborda las biografías de 29 mujeres

Pensado como un libro de divulgación,Amantes poderosas de la historia compone una serie de estampas escritas con ingenio y que recorren la historia universal desde el antiguo Egipto hasta el presente. Están contemplados desde Egipto hasta Inglaterra, sin embargo, la chicha está en las historias protagonizadas por personajes relacionados con España, el más reciente y apetitoso de ellos, el que corresponde a Corinna zu Sayn-Wittgenstein, a quien Vallvey excluye de la categoría clásica de amante para describirla como algo mucho más complejo: la primera mujer de Juan Carlos I de Borbón de la que se habla por primera vez.

Abundan las anécdotas y los detalles biográficos de personajes que comparten entre sí no sólo la capacidad de capitalizar políticamente sus afectos, sino también el talento para acumular y conservar ese poder que sólo les vino dado tras convertirse en amantes –a veces esposas- de reyes y gobernantes. Es decir, el libro confirma lo que amargamente sabemos durante siglos: la más que difícil empresa de la mujer en una sociedad culturalmente dominada por valores masculinos para abrirse paso.

Las mujeres trabajadas por Vallvey tienen tal empuje y carácter que no resulta difícil entender el profundo ingenio que caracterizó a muchas de ellas, como fue el caso de Cabarrús, aquella madrileña castiza que a punto estuvo de morir guillotinada por Robespierre y que demostró bastante más arrojo y carácter que su entonces marido, Tallien, el temido legislador del Terror de la reacción Termidoreana durante la Revolución Francesa. Ni qué decir de Pepita Tudó, amante de Godoy –con quien se casaría en Roma años después-, quien en 1808, durante el motín de Aranjuez, se comportó con valor y entereza, al acompañar a Godoy y a los reyes españoles a su exilio en Francia, y luego a Italia.

La chicha está en las historias protagonizadas por personajes relacionados con España, el más reciente y apetitoso de ellos, el que corresponde a Corinna zu Sayn-Wittgenstein

Las aventuras de estas mujeres, con sus pasiones, ambiciones y apetitos, componen un viaje en el tiempo, pero también un álbum de los prejuicios que a lo largo de los siglos han tenido que sortear muchos personajes. Por ejemplo, lo que ocurrió a la princesa Blanca de Navarra con Enrique IV de Castilla. Si bien es cierto que él era apenas un adolescente y ella una mujer ya madura cuando se casaron, la historia no puede ser más amarga.

El hermano de Isabel la Católica, un ser de extrema timidez y una severa incapacidad para relacionarse con las mujeres, consiguió zafarse del matrimonio al aducir que éste no se había consumado por “impotencia recíproca”, lo que dejaba sin dote y sin estatus de casada a Blanca de Navarra. Ella, solterona y sin un duro, tuvo un final muy distinto al de su marido, que quedó libre de toda complicación para seguir divirtiéndose con sus amigos, don Beltrán de la Cueva o Alfonso Herrera… Para contrarrestar, no faltan historias como la de Edelmira Sampedro, por quien Alfonso de Borbón y Battenberg, hijo de don Alfonso XIII, entonces era Príncipe de Asturias, tuvo que renunciar a sus derechos sucesorios por escrito en Lausana el 11 de junio de 1933 para poder casarse.

Siglo XXI, capítulo Corinna

Cuando no se trata de reinas, casi todas las mujeres aludidas suelen pertenecer a la nobleza o a la burguesía pujante que intenta abrirse paso. En el apartado contemporáneo de esa lenta batalla, resulta curiosa la historia de la más contemporánea de las mujeres retratadas en este libro. Su nombre de soltera es Corinna Larsen, aunque todos la conocen como Corinna zu Sayn-Wittgenstein. O simplemente Corinna.

Acaso por la naturaleza impronunciable del apellido del ex marido (zu Sayn-Wittgenstein) que todavía conserva junto con el tratamiento de alteza -o porque pocas Corinnas saltaron a la palestra como amantes del rey Juan Carlos Primero. Lo cierto es que el nombre de pila parece suficiente para saber a quién corresponde: aquella rubia empresaria de la que todos los españoles tuvieron noticia cuando el rey se fracturó la cadera cazando elefantes en Botsuana. Ella estaba entre sus acompañantes.

En la entrevista que ofrece Wittgenstein a la prensa, la princesa se hace retratar con una pulsera de tres millones de euros

Juan Carlos I de Borbón, de cuyas amantes y negocios nada se dijo jamás –a la manera de un un rey "del despotismo ilustrado y no de una democracia parlamentaria", escribe Vallvey-, consigue en Corinna algo más que un escarceo o una relación al margen de sus funciones. A tal punto, que según cuenta la autora, el monarca la llega a defender como una relación estable y duradera en una cena con sus dos hijas.

Una mujer culta, con saber estar y temple para moverse entre diplomáticos y empresarios. Ese es el punto de partida de un retrato tipo que se ha hecho de Corinna zu Sayn-Wittgenstein y que Ángela Vallvey intenta desbrozar. Ella, a quien el propio Juan Carlos I envió como representante suyo ante el príncipe saudí Alwaleed Bin Talal Abdulaziz Alsaud, queda en el conjunto no sólo como algo más que una amante, sino como algo mucho más complejo que eso.

Organizadora de safaris de alto nivel, y ex esposa de un empresario y un noble, Corinna se convirtió en la amiga entrañable del rey y su interlocutor en determinados negocios. Es allí donde Vallvey hace el retrato más acre: las comisiones, el uso de recursos del Estado español para su estancia en España… Uno de los detalles que delatan a una mujer tan acostumbrada a la discreción, asegura Vallvey, surge justamente en la entrevista que ofrece Wittgenstein a la prensa y en la que se hace retratar con una pulsera de tres millones de euros. No inmisericorde, pero sí bastante crítico y en absoluto nada indulgente, así es el retrato que queda de Corinna en esta larga galería de poderosas mujeres.

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