Cultura

Guernica, la vida privada de una obra de arte

Picasso pintó este lienzo en un mes, como si ya lo tuviera en la cabeza. ¿Fue aquel un grito desesperado o la ocasión de acabar por fin el encargo que le había hecho la República? ¿Qué sabemos de esta obra? ¿Y qué ignoramos?

Reportage sur l'évolution de «Guernica» (Reportaje sobre la evolución del « Guernica»), de Dora Maar (Colección del Museo reina Sofía)
Reportage sur l'évolution de «Guernica» (Reportaje sobre la evolución del « Guernica»), de Dora Maar (Colección del Museo reina Sofía)

Pablo Picasso no fue a una puta guerra, dice Arturo Pérez-Reverte en El pintor de batallas. Razón no le falta al escritor y académico: quien de verdad se metió hasta las cejas en la guerra fue Goya. Podría decirse que la llevaba dentro. Y Picasso, que sepamos, no pisó una trinchera: anduvo de estudio en estudio, de café en café. Y sin embargo, aunque de combates pocos, algo violento se cuela por doquier en la obra del malaqueño. Su naturaleza excesiva y depredadora le permitió no entender un mundo, sino pintarlo como él lo veía; como ya existía dentro de su alma.

¿Qué sabemos de este lienzo que hoy reposa, casi paralítico y sin poder moverse, en el Museo Reina Sofía? Y más importante todavía: ¿qué ignoramos?

El Guernica, ese óleo sobre lienzo de 349,3 centímetros por 776,6 que este 2017 cumple 80 años, se convirtió en el tapiz de la guerra moderna: una carnicería sin colores que Picasso entendió con la naturaleza bruta de los hombretones que sin pegar tiros, machacan. ¿Empezó Picasso a pintar el Guernicaen París? ¿Fue un grito desesperado o la ocasión de acabar por fin el encargo que le había hecho la República? ¿Cuántas cruentas imágenes familiares se sucedieron ante ese lienzo que fue creciendo de añadiduras y amputaciones? ¿Qué sabemos de este cuadro que hoy reposa, casi paralítico y sin poder moverse, en el Museo Reina Sofía? Y más importante todavía: ¿qué ignoramos?

Picasso de pie trabajando en el «Guernica» en su taller de los Grands-Augustins . Fotografiado por Dora Maar. (MNCARS)
Picasso de pie trabajando en el «Guernica» en su taller de los Grands-Augustins . Fotografiado por Dora Maar. (MNCARS)

La guerra... y qué más 

El lunes 26 de abril de 1937, a las tres y media de la tarde, la Legión Cóndor de la aviación nazi abrió fuego. A las siete, Guernica estaba totalmente destruida. Exactamente cinco días después, el 1 de mayo de 1937, Pablo Picasso ensayaba a lápiz sobre papel azul el primero de los 45 estudios y bocetos que tomarían forma final en una pintura que no sólo recogió el espíritu de lo ocurrido en el pueblo bilbaíno, sino que además dividió en dos el siglo XX.

Todo provino de un mundo que iba cambiar, de un mundo que ya era otro. La Guerra Civil española había comenzado en julio del año anterior; la II Guerra Mundial estaba por estallar. Velázquez había pintado Las Lanzas; Goya Los fusilamientos del 3 de mayo y Pablo Picasso estaba en trance de acometer la que sería una de las grandes pinturas del siglo XX: el Guernica. En el pabellón español de la Exposición Mundial, los espectadores se toparon con lienzo que habría de convertirse en el símbolo de la guerra moderna; la historia del arte también.

No sería hasta el 9 de mayo de 1937, cuando Picasso culminaría el bosquejo más cercano a lo que hoy se conoce como Guernica. Dos días después, el 11 de mayo de 1937, Picasso mandó a traer el bastidor sobre el que estamparía la versión a escala del boceto. Inmediatamente pidió a Dora Maar que comenzara a fotografiar el proceso. Y allí se fue ella con sus uñas rojas y su locura a punto. A retratar aquella carnicería. 

Reportage sur l'évolution de «Guernica» (Reportaje sobre la evolución del « Guernica»)
Reportage sur l'évolution de «Guernica» (Reportaje sobre la evolución del « Guernica»)

Cronología privada de un lienzo 

La primera semana de enero de 1937, el Gobierno del Frente Popular –a través de Joseph LluísSert, quien había organizado la primera retrospectiva de Picasso con el apoyo del grupo Amigos de las Artes Nuevas– había encargado al artista una pintura mural que ocuparía el pabellón español de la Exposición Mundial, próxima a inaugurarse en París el 12 de julio de ese mismo año. El encargo incluía además una serie de grabados cuya venta sería destinada al Fondo de Ayudas a la España Republicana. La cercanía política de Picasso con la República era manifiesta desde mucho antes. Ya en julio de 1936, José Renau, director de Bellas Artes del Gobierno Republicano, le había distinguido como director honorario del Museo del Prado. El decreto con el nombramiento fue firmado en septiembre de ese mismo año por Manuel Azaña, presidente de la República.

En febrero de 1937, apenas un mes después de la solicitud, Picasso buscaba un estudio donde instalarse para producir el cuadro que la República le había encargado.

En febrero de 1937, apenas un mes después de la solicitud, Picasso buscaba un estudio donde instalarse para producir el cuadro. En ese proceso fue esencial el poeta Juan Larrea, quien gestionó ante el Gobierno Republicano un millón de francos para que Picasso instalase su taller en la rue des Grands-Augustins, según narra Gijs van Hensbergen en su libro Guernica. The biography of a Twentieth Century Icon.Ya no había excusas para que Picasso demorara en presentar al menos un adelanto temático de la obra. Sin embargo, la realidad era otra. A dos meses del encargo, Picasso no había pintado nada aún. El único prospecto del que se tiene antecedente es un vago boceto llamado Pintor y modelo, fechado el 19 de abril de 1937, en el cual se esboza un retrato de Marie Thérese en un espacio lleno de esculturas y obras por definir. Una suerte distinta ocurrió con los grabados, en los cuales Picasso comenzó a trabajar de forma casi inmediata.

Ya no había excusas para que Picasso demorara en presentar al menos un adelanto temático de la obra

El 8 y 9 de enero de 1937 Picasso grabó 14 de las 18 escenas de lo que hoy se apunta como la génesis de Guernica. Se trata de Sueño y mentira de Franco, dos láminas –de nueve escenas cada una- donde al mejor estilo de Daumier o Goya, Picasso acometía una serie satírica que tenía como personaje principal a Francisco Franco, el insurrecto general de Melilla, el cual era caracterizado en una patética figurilla con la cual el pintor parodiaba a los héroes ecuestres españoles: el Cid y Don Quijote de Cervantes. En la primera de las planchas, el caudillo protagoniza una historieta paródica, a diferencia de la segunda plancha, más enfocada en el trabajo simbólico de cabezas sufrientes, figuras contraídas y perfiles ecuestres similares a las siluetas que dominan la superficie pictórica de Guernica.

Sencillamente, Picasso no tenía tema, hasta que Juan Larrea llegó al Cafe de Flore para contarle lo ocurrido en Guernica

Durante el proceso impresión y grabado, de forma deliberada, Picasso dibujó directamente sobre las planchas, razón por la cual, una vez impresas, éstas quedaron invertidas. De hecho, para seguir el correcto orden deben ser leídas de derecha a izquierda. Ante las preguntas sobre cuál sería el tema del encargo mural como tal, Picasso seguía sin aportar mayores detalles. Sencillamente no tenía tema, hasta que Juan Larrea llegó al Cafe de Flore para contarle lo ocurrido en Guernica, en Vizcaya.

Cinco días después del bombardeo de la Legión Cóndor, Picasso dibujó en un mismo día al menos seis bocetos iniciales. No sería hasta el boceto número 15, fechado el 9 de mayo de 1937, cuando Picasso culminaría el bosquejo más cercano a lo que hoy se conoce como Guernica. En él se encuentran cinco de los nueve símbolos esenciales: el toro, el caballo relinchante, el guerrero muerto, la madre con el niño en brazos y la mujer que ilumina la escena con una lámpara de aceite. Dos días después, el 11 de mayo de 1937, Picasso dispuso el bastidor sobre el que estamparía la versión a escala del boceto. 

Algunas fases del Guernica.
Algunas fases del Guernica.

Las versiones de Guernica

La composición tríptica de Guernica gira alrededor de un triángulo central donde se concentra el peso de la acción pictórica. Esta disposición piramidal, acentuada por el uso de zonas blancas contrastadas con la deliberada nocturnidad del lienzo, consumió la atención de Picasso durante las primeras tres versiones.

Si se analizan los primeros estudios, saltan a la vista los cambios en el caballo relinchante (cuya torcedura del cuello reproduce el esquema de Las Señoritas de Avignon) y el guerrero yaciente, las únicas figuras (junto con la madre con el niño en brazos) que permanecen de manera constante en las siete versiones previas, a diferencia del toro, el cual fue modificado por Picasso en cuatro ocasiones.

La segunda versión del cuadro es la que puede apuntarse como aquella que sufre los cambios más importantes: el brazo alzado del guerrero se convierte en la aureola de un ojo divino que terminará tomando la forma de una lámpara eléctrica. De ella queda eliminada, también, un tejado alusivo al mercado de la ciudad bombardeada, el cual fue cubierto por un fondo negro.

La figura del toro y el caballo, a las que se han adjudicado sinfín de representaciones políticas alusivas al pueblo español, pertenecen según el autor Carsten Peter, al círculo de temas Minotauro y lidia de toros, de la década de 1930, más específicamente a la Minotauromaquia de 1935.

Para ensayar los cambios en cada una de las versiones de Guernica, Picasso utilizaba papel en las zonas críticas y los retiraba después de confirmar el efecto. A partir de la sexta versión, Picasso cesó los cambios formales para centrar su atención en los aspectos lumínicos del cuadro. Transcurren sólo dos semanas desde la sexta versión, a finales de mayo de 1937, hasta la versión conclusiva del 4 de junio de 1937: la última fecha de la se tiene registro fotográfico. Un menos le batsó a Picasso para completar aquella guerra... o acaso para vaciar la que ya llevaba dentro de sí.



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