Cultura

Ray Loriga devuelve la vida al Premio Alfaguara de Novela de 2017

Este año, que coincide con el 20º aniversario del Premio, el jurado del galardón estuvo presidido por Elena Poniatowska. 

Ray Loriga, Premio Alfaguara de Novela de 2017.
Ray Loriga, Premio Alfaguara de Novela de 2017. EFE

Ray Loriga es el ganador del Premio Alfaguara de novela con Rendición. Un veredicto importante justo en una de sus fechas más significativas: la del vigésimo aniversario del galardón literario. Desde su primera edición, en 1998, el Alfaguara ha premiado a figuras clave de la literatura en español. Hoy, un nuevo nombre importante - de esos que significan- vuelve a formar parte del palmarés. 

Con Alfaguara, Loriga publicó Ya sólo habla de amor (2008) y Zaza, emperador de Ibiza (Alfaguara, 2014)

Sin duda, un premio merecido, para un autor de larga trayectoria, dentro y fuera del sello. Con Alfaguara, Loriga publicó Ya sólo habla de amor (2008) y  Zaza, emperador de Ibiza (Alfaguara, 2014), la que fue su novena novela tras ocho años de silencio. Sí, ocho. Porque ésa, la de los vampiros –El bebedor de lágrimas-, mejor ni mencionarla -dijo él, entonces-. Madrileño, nacido en 1967, madridista, amante del patinaje sobre hielo e icono de la generación de los 90, Ray Loriga marcó a una quinta completa con su legendaria Héroes hace 20 años

La novela ganadora, Rendición, es una historia "kafkiana", una historia luminosa sobre el "el destierro y la pérdida"

La novela ganadora, Rendición,es una historia "kafkiana", una historia luminosa sobre el "el destierro y la pérdida", que según el jurado desemboca en una trauma impactante. Sin duda: Loriga resucita el Alfaguara. En estas páginas, Loriga plantea una historia que ocurre en una sociedad autoritaria, donde la ley y la realidad enmudece a sus protagonistas. Una novela de mirada angulada que, según su autor, pertenece al territorio de "la empatía" y en la que resuenan George Orwell, Robert Walser, Herman Melville. "Voces de la mejor literatura en la que podemos pensar", como aseguró Marcos Giralt Torrente, miembro del jurado.

 "Este premio celebra la literatura, porque el limpio. Los escritores nos mostramos en este premio tan limpios e inocentes como nuestras palabras", dijo el escritor, que llega al Premio Alfaguara para resucitarlo. "Todo lo que soy se lo debo a Juan Rulfo", aseguró el escritor de Trífero, una de sus más memorables novelas. Loriga, sin duda, está de vuelta. Y este premio sirve de ocasión para amplificarlo.

resentada al premio con el título "Victoria" y bajo el seudónimo Sebastián Verón, Redención es una novela de "retrofuturo"

Presentada al premio con el título "Victoria" y bajo el seudónimo Sebastián Verón, Redenciónes una novela de "retrofuturo", "sobre un presente que podría ser éste y que avisa de cómo podría ser el futuro siguiente", describe. "Cada día es un cambio, las nuevas y las viejas ideas de cómo la vida es otra de la que habíamos concebido y cómo nos movemos en esas situaciones de anhelo o pérdida", señala el escritor.El protagonista es un narrador sin nombre, porque Loriga tiene la manía de no poner nombre a sus personajes literarios: un hombre que tiene hijos que luchan en una guerra, no se sabe cuál, y que adopta un niño refugiado, siendo él mismo refugiado. Situaciones de cambio que se han vivido siempre a lo largo de la historia, asegura el escritor, que recuerda que a su abuelo también hace muchos años le dijeron "ponte las botas y vete a la guerra".

Resucitar un premio

El jurado en esta edición lo integraron Marcos Giralt Torrente, escritor y crítico literario; los ganadores del Premio Andrés Neuman, Santiago Roncagliolo y Elena Poniatowska, esta última en calidad de presidenta del jurado; la escritora argentina Samanta Schweblin;Eva Cosculluela, vicepresidenta de la CEGAL y librera en Los Portadores de Sueños; Juan Cruz, escritor, periodista y fundador del Premio, así como Pilar Reyes (con voz pero sin voto), directora editorial de Alfaguara. 

"Consolidado en sus bases", aunque metamorfoseado y a veces empalidecido por la irregularidad de unos años con respecto a otros –de Juan Gabriel Vásquez a Carla Guelfenbein, por ejemplo-, el Premio Alfaguara llega a sus dos décadas de vida con la necesidad de renovación y sorpresa. En esta convocatoria se han recibido 665 manuscritos, casi cincuenta menos que el año pasado, cuando resultó ganador el argentino Eduardo Sacheri con La noche de la usina.

Conceder el galardón a Ray Loriga es un chute de adrelanina. Una ocasión. Una puesta de largo... para el premio y para su autor, hasta ahora oculto en su propio prestigio de chico malo de la literatura española, que se ganado el derecho de regresar sin concesiones. El premio, sin duda, echaba en falta una ocasión como ésta.

La cifra de manuscritos indican, claramente, que el Alfaguara sigue siendo un premio de profundo arraigo iberoamericano. Del total de obras recibidas, 305 han sido remitidas desde España, 107 desde Argentina, 91 desde México, 50 desde Colombia, 48 desde Estados Unidos, 23 desde Chile, 21 desde Perú y 20 desde Uruguay. Esa es una de las razones principales por las cuales Alfaguara, sello fundado en 1964 y que forma parte desde 2014 de Penguin Random House Grupo Editorial, ha decidido mantenerlo y potenciarlo, tal y como ha asegurado la editora Pilar Reyes, en varias ocasiones.



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