Cultura Víctor García de la Concha, director del Cervantes: "Todos sabemos que en España el problema no es la lengua"

Estuvo al frente de la Real Academia durante doce años y actualmente dirige el Instituto Cervantes. 

Es uno de los nombres más profundamente vinculados al castellano. Se trata de Víctor García de la Concha, doctor en Filología Española (Universidad de Oviedo) y en Teología (Universidad Gregoriana de Roma). Ha sido profesor de instituto y catedrático de Literatura Española en las universidades de Valladolid, Murcia, Zaragoza y Salamanca. Durante 12 años dirigió la Real Academia de la Lengua y desde 2012 dirige el Instituto Cervantes, que celebra sus 25 años de trabajo en la enseñanza y difusión del castellano.

"El diálogo de lenguas es posible. Porque todos sabemos que no es en la lenguas donde está el problema"

García de la Concha fue uno de los principales propulsores de una concepción panhispánica del castellano mientras estuvo al frente de la RAE, de ahí que entienda el idioma como un puente entre ciudadanos, países y continentes. Por eso, asegura, ninguna de las discusiones sobre las lenguas en España le sorprende: conoce el tema de cerca y cuánto puede dar de sí. "El diálogo de lenguas es posible. Porque todos sabemos que no es en la lenguas donde está el problema", responde al ser preguntado sobre la tensión en Cataluña como expresión linguística de un malestar más profundo.

También sobre la situación actual del Instituto Cervantes -en 2013 llegó a cuadruplicar sus pérdidas hasta llegar a los 19 millones de euros- y algunos de los proyectos puestos en marcha por la institución conversa Víctor García de la Concha en esta entrevista concedida a Vozpópuli a los pocos días de presentar el que será uno de los proyectos principales del Cervantes en 2016: el Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española, un nuevo sistema de certificación en línea abierto a todos los países hispanohablantes. El aula virtual para el español más grande que se haya puesto en marcha hasta ahora.

-Al menos en lo que a presupuestos respecta, el Cervantes parece haber tenido un respiro en los PGE 2016. ¿Cuáles son las perspectivas tras los años de recortes y de pérdidas?

-Se trata de un pequeño respiro. El Instituto Cervantes había ido creciendo en su dotación presupuestaria desde 1991 hasta un nivel, en 2008, que estaba en la aportación de 90 millones por parte del Estado. El Cervantes va a cumplir las bodas de plata el año que viene, 25 años. Eso significa que el español llegó con retraso al mundo de los institutos nacionales de lenguas. Cuando apareció el Cervantes, la Alianza Francesa tenía más de cien años. El British Council fue creado 1934 y Goethe Institut en 1951. La creación del Cervantes fue un esfuerzo importante que corresponde a diversos partidos políticos. Hoy tenemos 90 centros en 43 países, lo cual no está mal porque no en todos los países existían edificios en propiedad del Estado Español que le permitieran asentarse. En muchos de ellos, el Estado tuvo que comprar y alquilar sedes.

"Fue un esfuerzo importante que corresponde a diversos partidos políticos, porque hoy tenemos 90 centros en 43 países"

-Cuando usted llegó al Cervantes, ¿en qué punto estaba la institución?

-El año que más dotación tuvo el Cervantes fue en 2010. A mí me llamaron en medio de un cambio de modelo, para ocupar el cargo de director, que no tiene funciones administrativas, sino que se centra en las relaciones internacionales y la creación de proyectos. Al año siguiente nos encontramos con un recorte del 38%. Se nos planteó la opción de cerrar centros y hacer un ERE. A mí eso me parecía un error, porque el español tenía todavía escasa presencia y además, la riqueza del Cervantes son sus trabajadores y sus profesores.

-¿Cuántos centros se han cerrado en los últimos años?

-Sólo Damasco y Gibraltar, este último por una decisión que obedece a lineamientos de política exterior. 

-¿Podría confirmar cuántas sedes se han vendido?

-Se vendieron dos: Tel Aviv y Bruselas, pero la mayor operación que hicimos fue la de los derechos enfitéuticos del Centro Cervantes de Londres. Renunciamos a los 20 años que nos quedaban de usufructo, lo que supuso 18 millones de euros de ingresos. Eso nos permitió seguir adelante sin cerrar un centro ni despedir personal.

-Las cuentas han mostrado un descenso de las matriculaciones. ¿Por qué?

-En todos los institutos nacionales de lengua se está produciendo una caída en la las matrículas de enseñanza presencial en el curso general. De ahí la importancia de proyectos como el SIELE.

"El español no puede ser marca España específica, será Marca México o marca de todos los países en los que se habla"

-El PP ha insistido en referirse al Cervantes como el mascarón de proa de la Marca España, una concepción que parece confundir lo cultural con lo mercantil, incluso con el márketing.

-La enseñanza del español no tiene nada que ver con la marca España. El español es un patrimonio compartido de los 470 millones de hispanohablantes, por tanto no es de España. Los españoles somos la décima parte de los hispanohablantes. No puede ser marca España específica, será Marca México o marca de todos los países en los que se habla. El Cervantes, en ese sentido, sería la institución que difunde la cultura de los países hispánicos, de todos aquellos donde habla español.

-El Cervantes depende de Exteriores pero también del ministerio de Educación, Cultura y Deportes, lo cual siempre ha generado tensiones. ¿Qué es el Cervantes: un instrumento de política exterior o cultural?

-Siempre ha existido esa situación. Pero el Cervantes está por encima de eso, como está por encima de los partidos políticos. Nació promovido por el Partido Socialista y ha continuado en todas las legislaturas. Nosotros estamos a bien con todos los partidos. Yo lo digo sin recato: al Cervantes le vendría muy bien una ley como la de la Biblioteca Nacional o el Prado, que le dé más autonomía.

-El español cohesiona, ¿qué podría aportar el Cervantes en procesos como el catalán?

-En el año 1983 era catedrático de la universidad de Salamanca. Entonces era ministro de Cultura Javier Solana. Me llamó para que organizara un encuentro de intelectuales para reflexionar acerca del año 2000. Convoqué a catedráticos de las cuatro regiones, de las cuatro lenguas de España. De Galicia vino Ramón Piñeiro , vino con él Carlos Casares. Vinieron escritores vascos, catalanes… La lista fue significativa. Allí surgió la idea de organizar unos encuentros de escritores todos años, los encuentro de Verines, que yo dirigí durante 16 años. Estamos hablando del año 85 y 86. Todos los que hoy son algo en la cultura catalana, gallega, euskérica… pasaron por Verines. Y nunca hubo ningún problema. Hace dos años, retomé desde el Cervantes esos encuentros. Fueron mucho más tensos, pero dentro de esa tensión terminamos reafirmando la necesidad de diálogo. Creo que con esto respondo a su pregunta.

"Todos los que hoy son algo en la cultura catalana, gallega, euskérica… pasaron por Verines. Y nunca hubo ningún problema"

-Es decir, ¿existe una vocación de encuentro y diálogo a pesar de la tensión?

-En ese nivel no hay tensión. Afortunadamente queda el campo de la legua y de la cultura como campo de diálogo. El día que se rompan los puentes de ese campo, ese día habrá terminado todo. El diálogo de lenguas es posible. Porque todos sabemos que no es en la lenguas donde está el problema. No es en las lenguas.

-En esta conversación ha hablado de la necesidad de una Ley que permita más autonomía al Instituto Cervantes. ¿Qué retos, desde financieros, hasta culturales, tiene la institución de ahora en adelante?

-El SIELE, que es una iniciativa que viene de antes de mi gestión a través de un convenio con México y que se ha retomado, es una muestra de la colaboración iberoamericana. Porque no sólo trabajamos con México sino con muchos otros países. La cooperación iberoamericana no hay quien la frene. Eso será de beneficio para todos, y no me refiero sólo a un tema económico, sino de autoritas, de la capacidad de la lengua como instrumento de encuentro. Eso lo consiguió la Real Academia al hacer una gramática total del español, en el campo de la enseñanza eso es mucho más fácil conseguirlo, porque el español tiene matices gramaticales mínimos.

-Ahora que dice matices, parece que no cesan las asperezas en el tema de las palabras que se incorporan o incluso las que permanecen en el diccionario, como trapacero para los gitanos. ¿Qué opinión tiene al respecto?

-Eso es un problema conceptual. La Academia y las academias tienen una función registral, es decir, registran lo que el pueblo dice y con el sentido con el que lo hace. No se introduce ninguna palabra que no tenga documentación escrita (libros, novelas, prensa), por tanto, el diccionario es un espejo. Lo que ocurre es que hay palabras o elementos significativos de una palabra que ya no se usan, pero se usaron. El diccionario tiene que servir para descifrar los textos de 1500 hasta hoy, porque, de lo contrario, cómo se lee a Cervantes, a Lope, a Quevedo… Hacer entender esto a un grupo social que está afectado por ello es difícil, pero no se pueden hacer de otra manera. De lo contrario, sería falsear la historia.

"El diccionario tiene que servir para descifrar los textos de 1500 hasta hoy, hacer entender esto a un grupo social que está afectado por ello es difícil"

-El CIS reveló que 40% de los españoles no había leído jamás El Quijote. ¿Por qué? ¿Dónde está el error? ¿En las políticas de educación? ¿En la difusión?

-La respuesta es muy sencilla: educación, educación, educación y educación. Con ocho años, los niños de mi pueblo, en Villaviciosa de Asturias, entramos un día al salín de clase y el maestro, Luis Cortés, había dibujado en el encerado estampas del Quijote. Nos leía pasajes constantemente. Entonces se leía una edición llamada el Quijotín, una versión infantil. Tardamos en leer el Quijote en la edición completa, yo tendría 15 años cuando lo leí completo. Pero es un problema de enseñanza

-¿Pero me habla de políticas públicas? ¿De adaptarlo? ¿Por qué si usted lo leyó con 15 años y lo disfrutó, hay que simplificar el actual?

-Lo que asusta en la lectura a un muchacho es leer una edición del Quijote con demasiado aparato crítico, las notas. A un niño no se le puede dar un libro con esas características. Hay que enseñar a leer leyendo cosas gustosas, no se puede enseñar a leer leyendo clásicos enteros. Cuando el niño coja afición, irá llevando el gusto progresivamente a otras cosas. Hay que captar por el gusto.

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