Cultura Javier Gomá, filósofo y escritor: “Ante este caos, muchos quieren volver al orden antiguo"

Galaxia Gutenberg acaba de publicar 'Filosofía mundana. Microensayos completos', se trata de un volumen que conecta y completa la senda que comenzó con 'Todo a mil' (Galaxia Gutenberg) y 'Razón portería' (Galaxia Gutenberg).

Conversar con Javier Gomá es, a su manera, una isla del espíritu, un lugar donde no entran a empellones los titulares ni las portadas de prensa y en el que prevalecen los conceptos y categorías generales del pensamiento por encima de la coyuntura, del charco donde las necias ranas croan, ignorantes del tronco que está por caer del cielo. Aun insistiendo, resulta imposible obtener de Javier Gomá (Bilbao, 1965) un juicio sobre cualquiera de los temas que se achicharran en la barbacoa de la opinión pública. Una persona dedicada a pensar un todo, no tiene que tener una opinión sobre todo, explica el Premio Nacional de Ensayo.

Gomá tiene una importante trilogía de lo que él llama microensayos, el más reciente de ellos acaba de ser publicado con el título

Filosofía mundana.Microensayos completos

Que Gomá evite dar opiniones no quiere decir que su pensamiento evite el mundo, mucho menos que exista en cautiverio. Sus ideas, y la obra que las contiene, no procuran permanecer apartadas en un frigorífico teórico. Desde hace años, las propuestas de Javier Gomá tienen la inquietud de ir al encuentro con las personas. Al contrario de lo que muchos piensan, la gente tiene necesidad de certezas. Cada vez más. Esa es su tesis, la que defiende y abona día a día.

Consecuente con la idea de un pensamiento claro, Gomá tiene una importante trilogía de lo que él llama microensayos, el más reciente de ellos acaba de ser publicado por Galaxia Gutenberg con el título Filosofía mundana.Microensayos completos, se trata de un volumen que conecta y completa la senda que comenzó con Todo a mil (Galaxia Gutenberg) y Razón portería (Galaxia Gutenberg). Fundamental en el pensamiento de Gomá es también su aportación sobre la ejemplaridad, concepto al que dedicó una tetralogía publicada en conjunto en 2014: una primer entrega sobre la historia y teoría general de ese concepto (Imitación y experiencia); su formación subjetiva (Aquiles en el gineceo); su aplicación a la esfera política (Ejemplaridad pública) y su relación con la esperanza (Necesario pero imposible).

Aunque es un aguafiestas –para quienes buscan llevarse un titular al uso, entrecomillado y polémico, es un aguafiestas de tomo y lomo-, algo en el discurso de Gomá vierte sentido en el cubo de agua que extraemos del pozo del día a día, ése que se vacía de contenido y sustancia. La suya es una voz que procura elevar el coro de la polis, una que intenta acaso impedir que el ágora quede travestida en charca y los ciudadanos en ranas. Sobre esos temas, en los que la ejemplaridad es un asunto transversal, conversa en esta entrevista con Vozpópuli.

"Ante este caos, muchos quieren volver al orden antiguo, de ahí mi tesis de apropiarse de este caos y generar un nuevo orden"

-En Todo a mil, Razón portería y ahora Filosofía mundana asegura que las personas necesitan del filósofo razones. ¿Cómo ha cambiado eso en los últimos veinte años?

-Durante milenios la sociedad ha sido jerárquica, autoritaria y elitista. El principio igualitario que se ha ido gestando poco a poco en los últimos siglos se ha convertido en principio transformador de la historia desde finales del siglo XX y comienzos del XXI. Esto afecta la igualdad ante la ley, la igualdad política y social pero también ese principio de igualdad se aplica a la cultura, a lo antropológico, y esto genera un número infinito de incertidumbres y falta de certezas. Ante este caos, muchos quieren volver al orden antiguo, de ahí mi tesis de apropiarse de este caos y generar un nuevo orden. Eso genera inseguridad y explica porqué hoy hay una demanda aun mayor de literatura filosófica que nos ayude a elaborar una visión ordenada del mundo que nos permita vivir.

-Usted reprocha a la filosofía el uso de un tono lastimero y su grave. Pide brevedad y claridad. ¿Entre un mundo de 140 caracteres y la vocación de un pensamiento complejo, qué hay entre medias?

-La filosofía como yo la entiendo debe permanecer en el punto medio entre una literatura de autoayuda, que trata de confirmar tu voluntad de vivir y de superación, y del otro está la literatura filosófica académica, que no es propiamente filosofía sino historia de la filosofía. Durante buena parte del siglo XIX y el XX, el monopolio del pensamiento filosófico lo ostentaba casi enteramente la universidad. Tanto en una historia de la filosofía como en el pensamiento creativo. Hoy ya no es así. Sigue manteniendo su importancia como auxiliar y sede del pensamiento mismo. La filosofía cuando quiere ser mundana, que versa sobre el mundo y no sobre libros, que trata de pensar a los autores que han reflexionado sobre los grandes temas, y que al mismo tiempo  sostiene la mirada a la realidad. Cualquier persona que envejece, que se emociona y busca razones para vivir debe encontrarse en ella. La filosofía debe ocuparse de la totalidad y no de aspectos parciales del mundo. Alguien debe de ser responsable del cuadro entero y eso corresponde a la filosofía, que debe tener además no sólo intensidad sino también estilo, gusto y la capacidad de llamar y retener la atención y proporcionarle gusto al lector, de la misma forma que el literato.

"El monopolio del pensamiento filosófico lo ostentaba casi enteramente la universidad. Hoy ya no es así"

-Desconfía de los ilustrados pesimistas, ¿una respuesta para los nostálgicos que piensan que todo tiempo pasado fue mejor?

-Un intelectual debe ser capaz de formular ideas que interpelen a un ciudadano corriente. No estoy a favor de las lecturas apocalípticas del presente, una visión con perspectiva histórica nos produce una lectura completamente contraria a la que sostienen algunos intelectuales lastimeros. En España hay pensadores que ofrecen o intentan construir un pensamiento.

-Usted acuñó la expresión de la ejemplaridad incluso antes de que se convirtiera en una idea citada, que corre hoy de boca en boca. ¿Se ha vaciado de sentido esa palabra?

-Voy a distinguir entre mi propia aportación y su recepción social. En el caso de mi aportación se gestó hace más de 30 años y ha tenido como resultado una tetralogía cuyo primer volumen comenzó en 2003 y que surgió tras una larga gestación que nada tiene que ver con la crisis. Es una tetralogía que ha guiado un proyecto literario. Otra cosa es la recepción social del concepto. Ahí pasamos del tiempo geológico de la filosofía al tiempo supersónico de la actualidad periodística. La aceptación del concepto, que tiene muchas razones, se explica por una en especial: el concepto de ejemplaridad no es autoritario, sino explicativo de muchas cosas que no tenemos y echamos en falta. La recepción social del concepto tiene una parte buena y una parte mala. La primera: ha funcionado con eficacia y además de manera transversal, porque la ejemplaridad no es de derechas ni de izquierdas, la han utilizado desde líderes sindicales hasta pensadores anti-sistema. Ahora bien, cuando un concepto acuñado en una velocidad geológica entra en la velocidad supersónica, inevitablemente se vulgariza. Mis libros reflexionan sobre la ejemplaridad desde el punto de vista histórico, estético, jurídico, ontológico, ético, sociológico… su recepción ha ocurrido sólo en la lógica ética política.

-Según usted no hay nada peor que beatería cultural y su talante programático. ¿Qué opina de la polémica con el programa del cuarto centenario de Cervantes?

-Me da un poco de pereza ese debate. No es mi tema. Puedo hablar con alguna autoridad de la exposición sobre Cervantes inaugurada en la Biblioteca Nacional el viernes pasado por los reyes. La biblioteca ha reunido todos los documentos importantes para reconstruir la figura de Cervantes de manera científica y divulgando su figura, no su leyenda. No es una exposición que quiera necesariamente mostrar los aspectos más fascinantes de Cervantes, que podría hacerse más adelante en otras exposiciones, pero siendo ésta la primera, debía dar unas bases sólidas. Por eso se han traído manuscritos, las primeras ediciones y material que nos ayude a conocer la verdad de Cervantes y no su leyenda. Respecto al programa general, yo he oído de todo. Hay representantes de instituciones en España que han hecho observaciones con una leve crítica y que incuso se han retractado pero también he oído a personas muy competentes que se han leído completos el programa español y el inglés y que aseguran que el español es mejor.

-Bueno, pero… siendo la primera muestra dedicada a Cervantes, es una deuda que se salda un poco tarde. ¿No le parece?

-No estamos celebrando una omisión, sino saldando una deuda. Creo que se está saldando, al menos en lo que a la Biblioteca Nacional respecta, de manera muy seria. Es una exposición que debía hacerse, no digo que no puedan hacerse otras. Pero una vez hecha esta, donde se presentan los documentos que permiten reconstruir su vida y aquellos que demuestran su impacto y su conversión en mito, se podrán hacer otras. No estaría de más una biografía más conmovedora, pero esta exposición no pretende ser conmovedora sino rigurosa. Pero, insisto, es una muestra con un catálogo excelente donde se explica con precisión cada una de las piezas y documentos y por tanto es un material interesantísimo para quienes deseen saber de Cervantes en el futuro. Eso no quiere decir que no se puedan hacer exposiciones más literarias.

-¿Qué significa el desconocimiento que tienen los lectores en España del mayor autor de la lengua castellana? Lo dijo el CIS en 2015, dos de cada diez españoles dicen haber leído algún pasaje del Quijote.

-Eso supone un 20%. No es una proporción despreciable e incluso me arriesgo a decir que es superior que en años anteriores, simplemente por el nivel de alfabetización en los siglos XVIII, XIX y XX. Simplemente si miramos la España de los 50, 60 y 70, estoy seguro de que era inferior al 20%. Que dos de cada diez personas estén familiarizadas directamente, no a través de libros de divulgación, sobre Don Quijote no es una cifra despreciable. Más que el estado de la cifra me interesa la tendencia. Porque si venimos de un 10% ese 20% es infinitamente mejor y a lo mejor es promesa de 30 en un futuro.

Sobre el IV centenario: "He oído a personas muy competentes que se han leído completos el programa español y el inglés y que aseguran que el español es mejor"

-¿Por qué 'escurre el bulto' Javier Gomá? ¿Por qué es tan renuente a pronunciarse sobre los temas de actualidad?

-Por dos razones. La primera y fundamental es por fidelidad a un proyecto filosófico que pretende ser una imagen de mundo a medio, largo y larguísimo plazo. Se trata de una visión filosófica que busca hacerse cargo del todo, no de las partes. Quien se hace cargo del todo no puede opinar sobre el todo sino sobre esa visión de conjunto que demuestra su eficacia en años, incluso en siglos. Ojalá pudiésemos crear un pensamiento que sea capaz de fecundar a la ciudadanía en 20, 30 o 50 años, que es el tiempo del pensamiento. Pero está luego el otro lado: la confusión que en España se produce muchas veces y en la que se cree que el que se ocupa del todo puede opinar de todo. Yo opino sobre la cultura en general y propongo una visión integrada y espero que coherente y persuasiva de la conversión del caos en un orden unitario donde todas las cosas encajan como en un puzzle, pero esto a mí no me convierte en persona competente sobre los asuntos en los que me interrogan. Yo no tengo porqué tener una opinión formada sobre la reforma del poder judicial o sobre las autonomías, o el terrorismo, el Estado islámico o la pobreza o la desigualdad. No tengo competencias. Sólo podría decir tonterías y no tengo ningún aliciente para decir tonterías, ni siquiera el de la popularidad y alimentar titulares para vender más libros. No pienso vender más libros diciendo tonterías. Me impronta un bledo vender libros, comprendo que a la editorial sí le importa y por eso colaboro. Pero no me importan los compradores de mis libros sino los lectores de mis libros, sea como sea la forma en la que llega a este: si han comprado el libro, lo ha sacado de una biblioteca, se lo ha regalado un amigo o se lo ha encontrado en Internet. No vivo de la literatura sino para la literatura.

javier gomá 

Nació en Bilbao en 1965. Es doctor en Filosofía y licenciado en Filología Clásica y en Derecho. Fue el número 1 de la promoción en las oposiciones de 1993 al cuerpo de Letrados del Consejo de Estado. En 1996 empezó a trabajar en la Fundación Juan March, de la que en 2003 fue nombrado director, cargo que ocupa actualmente. Por su primer libro, Imitación y experiencia, obtuvo el Premio Nacional de Ensayo 2004; es autor también de la tetralogía sobre la Ejemplaridad  además de sus tres entregas de microensayos Todo a mil, Razón portería y Filosofía mundana, las tres publicadas por Galaxia Gutenberg. Escribe en periódicos, revistas y suplementos culturales, entre ellos El País, La Vanguardia y ABC.



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