Cultura Félix de Azúa: "A Ada Colau las pescaderas deben de parecerle algo espantoso, porque le ha dolido mucho"

Escritor, filósofo y académico. Félix de Azúa: aquel capaz de hacer hablar a la hache -para muchos muda-. Envuelto en una polémica por sus palabras críticas contra Ada Colau, conversa con Vozpópuli sobre el fin de las ideologías. Y sobre muchas otras cosas más. 

En una sociedad donde el poeta ya no es la voz de tribu, en la que la novela y el ensayo se han convertido solo en mercancía o en la que la abolición de los sombreros se ha llevado consigo la “vieja costumbre occidental de pensar”, Félix de Azúa (Barcelona, 1944) nada a contracorriente. Lleva años haciéndolo, incluso desde Mansura, la que él llamó su primera novela en condiciones y en la que narra una cruzada que podría ser la de todos. Hace poco menos de un mes, el escritor y pensador barcelonés ingresó en la Real Academia Española de la Lengua, y lo hizo dando voz a una letra que dábamos por muda. Pero no: la hache recupera sonido justo cuando Azúa ocupa el sillón que correspondió al medievalista Martín de Riquer. Envuelto en una polémica por sus recientes críticas a Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, Azúa concede una entrevista a Vozpópuli. La ocasión parecía propicia para preguntar su posición al respecto: "A Ada Colau las pescaderas deben de parecerle algo espantoso, porque le ha dolido mucho", respondió.

Envuelto en una polémica por sus recientes críticas a Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, Azúa concede una entrevista a

Vozpópuli

Félix de Azúa, el que vio en el Mayo Francés los fuegos artificiales de un mundo crepuscular. Él, a quien le suenan a viejo todos los progresismos y que cree que somos primitivos de nuestra época, da brazadas en dirección contraria a las felicidades colectivas. A él, a Félix de Azúa, hemos ido a preguntar algunas perplejidades. El autor El aprendizaje de la decepciónHistoria de un idiota contada por él mismo ofrece una instantánea cultural de su generación -la última que tuvo maestros, escribió-. Porque Azúa es -acaso como Hegel- el combate... Uno que ocurre en el forcejeo natural del escarmiento que propicia la experiencia y la lucidez. Ha llegado Azúa entonces a la RAE, para convertir la hache en un trueno. Contra todo reblandecimiento, sus palabras. 

-Félix de Azúa, un novísimo en la Real Academia Española de la Lengua. Si le hubiesen dicho eso en 1975 igual se echaba a reír.

-En aquel entonces, era la Academia de Franco. Entre lagente que había dentro, algunos se podían leer, pero otros eran figurones del franquismo sin menor interés. Todos considerábamos aquello como una casa de fantasmas. Eso ha ido cambiando. Hoy los académicos son profesionales. Gente sin más ambición que la de trabajar sobre el idioma. La Academia es una institución que debería ser básica dentro del sistema cultural español, porque si algo tiene valor en este país es el español, al menos porque lo compartimos con 500 millones de personas. Aunque sólo fuera por eso, la Academia debería ser un pilar, un núcleo muy fuerte de la cultura. Pero no lo es. Las autoridades españolas nunca han tenido demasiado interés en estas cosas de la cultura y la lengua. Nuestra clase política es muy poco educada y por tanto las cosas de la cultura y la lengua les quedan muy lejos. Consideran que estas cosas no tienen mayor importancia. La Academia tiene ayudas, pero son muy pequeñitas si se comparan con las que se dan a otras actividades, como el fútbol. Pero no hay que quejarse. Hay que trabajar y no quejarse.

"En aquel entonces, la Academia era otra cosa. Era la Academia de Franco. Eso ha ido cambiando"

-Hay una vocación de renovación en la Academia, no solo por el relevo natural sino por su composición en general. ¿Cuándo ocurrió el punto de inflexión?

-Hace ya tiempo que ocurre. Una de las primeras sorpresas que se llevó mi generación, mi círculo de amigos, fue el ingreso de Pere Gimferrer. Era muy joven cuando entró, era catalán… Ahí fue cuando comenzamos a pensar: algo está cambiando. Ahora hay muchos escritores, cosa que antes no ocurría. La Academia cada día está mejor representada, en el sentido de que cada día hay más gente que piensa y trabaja sobre el lenguaje desde un punto de vista democrático, que representa a una amplia parte de la población y no solo a cuatro científicos o filólogos.

- Usted dijo en su discurso: la Academia es popular. ¿Qué le hace pensar eso?

-Me refería a que a la gente todavía le importa la Academia. No ocurre lo mismo con las academias de Medicina, San Fernando, la de las Ciencias Morales y Políticas. La lengua es un elemento popular entre la gente, y no hablo de universitarios, hablo de gente normal. La cantidad de concursos que hay sobre el lenguaje y palabras. La cantidad de personas que siguen esos programas es alta. La Academia es popular en el sentido objetivo: las consultas en línea a la RAE son impresionantes, por millones.

"En la Academia cada día hay más gente que piensa y trabaja sobre el lenguaje desde un punto de vista democrático"

- La RAE asegura que el diccionario no corrige el habla, pero igualmente hay determinados colectivos que piden cambiar expresiones machistas o racistas.

-La Academia se encarga de tomar el pulso del lenguaje tal. El trabajo de la Academia no es corregir a la gente, decir si habla mal o bien, sino dar un retrato de cómo habla una sociedad en un momento determinado.

-Mencionó en su discurso de ingreso Mansura, una novela que recrea  la crónica medieval de la séptima cruzada, encabezada por el rey francés Luis IX. En algunas ocasiones ha dicho que es una alegoría del fracaso. ¿En qué cruzada ha fracasado usted?

-En la cruzada de mi generación. El símbolo más conocido es Mayo del 68, aunque se extiende hasta los setenta. Hubo un auténtico levantamiento, sobre todo juvenil y urbano; en las universidades. Donde tuvo un efecto más espectacular fue en París, pero se produjo en Alemania, Italia, Estados Unidos, incluso en España. Esa fue nuestra cruzada. Coincidía un conjunto de batallas. Una de ellas era política, contra una clase social que se había mineralizado tras la segunda guerra mundial y que iba a transformarse muy rápidamente. Pero también había otras: las reivindicaciones sexuales, las feministas, las drogas, las comunas. Todas fracasaron.

-¿En qué sentido?

-Las drogas condujeron a la muerte a mucha gente, la revolución sexual produjo más tristeza que placer, la revolución política terminó con una mayoría absoluta de De Gaulle en Francia. Lo que en verdad transformó la sociedad no fue una revolución política, fue una revolución técnica. La revolución sexual ocurrió debido a la píldora, no gracias a las protestas juveniles. La vida laboral de las mujeres se resolvió de la misma manera, pero no fue por las revueltas estudiantiles. Nosotros lo vivimos como una cruzada, un poco como ahora lo viven los de Podemos, pero el fracaso fue absoluto.

"Mayo del 68 fue la cruzada de mi generación, pero fracasamos", dice Félix de Azúa

-En Autobiografía sin papel dice que el Mayo del 68 eran los fuegos artificiales de un mundo que llegaba a su fin. ¿Es Félix de Azúa un pesimista?

-No es pesimismo. La vida cambió no sólo por las ideologías que teníamos (todos éramos comunistas), sino porque apareció la tele, el teléfono móvil, luego Internet. Ahora vivimos algo parecido. A nuestra sociedad la técnica se le ha quedado pequeña. Es una vida muy asfixiada, sobre todo políticamente: ver las mismas caras, opinando de los mismos problemas, en los mismos programas, repitiendo los mismos tópicos. Hay algo muerto en la sociedad política en la que vivimos, pero eso no lo va a remediar la ideología, lo hará la técnica. Como pasó en los años cuarenta o sesenta, va a aparecer un elemento técnico que nos va a cambiar la vida.

-Sin embargo, aunque las ideologías han dejado de existir y muchas certezas se vinieron abajo, hay una especie de nostalgia. ¿La sociedad vive hoy un narcisismo, una egolatría infantil?

-Nuestra sociedad es enormemente gregaria. Muy colectivista. Muy niveladora. La gente se mueve por grandes rebaños y esos grupos se mueven por fenómenos espectaculares. Es un viejo asunto: la sociedad del espectáculo. Ya no hay política, sino espectáculo político y los ciudadanos ya no tienen criterio propio ni una responsabilidad, se han convertido en pequeños grupos que se integran en las nebulosas de la queja. El problema en una sociedad es cuando la política queda reducida exclusivamente a la reivindicación del agravio. Se convierte en una sociedad infantil, que lo único que hace es llorar.

"El problema en una sociedad es cuando la política queda reducida exclusivamente a la reivindicación del agravio"

-¿Usted se relee?  

-No, nunca. Ni siquiera para la reedición de un libro.

-Se lo pregunto porque la figura del "idiota" aparece muy pronto en su obra. ¿Cómo ha cambiado su percepción del idiota como concepto?

-El idiota es la versión laica de la cruzada. Un idiota era una pobre persona que creía en todas las promesas de felicidad. Le prometían la revolución proletaria y que todos seríamos felices y se la creía. Le prometían la revolución a través de las drogas y se la creía. Y así todas y cada una de las revoluciones; se las creía todas. Poco a poco, con el paso del tiempo, aquel que creyó, se dio cuenta de que era un imbécil. Creerse las promesas colectivistas es propio de imbéciles o, incluso siendo más fuerte, se puede decir que aquellos que creen que su propia felicidad depende de las ideologías es gente con muy poca cabeza. No ha cambiado nada. El imbécil actual sigue siendo el mismo imbécil de mi época.

-¿A qué se debe? ¿A la desmemoria? ¿Es producto del relevo de la vida? ¿Los más jóvenes no han vivido el escarmiento de las generaciones anteriores?

-Hay una razón de peso: la educación ha sido destruida. Los chicos pequeños no aprenden nada en el colegio o los institutos. Aprenden ideología, sobre todo en algunos lugares pre-fascistas como Cataluña, donde se les enseña el espíritu nacional y a odiar al enemigo. Las escuelas técnicas funcionan muy bien, pero las universidades... Las facultades de humanidades habría que cerrarlas. Ya no tienen ninguna función.

"Las facultades de humanidades habría que cerrarlas. Ya no tienen ninguna función"

-¿Realmente cree lo que está diciendo?

-Sí. Claro.

-¿Y me dice usted que no hay pesimismo o descreimiento en sus palabras?

-Creer en las promesas políticas es signo de inmadurez intelectual. Llevamos ya 20 años de democracia a la española. No se parece en nada a la democracia inglesa, francesa o alemana. Es un espectáculo. La democracia española no es real y si quiere ponerlo como titular, pues puede ponerlo así. ¿Pesimista yo? No. ¿Por qué tendría que ser pesimista? Es el análisis de una realidad.

-Una determinada creación o un tipo pensamiento forma parte de la sociedad que lo produce. Y hoy se vive con una sensación de cataclismo, incluso de orfandad. Como si nada hubiese servido.

-Si usted revisa la literatura alemana de los años 30, encontrará lo mismo: una sensación de agobio que ellos mismos no percibían y que anunciaba la toma del poder por los nazis, el Holocausto y el espanto de la segunda guerra mundial. Es muy posible que estemos ante algo similar, en unos de esos momentos de absoluta incapacidad de salir del agujero. Y sobre lo que decía del pesimismo… Si yo sobreviví al franquismo, ¿cómo no voy a poder sobrevivir a esto? Esta época es tan absolutamente idiota como la franquista, pero están los amigos, las lecturas, los circuitos secretos, los sistemas de supervivencia.

-¿Se siente usted solo?

-¡Qué va, tengo cantidad de amigos y de relaciones, y una mujer deliciosa y una hija que es una divinidad!

-Me refiero a una soledad intelectual, incluso generacional. ¿No echa de menos una época en donde existían editores como Barral o poetas como Gil de Biedma?

-Todavía en esos tiempos había unos refugios de la inteligencia bastante amplios. Yo estudié en París. Con Foucault, con Deleuze, con Derridá antes de que fueran los personajes públicos en que se convirtieron. Pero todo eso ha sido destruido. De la cultura occidental solo quedan ruinas. Nos queda el pasado, pero el presente son ruinas. Todo lo que hoy se presenta como novedad es de nuestra época: un texto de Foucault que ha aparecido, una reedición… No hay nada nuevo. Eso no produce ningún dolor, ni preocupación. Lo que puedes hacer es refugiarte en cierta subversión.

-¿Qué piensa del hecho de que en el enfrentamiento entre Occidente y Oriente el eslabón más débil sea Francia? La sociedad que se adelantó y propició la modernidad sufre no sólo ataques, sino los efectos de sus contradicciones. Es como si en su propia naturaleza llevara la dinamita de la desaparición…

-La dinamita son los 7 millones de islamistas que viven ahí. Pero esa ha sido una convivencia que ha durado muchos años y ahora ha terminado. Y cuando un animal muere llegan los necrófagos, que pueden ser buitres, escarabajos o bacterias. El hecho es que Europa está moribunda y nos están llegando toda suerte de coprófagos de los que no sabemos defendernos. Vendrá un cambio. Va a aparecer. Igual que el ferrocarril cambió la Europa posterior a Napoleón (cambió las costumbres, apareció el turismo), algo así va a suceder.

"La militancia ideológica está completamente superada: no sirve para nada"

-A la luz de esta conversación, toda militancia ideológica parece superada.

-La militancia ideológica está completamente superada en el sentido de que no sirve para nada. Las transformaciones sociales se producen por sí mismas, son transformaciones técnicas, los humanos participan poco, en cosas muy pequeñas (ayudar a uno, impedir una injusticia) pero ese cambio transversal lo hace la técnica. Las cosas generales y abstractas… incluso no me las creo. Hemos visto persecuciones por misoginia que no afectan, por ejemplo, a los centros islámicos. ¿Cómo puedo tomarme en serio los movimientos feministas que no le tocan un pelo al Islam?

-Está usted dejando por fuera a cientos de mujeres que lo intentan dentro de las propias sociedades musulmanas.

-Me refiero aquí. No allí. Ya sé que allí las mujeres están luchando como pueden. Estas protestas feministas feroces... Jamás he visto que se pongan en la puerta de una mezquita para pedir que las mujeres sean iguales que los hombres.

-Espere, este tema es bastante complicado y no sé si…

-Claro que es complicado, por eso es divertido.

"La única salvación que conozco es individual", dice Félix de Azúa

-Existe un feminismo revanchista que desdice el de las feministas del XIX y XX, que pedían la igualdad. Pero hubo mujeres, y voy a citar su época, que consiguieron abrirse paso en una sociedad como la franquista: Esther Tusquets, Carmen Balcells…

-Insisto una vez más. Se lo he dicho en tres o cuatro ocasiones. La única salvación que conozco es individual. Esther Tusquets, Carmen Balcells, Rosa Regás… hubo centenares de miles de mujeres que supieron defenderse. Tenían talento y sabían cómo plantearlo. A lo que me refiero es a esos movimientos gregarios que no arriesgan absolutamente nada. Le pongo un caso: la portavoz del Ayuntamiento de Madrid. Esta señora que entró con otras en la capilla de la Universidad al grito de El Vaticano no nos deja comernos la almeja o Volveréis a arder como en el 36. Eso por cierto es un error, fue en 1931 cuando quemaron las iglesias, pero da igual… son completamente analfabetas. Estas chicas, ¿harían lo mismo en una mezquita? Yo no lo creo. Lo hacen allí porque saben que no les va a pasar nada y que las van a aplaudir.

-Me veo obligada a preguntar por sus declaraciones sobre Ada Colau. ¿Es usted machista? ¿Es usted clasista?

-En la entrevista lo que decía es que Ada Colau no tiene preparación para llevar una ciudad de 4 millones de habitantes. Yo no llamé "pescadera" a la Colau, dije que debería estar en un puesto de pescado dada su inutilidad como alcaldesa. Si llego a saber que desprecia tanto a las pescaderas le habría propuesto una peluquería, pero a ella las pescaderas deben de parecerle algo espantoso, porque le ha dolido mucho. Pude haber dicho verdulera, que debería de trabajar en un puesto de verduras, o en una zapatería. Pero eso le ha molestado mucho. Es ella quien ha humillado a las pescaderas. No yo. Por otro lado, lo del clasismo… pero qué clases sociales conoce esa mujer. Y lo de la misoginia… ¿Qué entenderá por misoginia una mujer que apenas tiene estudios? La Colau, como muchas otras de su especie, no es feminista, es mujerista, que es muy distinto. A cualquiera que le diga ‘señora Colau, usted es inútil’, ella le responderá diciendo que eso es misoginia.

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