Cultura

La Cultura y los Ayuntamientos del cambio... ¿a peor?

La reciente polémica por la gestión de las Naves del Español lleva a pensar: ¿Cómo entienden los nuevos alcaldes los programas de Cultura? ¿Cómo han llevado este tema los Ayuntamientos del Cambio?

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

Los Ayuntamientos del Cambio tienen un aire de familia, al menos en lo que a sus políticas culturales respecta. Nada más ocupar sus cargos, la mayoría comenzó tocando símbolos: banderas, belenes, cabalgatas. Fue lo primero que hicieron: ir a lo icónico. Sólo después de aquellos primeros gestos,  pasaron en limpio sus planes de gobierno y en ellos la Cultura quedó como una categoría informe, extraviada entre la noción de comunidad y participación y cuya aplicación real, además de complicada, ha tendido a inflar y desvirtuar el aparato gestor. Es decir: aumentan el tamaño del aparato de gobierno –más cargos, más comisiones- en la aplicación de medidas no siempre acordadas con los sectores afectados. Fue justamente ese el reproche que recibió esta semana Celia Mayer, Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, al presentar la programación escénica de Las Naves del Español, en Matadero.

Cada una de las capitales gobernadas por fuerzas que se concebían a sí mismas como renovadoras han incurrido en las mismas acciones. En Madrid ocurrió por ejemplo con la duplicación de cargos y funciones y que tiene ejemplos concretos: la destitución del director del Teatro Español, las Naves del Español y del Centro Cultural de la Villa, Juan Carlos Pérez de la Fuente, para quien fue necesario no uno sino tres relevos, debido a la separación de los cargos. Algo similar -en lo que a imprecisión de la gestión respecta- ha tenido lugar en Barcelona, donde abundan los programas participativos desprovistos de medidas concretas para su aplicación y en los que suele ocurrir lo que en Zaragoza: asociaciones afines a los partidos en el poder terminan actuando como facilitadores culturales, contribuyendo así a un raro lodazal donde partido y gobierno se confunden.

El caso aragonés es relativamente reciente. Ocurrió hace poco con la Asociación A Zofra, que estuvo presidida hasta abril de 2015 por la consejera de Participación Ciudadana, Elena Giner, y que cuenta entre sus integrantes a inscritos y dirigentes de ZEC y de Podemos. Pues justamente fue esa asociación la que recibió una ayuda de 14.775 del Ayuntamiento (la tercera subvención más cuantiosa concedida en 2016 a Zaragoza Cultural), además  1.500 euros donados por el grupo municipal de ZEC. El concejal de Economía y Cultura, Fernando Rivarés, tuvo que responder a las denuncias de trato de favor que hizo la oposición hace apenas unos días. En el caso aragonés ha ocurrido además otra cosa, un denominador común con respecto a otros gobiernos municipales: la eliminación directa de consejeros ligados a la gestión anterior y cuya desaparición total redujo considerablemente el gasto en un comienzo, pero rompió dinámicas ya en marcha que entorpecieron el correcto relevo.

Una de las prioridades de cada uno de estos gobiernos del Cambio suele ser todo lo relacionado con la Memoria Histórica. Nuevamente, la esfera simbólica. Tanto los Ayuntamientos de Manuela Carmena como de Ada Colau han puesto en marcha la creación de una red de entidades memorialistas, así como un esquema de señalización de lugares, homenajes y desagravios de los que normalmente han surgido más polémicas que acuerdos: la estatua Ecuestre de Franco incluida en una exposición en el Born o, en Madrid, los errores en la llamada rectificación del callejero del Franquismo. Sin embargo, temas importantes que llevan años retrasándose se quedan en el tintero. Por ejemplo, el plan del archivo de Carmen Ballcells o el Museo Hermitage, en el caso de Barcelona. Asuntos sin respuesta.  

Presupuestos más altos, ¿para gastar en qué?

Este 2017, las dotaciones presupuestarias para temas de Cultura han experimentado aumentos importantes. Hace unos días Jaume Collboni, teniente de alcalde de Empresa, Cultura e Innovación, aseguró un aumento del 11% del presupuesto que destina el ayuntamiento al Institut de Cultura de Barcelona (Icub) en comparación con el del año pasado, es decir 132 millones de euros. El concejal de Economía y Cultura de Zaragoza, Fernando Rivarés, ofreció la cifra del aumento de la inversión en un 65%, hasta los 52 millones, para los temas de cultura. En Madrid, el presupuesto del Área de Gobierno de Cultura y Deportes para el año 2017 alcanza la cifra de 183.660.738 euros, lo que representa un incremento del 18,7% respecto a 2016.

De esa cantidad total, el gasto de una parte de esas inversiones obedece algunos asuntos como estos... Cerca de 3.400.000 euros para lo que el Ayuntamiento denomina descentralización cultural a partir de tres proyectos: Madrid Activa, que complementa la propuesta de programación en los distritos; Imagina Madrid, que supone “una nueva forma de pensar y hacer ciudad”, a través de una convocatoria de proyectos para la mejora del paisaje urbano y el despliegue metropolitano de los Veranos de la Villa, que el año pasado llegó a los 21 distritos de la ciudad. Se suman también  8.186.000 euros para impulsar la creación artística y apoyar el tejido cultural local a través del nuevo Plan de Subvenciones –vale la pena de decir que, al menos en el caso de artes escénicas, algunas permanecen bloqueadas desde 2015-  que tiene entre sus prioridades las iniciativas socioculturales.

En 2017, el Ayuntamiento de Madrid invertirá 3.520.000 euros entre Madrid Destino y el área de Cultura y Deportes, en el desarrollo de proyectos como son el IV Centenario de la Plaza Mayor (1.000.000 euros), el Foro Madrid Capital de Paz (100.000 euros), Tándem París-Madrid (70.000 euros), la presencia de Madrid como ciudad invitada en la Feria del Libro de Guadalajara (1.000.000 euros), el World Pride (1.250.000 euros), o la candidatura del Real Sitio del Retiro y el Prado como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco (100.000 euros). De momento hay quienes ven con preocupación la falta de diálogo y de planificación del Gobierno local en su gestión de las prioridades de gobierno. Así lo han denunciado las fuerzas de la oposición, pero también muchos representantes de distintos sectores , quienes entienden que el cambio ha llegado...  aunque no necesariamente para mejor. 



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