Cultura

Cuenta atrás para ARCO, la prueba de que el mercado del arte español es deficitario

La feria, que se celebra en los pabellones 7 y 9 de IFEMA desde el 27 de febrero hasta el 3 de marzo, se ha recuperado de la crisis pero no ha conseguido reinventarse

Una imagen de la edición pasada de la Feria ARCO.
Una imagen de la edición pasada de la Feria ARCO.

Queda muy poco para la inauguración de ARCO (Arte Contemporáneo), una de las citas más importantes del arte en España y que en esta ocasión recibe como país invitado a Perú. La feria, que se celebra en los pabellones 7 y 9 de IFEMA desde el 27 de febrero hasta el 3 de marzo, busca un encuentro con el arte peruano, pero, sobre todo, con el coleccionista latinoamericano. No es casualidad que Brasil, Colombia y Argentina hayan sido los últimos invitados de la feria. El empequeñecimiento y poco peso del mercado del arte español dentro del concierto mundial ha motivado la búsqueda de mercados en expansión.

Desde su creación en 1982, ARCO procuró convertirse en la cita indispensable en el calendario cultural de invierno. Poco tienen que ver aquellas primeras ediciones capitaneadas por Juana de Aizpuru o Soledad Lorenzo con estas. Acaso porque la visibilidad del mercado español es cada vez menor en el horizonte de las grandes transacciones globales, ARCO ha dejado de ser un escaparate para convertirse en un amontonamiento sin sentido ni intención: ni vende ni divulga. Deja dinero a la ciudad, claro, porque recibe a más de cien mil visitantes con un impacto en la economía de 100 millones de euros, pero no consigue entrar en un circuito mayor.

Aunque ha conseguido recuperación, los precios medios del arte en España continúan situándose muy por debajo de la media europea

De qué vale contabilizar la cantidad de personas que visitan una feria si no es posible medir cuánto se ha comprado o si las compras más importantes ocurren en el contexto institucional.  Según el informe ArtPrice, en 2016 el mercado del arte contemporáneo alcanzó los 1,5 mil millones de dólares. En esa cifra global, España representaba apenas un 1% del conjunto de ventas. ¿Cómo entender el verdadero impacto de esta feria en un contexto europeo? A eso se añade un elemento más: tras nueve años como director y cinco como subdirector de ARCOMadrid,  Carlos Urroz abandona el timón de la feria y lo cederá definitivamente a Maribel López, quien colabora con Urroz desde 2011.

Aunque ha conseguido recuperación, los precios medios del arte en España continúan situándose muy por debajo de la media europea. Además, durante la última década se intensifica la tendencia a que las obras más caras de los artistas españoles se vendan mayoritariamente fuera de España, según datos aportados por Clare McAndrew, fundadora y directora general de Arts Economics. El aumento del 21% en las transacciones de los galeristas impuestas por Cristóbal Montoro durante el gobierno de Mariano Rajoy influyó, sin duda, pero había causas mucho más profundas y complejas. 

El mercado del arte español está aislado, es pequeño y manifiestamente débil

El mercado del arte en España está lastrado por distintos factores que lo condicionan. Si bien ha crecido 40% desde 2016, su tamaño sigue siendo pequeño con respecto a otros. La dura crisis económica de 2008 explica buena parte de esta foto de conjunto: un mercado aislado, pequeño y manifiestamente débil. Alcanzar o recuperar los niveles de ventas de 2007 (cerca de medio millón de euros, según el estudio realizado por la Obra Social La Caixa) exige no sólo la restitución del poder adquisitivo, sino una serie de condiciones y medidas fiscales que propicien el coleccionismo, entre ellas una Ley de Mecenazgo. 

Ante ese panorama, ARCO no deja de ser una feria modesta que todavía debe afrontar escollos, como la poca visibilidad en los circuitos de peso y la completa ausencia de un coleccionismo potente. Hay que tomar en cuenta que España ya no aparece ya en el ranking de los nueve países con mayor presencia de coleccionistas de arte. A eso se suman las restricciones en las políticas de compras de las instituciones públicas, un mercado débil,  además de la falta de circuitos adecuados para los artistas y los comisarios.

ARCO se comporta como una feria disfuncional, mal repartida y pensada, porque su punto de partida es deficitario 

Según el informe global sobre el coleccionismo de arte contemporáneo realizado por Magnus Resch (creador de Larry's List, la mayor base de datos sobre coleccionistas privados del mundo) China, India y Brasil, representan el 15% de los coleccionistas globales. Al hacer la comparación por ciudades, Nueva York (9%) supera a Londres (6%). Madrid ocupa la misma escala de ciudades como San FranciscoAtenas y Buenos Aires con 1% de concentración de coleccionistas. Esas cifras acotan muy claramente un mapa en el que España aún pesa muy poco. 

Eso explica en buena medida por qué ARCO apuesta más a la divulgación del evento. Se reivindica más su reclamo masivo o turístico, que su valor dentro del circuito. Es decir, hay interés manifiesto en que se publiciten obras polémicas y vistosas, e incluso el efecto se hace exponencial si la organización solicita que sean retiradas. Ha ocurrido con el Franco en un frigorífico de Eugenio Merino, justamente porque no existe un verdadero potencial de ventas con respecto a otras ferias y otros países. Porque ARCO, en el fondo, se comporta como una feria disfuncional, mal repartida y pensada. 

Una imagen de la 35 edición de ARCO, celebrada en 2016.
Una imagen de la 35 edición de ARCO, celebrada en 2016.

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