Cultura

Cierre de la Feria del Libro de Madrid: las ventas crecen hasta 8,8 millones de euros

La cifra supera a los 8,2 millones del año pasado. 

Cierre de la Feria del Libro de Madrid.
Cierre de la Feria del Libro de Madrid. EFE

Quienes creen en la lectura comparten una fe laica. La iglesia ciudadana de los clásicos y los contemporáneos. Hay algo de dogma, también una callada exégesis. La parrafada viene a cuento porque la feria del Libro de Madrid cierra este domingo su 76 edición con cifras cuyo optimismo es casi milagroso, inexplicable. El encuentro ha aumentado sus ventas en un 8 por ciento respecto al año anterior, lo que supone una cifra de 8,8 millones de euros más, según los datos provisionales facilitados por la organización.

El termómetro marca 49 grados. Son las dos y media de la tarde y dan ganas de desmayarse a cada paso. Los libreros y los editores independientes van a bocajarro. Su mejor fin de semana fue el primero de la Feria:  más flujo, más ventas. Pero todo, aseguran, es un acumulado. El lector que va y viene, que pregunta, que regresa. Luego de tres fines de semana hay una verdad: la autoayuda, los recetarios y los tertulianos convertidos en autores ya no tienen el relumbrón de hace unos años. Este año se alzan los llamados súper ventas literarios: Patria, de Fernando Aramburu, su principal reclamo. El ensayo y la no ficción recuperan el territorio del pensamiento antes cedido al libro político recién sacado del micro-ondas..

Mujeres y jóvenes

Las cifras que aporta la feria se corresponden con las tendencias del CIS y que confirma la teoría de que las mujeres son las que más leen: el 66 por ciento de los visitantes a las feria han sido mujeres, frente al 34 por ciento de hombres. Existe un capítulo juvenil que se consolida, desde el fenómeno Blue Jeans hasta los youtubers y booktubers, el desahogo de un mercado que busca libros hasta debajo de las piedras.

Si se compara con la cifras pírricas de hace dos años, este 8% es tan optimista como sospechoso. Habrá que esperar el volcado de datos del sistema de informatización, de momento, según las cifras divulgadas en un comunicado oficial, el perfil del público se encuentra, fundamentalmente, en el segmento de edades comprendidas entre los 24 y 50 años (57%). Cabe destacar, además, que un 20% de los visitantes de la Feria proceden de ciudades de fuera de la Comunidad de Madrid.

Un 85% de los encuestados dice haber visitado anteriormente la FLM, mientras que para un 15%, esta de 2017 ha sido su primera Feria. Un 52% dedica una media de entre dos y cuatro horas a recorrer el Paseo de Coches, mientras que un 21% dice permanecer en la Feria más de cuatro horas. La mayor parte de los encuestados, un 55%, afirma gastar entre 20 y 50 euros; el 27%, entre 50 y 100 euros, y el 10%, más de 100 euros.

La iglesia laica de la lectura

Dos de cada tres españoles no lee un libro nunca, ni le interesa, indican las más recientes cifras del CIS. Por eso el 8% de ventas sorprende, especialmente cuando el mercado venía de resistir en el estancamiento. No perder era la meta.  En 2016 Sant Jordi creció un 6% y la FLM La Feria del Libro de Madrid cerraba  las puertas de su edición número 75 con una tendencia similar a los últimos dos años: los 8.200.000 euros de ventas, lo que supondría un incremento del 3,5 por ciento respecto a las cifras del año pasado. 

Este año, la cifra pellizca un trozo importante. ¿Cómo y exactamente por qué? La recuperación económica, que ruega con discreción los ámbitos de la vida española, parece abrirse paso. Un raro misterio para una industria cuyas cifras siempre son esquivas e inexactas. Algo así como la Inmaculada Concepción, o cualquier otro dogma –elija usted-, de esos a los que se aferran algunos, para avanzar.

Una victoria se impone sobre el resto: la literatura sobre el espectáculo. El fenómeno Aramburu es la expresión más espectacular de una corriente de fondo que se mueve bajo los árboles que rodean esta feria, una cita que cumple 76 ediciones –empezó en 1933- con ganas de no envejecer. La literatura ha regresado al centro de un evento que, apenas el año pasado, parecía desplazado por chefs, políticos o presentadores travestidos en novelistas. 

Aún están, todo sea dicho, estos personajes convertidos en autor por maniobras editoriales. Sin embargo, su proporción y visibilidad es bastante menor. Hay cosas a favor de la literatura en todo esto: una novela del año, la de Aramburu, indiscutible por sus números; un Premio Alfaguara como hacía tiempo no se leía, el de Loriga, y un Premio Planeta, Dolores Redondo, que revive la fuente seca de un galardón que perdió fuste. A veces ocurre, a veces no. Pero en esta oportunidad todo coincide. Y se nota.



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