Cultura

A vueltas con el centenario de Camilo José Cela: de censor del franquismo a Nobel de Literatura

Personaje complejo y complicado a partes iguales. Nacido un 11 de mayo de 1916, se celebra este miércoles el centenario del Nobel de Literatura español. 

Camilo José Cela, en un retrato realizado durante sus años en Palma de Mallorca.
Camilo José Cela, en un retrato realizado durante sus años en Palma de Mallorca. Fundación Camilo José Cela

Lo expulsaron de cuatro colegios -la primera vez por morder el dedo a una monja, en Vigo-. Inició tres carreras que nunca acabó y ganó los dos premios más importantes a los que puede aspirar un escritor: el Premio Nobel de Literatura y, en castellano, el Cervantes, al que llegó a referirse como un premio “cubierto de mierda” –se lo entregaron seis años después del Nobel-. De padre gallego y madre de procedencia italiana e inglesa, Camilo José Cela (1916-2002) nació un 11 de mayo de 1916, en Iria Flavia, en la provincia de La Coruña. Cien años separan al lector actual de esa fecha, un centenario que permite colocar el foco sobre un autor tan polémico como central para entender la España –política y literaria- de la posguerra.

Cela ocupó un espacio en las instituciones clave de la España de posguerra: desde la RAE hasta el senado. Ahí donde fue, Cela desató la polémica

Personaje complejo y complicado a partes iguales, su tatarabuelo fue gobernador de Parma y su abuelo Trulock descendiente de una familia pirata. De algún lado tendría que provenir tan huracanada personalidad. No hubo zona de su vida libre de gresca: sus afectos familiares, su juventud, su irrupción en las letras, su papel en la política y las instituciones culturales -fue fundador del sello Alfaguara-. Camilo José Cela ocupó un espacio clave de la España de la segunda mitad del siglo XX español: la Real Academia de la Lengua, el Senado -Cela ocupó un escaño por designación real-,a industria editorial. Ahí donde fue, Cela desató la polémica.  Existe, a día de hoy,  una combada estantería con su prolífica obra pero también con sus frases, entre patibularias y arrogantes: un rasgo de sí mismo que jamás negó.

"Es como culpar a alguien de ser rubio o moreno. También es arrogante Paco Umbral, y es más joven que yo. Es igual que cuando la gente se escandaliza. Siempre he dicho que en España es mayor el número de los escandalizables que los escandalizadores", dijo a la prensa en una ocasión. En sus Memorias, entendimientos y voluntades, el gallego refirmó ese espíritu: "Con frecuencia pude hacer más veces lo que quise que lo que me dejaban hacer; todo es cuestión de aferrarse a una idea o a un sentimiento y no cejar ni un solo instante en el firme propósito de no abrir la mano jamás”.

Cela empezó la carrera de Medicina en la Complutense, pero abandonó para matricularse en las clases de Literatura Española Contemporánea de Pedro Salinas en la  Facultad de Filosofía y Letras. En esos años conoció a Alonso Zamora Vicente, Miguel Hernández, María Zambrano y  Max Aub. A lo largo de su vida lo fue todo, lo intentó todo. Tocó los géneros literarios más diversos, desde la poesía a la novela, pasando por el ensayo, los artículos o las obras dramáticas, y desempeñó muy diversas ocupaciones: pintor, torero, actor de cine, soldado y funcionario. Durante la guerra, formó parte del Ejército Nacional; estuvo –como él mismo dijo- “en el glorioso Regimiento 16 Ligero”.

En 1937, abandonó el frente a causa de una herida en la frente que lo retuvo en el hospital. Su hijo Camilo José Cela Conde tiene otra versión: fue un rebrote de la tuberculosis que ya había padecido de niño lo que lo tuvo en cama y lo inutilizó para el combate. Fruto del matrimonio del escritor con Rosario Conde, y tras una larga historia de desencuentros, Cela Conde ha recuperado sus derechos como heredero. Además de organizar los actos que honran la memoria del autor de La familia de Pascual Duarte, ha publicado con el sello Destino Cela, piel adentro,  un libro que hace las veces de desagravio con el padre distante. Un Cela íntimo y vagabundo, preocupado por el sustento familiar y en las antípodas del exitoso personaje público y bravucón, así es el personaje que su único hijo construye a partir  de las cartas cruzadas entre sus padres.

Aunque su entorno asegura que fue una trampa, lo cierto es que Cela trabajó para la censura del régimen de Franco entre 1941 y 1945

La versión de Cela Conde sobre la tuberculosis ha sido refrendada por otros investigadores. Según algunos autores, Cela deseaba entonces alinearse con el bando de los nacionales, a como diera lugar, de ahí una supuesta carta fechada en 1938 en la que el propio escritor se ofrece como confidente. En aquel entonces, Cela continuaba todavía en Galicia; fue allí donde tomó parte en la guerra. Ya de vuelta en Madrid, estudió tres cursos de Derecho, pero lo dejó. Sobre el episodio del ofrecimiento como espía y posterior colaborador con el régimen hay distintas versiones. Aunque su entorno asegura que fue una trampa, lo cierto es que Cela trabajó para la censura del régimen de Franco entre 1941 y 1945. “Yo me metí ahí para comer, claro, para poder tener un mínimo sueldo, unas 250 o 300 pesetas. 'Y descubrí que la gente que trabajaba en mi oficina lo que quería era censurar los periódicos políticos. Eso era un error tremendo, porque había que implicarse, y desde luego yo no quería implicarme en absoluto. A mí me dieron varias revistas, que elegí yo mismo. Recuerdo que alguna de las que elegí eran Farmacia Nueva, el Boletín de Huérfanos de Ferroviarios y El Mensajero del Corazón de Jesús...', dijo en una entrevista que le hicieron Juan Cueto y Pedro Abad Contreras.

La década de los cuarenta comenzaba su andadura. Ya había escrito el poemario Pisando la dudosa luz del día. En 1942 publicó su primera novela, La familia de Pascual Duarte, hoy  traducida a más de 20 idiomas aunque en su momento recibió no pocas negativas editoriales. "Le va a ser difícil publicarla, pero usted es joven y puede cambiar de oficio", llegó a recomendarle algún editor. Se considera esta novela como fundadora  del género tremendismo, el cual entronca con la tradición realista española: la picaresca, el naturalismo del siglo XIX y la novela social de los años treinta. En sus páginas, y a través de una estructura de distintos narradores, Pascual Duarte, campesino extremeño hijo de un alcohólico,   cuenta su vida mientras espera su propia ejecución en la celda de los condenados a muerte. Pascual Duarte es un ser primitivo y elemental dominado por la violencia, única respuesta que conoce a la traición y al engaño.

La colmena (1951), tuvo problemas con la censura. Fue prohibida en España y se publicó en Argentina. En aquellos años, Cela escribió por encargo del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez La catira (1955), una historia que difundía el Nuevo Ideal Nacional del régimen militar y supuso la refutación ideológica de Doña Bárbara (1929), escrita por Rómulo Gallegos, presidente civil electo popularmente,  derrocado en 1948 por Pérez Jiménez (entre otros militares). Gallegos vivió el exilio en dos ocasiones, la primera con Juan Vicente Gómez, la segunda con Marcos Pérez Jiménez. El escritor Gustavo Guerrero dio cuenta de ello en el libro  La catira de Camilo José Cela. Literatura, ideología y diplomacia en tiempos de la Hispanidad, libro ganador del Premio Anagrama de Ensayo en 2008. Allí donde fue, la polémica siguió sus pasos. O acaso él la provocó a conciencia.

Cela escribió por encargo del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez

La catira (1955), una historia que difundía el Nuevo Ideal Nacional del régimen

Dos años después, en 1957, Cela ingresó en la Real Academia Española (RAE), con apenas 42 años. "Llegar a la Real Academia es como tirarse a la vecina. Una vez que nos la hemos tirado, pues ya está", es una de las frases que se atribuyen a Camilo José Cela. A finales de la década de los cincuenta, se mudó a Mallorca, donde vivió más de 30 años. Durante aquel tiempo escribió novelas como San Camilo 1936, Oficio de tinieblas 5, Mazurca para dos muertos (Premio Nacional en 1984) o Cristo versus Arizona. En aquellos años, creó la revista literaria Papeles de Son Armadans en cuyas páginas reunió a las firmas más importantes de la literatura hispanoamericana. La usó también como trinchera de sus propias guerras. Desde sus páginas envió una carta incendiaria al editor italiano Giulio Einaudi. La publicó en el número 83, correspondiente al mes de febrero de 1963. Lleva por título Carta a Giulio Einaudi, mi editor italiano, sobre la libertad. Camilo José cela aludía en aquella misiva al libro que el italiano publicó, en 1962, con el título Canti della nuova Resistenza spagonola, un libro que provocó la ira del régimen franquista, que exigió la retirada del libro en Italia o, de lo contrario, no permitiría la entrada en España de Einaudi.

"El franquismo y el antifranquismo, amigo Einaudi, como todo y el envés de todo, son considerables y argumentables, defendibles y atacables. No lo es, sin embargo, el inmediato insulto personal (…) No, amigo Einaudi Ni la Resistencia española (la oposición, solemos decir los españoles) canta esas coplas -cultas, que no populares, la mitad de ellas-, ni la técnica. De la injuria da resultados entre nosotros”, escribió Camilo José cela en una polémica que involucró a autores como Italo Calvino, que defendió a capa y espada el libro.

El final de la década de los años ochenta y el comienzo de los noventa fue su momento de esplendor. El reconocimiento que no halló en sus primeros años como autor  llegó en forma de abultado palmarés. “En España, el que resiste, gana”, dijo al recibir el Príncipe de Asturias concedido en 1987, dos años antes del Nobel. La frase exacta forma parte de la introducción de su discurso, en el cual, tras citar a Lope de Vega dijo –dirigiéndose al entonces príncipe Felipe-: “En España -y os lo digo, Alteza, porque sois joven y español- el que resiste, gana. Y también os lo digo, Alteza, porque habréis de lidiar durante vuestra vida, que para bien de todos os deseo larga y colmada de aciertos, con los tres embates que siempre se arrancan y siempre se estrellan contra el alma de los elegidos: el hombre impaciente, el del tiempo inclemente y el de la circunstancia desaforada e hiriente”.

Tenía el mayor de los premios que puede ansiar un autor y sin embargo, una espina le emponzoñaba el humor. Hablamos  del Nobel, que le fue concedido en 1989. A pesar de eso, Cela albergaba un resentimiento manifiesto contra  la España que le había negado el premio C,ervantes.  En 1994, cuando ganó el Planeta con La cruz de San Andrés,  dijo que el Cervantes era 'un premio cubierto de mierda'. Se lo dieron en 1995. Al año siguiente, en la ceremonia de entrega celebrada el 23 de abril en Alcalá de Henares, ninguno de los autores premiados en ediciones anteriores se presentó.

“En España -y os lo digo, Alteza, porque sois joven y español- el que resiste, gana", dijo al recibir el Príncipe de Asturias

En su polémico ensayo El cura y los mandarines, en cuyas páginas Gregorio Morán utiliza la figura de Jesús Aguirre como visor de la cultura en España, el asturiano se refiere a Camilo José Cela con estas palabras: “Camilo es el abuelo golfo que cuenta chistes verdes en la mesa y pedorrea en los postres, y que mientras todos duermen, busca los papeles para manipular las firmas y quedarse con lo que haya”. Refiriéndose al autor de La Colmena como un “compendio de talento y golfería”, mezcla extendida en la historia de la literatura española, Morán lo define en oposición a Jesús Aguirre, sacerdote que dejó los hábitos, duque consorte de Alba, editor de Taurus, director de General de Música y Danza y académico de la Lengua. Aguirre y Cela no podían ni verse. Morán en ningún momento desacredita el valor de la obra de Cela, pero sí entra en el entramado político tras su personaje.

Cercano al ministro de información y Turismo Manuel Fraga, hay documentos que prueban la estrecha relación del escritor con el franquismo.  En el libro Disidencia y subversión. La lucha del régimen franquista por su supervivencia, 1960-1975 (crítica, 2004), del investigador Pére Ysas, están incluido un informe redactado el 17 de octubre y dirigido a Manuel Fraga. Según Ysas, en sus páginas, Camilo José Cela acusaba de pertenecer al ilegal Partido Comunista a 42 de los 102 firmantes de una carta de protesta contra la brutalidad empleada por la policía para reprimir una huelga de mineros en Asturias. El propio Cela era uno de los firmantes y aseguraba que muchos de los signatarios de la carta eran "totalmente recuperables" para el régimen si se les incentivaba "con la publicación de sus obras o mediante sobornos", según consta en el informe enviado a Fraga. Medios como el diario británico The Guardian se hicieron eco del hallazgo.

Polémicas… también familiares: herencia y Fundación

 En 1988, Camilo José Cela abandonó la casa familiar y se separó de Rosario Conde. La que sería entonces su segunda mujer, la periodista Marina Castaño había hecho su entrada en la vida del gallego. El divorcio fue traumático, hasta tal punto que no pudieron verse ni en los jugados. En medio de aquel torbellino, y ya casado con Castaño, Cela obtuvo el Premio Nobel, para el que había sido candidateado hasta siete ocasiones. La ruptura familiar fue profunda y se expresó en las disputas familiares por el legado del escritor.

Tras la muerte del escritor, el 17 de enero de 2002, se dio a conocer el testamento de Cela. El escritor prácticamente había desheredado a su único hijo, Camilo José Cela Conde, que solo obtuvo un lienzo de Miró conocido como El cuadro rasgado. La viuda, Marina Castaño, se quedó con el cuantioso patrimonio del escritor y con la presidencia de su fundación de Iria Flavia, considerada como la más rica entre las de autor que hay en España. Apenas hace dos años, el Tribunal Supremo  confirmó el derecho de Cela Conde a percibir dos terceras partes de la herencia de su padre, que alcanza los 5,2 millones de euros, cantidad que no se cubrió con la donación del cuadro de Joan Miró.

El escritor prácticamente había desheredado a su único hijo, Camilo José Cela Conde, que solo obtuvo un lienzo de Miró conocido

El cuadro rasgado

La decisión coincidió con el caso por el que Marina Castaño, viuda del nobel, fue citada a declarar como imputada el 12 de noviembre de 2014, y que la implica en el uso de los ingresos por devolución del IVA de la Fundación que preserva el legado y memoria del escritor para un uso distinto de las actividades de la institución. El auto por el que en su día fueron imputados Marina Castaño y el otrora gerente de la citada Fundación Tomás Cavanna acabó extendiéndose a Dositeo Rodríguez, que dimitió del Consello de Contas, y a su hija Covadonga Rodríguez. Acusada por la Fiscalía, Marina Castaño debe responder ante los posibles delitos de malversación de fondos públicos, estafa, apropiación indebida y fraude.

El tema estalló por una denuncia particular relacionada con la Sociedad Lengua y Literatura AIE (Agrupación de Interés Económico). Se trata de una sociedad constituida con un 80% de capital de la Fundación Cela y un 20% aportado por Marina Castaño a través de otra sociedad que dirige desde su propia vivienda, denominada Letra y Tinta, y la cual, según la querella, pudo haber gestionado las subvenciones de la Fundación Cela y abonado las facturas de la misma, de manera que habría obtenido "grandes cantidades de dinero en concepto de devolución de IVA", tal y como indica el documento.

En la denuncia presentada en 2014  también se indicaba que varios empleados que figuraban como trabajadores de la Fundación Cela, que pagaba sus salarios, "en realidad prestaban sus servicios en actividades privadas del matrimonio Cela", uno de ellos incluso en el propio domicilio madrileño de Castaño. La Fiscalía argumentaba que el empleo de subvenciones de la Fundación Cela para contratar a este personal, aunque ejercían su trabajo en el ámbito privado, "era una práctica habitual desde hace algunos años" y que Marina Castaño lo seguía haciendo.


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