Cultura

El arte de perder, una vida en cartas o el descalabro de Scott Fitzgerald

El sello Círculo de Tiza publica una selección de cartas, muchas de ellas traducidas al español por primera vez, del novelista norteamericano. A vueltas consigo mismo y con el oficio, es uno de los testimonios más duros de la vida del novelista norteamericano. 

Scott Fitzgerald.
Scott Fitzgerald.

Se puede ser un genio y acabar hecho pedazos. Agotado por igual de la vocación y de las propias carencias. Le ocurrió a Scott Fiztgerald, quien terminó asqueado del alcohol y la literatura. F. Scott Fitzgerald vivió 44 años. Con tan solo 23 años se hizo rico y famoso de la noche a la mañana. El repentino patrimonio lo precipitó hasta el abismo. Hacia allá fueron su mujer Zelda y él. Nunca pudieron volver.

Trazar un mapa de ese precipicio es al mismo tiempo doloroso y esclarecedor. Así se revela el abismo en las páginas de El arte de perder. Una vida en cartas, publicado por laeditorial Círculo de Tiza, y que reúne una selección de cartas (algunas inéditas aún en España) que ilustran la vida del autor de El gran Gatsby desde su irrupción en los EEUU de 1920 hasta el descalabro total en Hollywood. 

Con prólogo de Martín Schifino y epílogo de Alejandro Gándara estas cartas trazan el recorrido del genio hasta la derrota total: el novelista frustrado, presa del olvido y la enfermedad. En este volumen se revela el Fitzgerald más personal:  aquel que se cartea con su agente Harold Ober; con su editor, Maxwell Perkins; con su esposa, Zelda Sayre; con su hija, Scottie; con escritores como Ernest Hemingway, Thomas Wolfe o Gertrude Stein." Vivo en el apartamento más pequeño que puedo sin parecer pobre, un lujo que no me puedo permitir en Hollywood", escribe al final de sus días.

Pero acaso todavía más dramática es la visión que tiene de su fin muy pronto en su vida. A los 29 años, recién publicado El gran Gatsby, asegura: "Si puedo ganarme la vida seguiré como novelista. Si no, voy a renunciar, volver a casa, marcharme a Hollywood y aprender el negocio del cine". Y así fue: escribió, a toda prisa cuantos cuentos y encargos fueran necesarios. Terminó dedicando su talento a guiones, apurando la prosa, una agotadora y destructiva carrera. "Estoy harto por igual de la vida, el licor y la literatura", dijo con 25 años. Curiosa catástrofe la suya, reflejada epístola por epístola, en este libro.

Gatsby -su gran personaje- es una demostración de alguien que parecía, a veces, escribir el guión de su destino. Vivió una década singular en la historia estadounidense, la que se inició tras el final de la primera guerra mundial, cuando el país, libre ya de la tensión bélica, cambió sus códigos morales y se inclinó a ritmo de foxtrot hacia el lujo y la especulación. La prosperidad parecía imparable hasta que llegó el crack bursátil de 1929. Y con la década, se quebraron muchas vidas, entre ellas la de Fitzgerald. 

Considerado uno de los autores más representativos de la Generación Perdida de los años veinte, reflejó en su obra, quizá mejor que ningún otro escritor de la época, el espíritu de aquellos años desquiciados. El éxito de su primera novela, A este lado del paraíso (1920), lo convirtió en una celebridad rápidamente. Su tercera novela, El gran Gatsby (1925), es considerada su gran obra maestra. A mediados de los años treinta, obligado por su situación financiera, conviviendo con el alcoholismo y atendiendo las necesidades de la enfermedad mental de Zelda, su esposa, Fitzgerald intentó reinventarse a sí mismo como guionista de en Hollywood. Murió antes de terminar su última novela, El último magnate (publicada póstumamente en 1941).

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