Cultura

ARCO debe romper la maldición de la obra de turno sobre Franco

Un primer recorrido por la feria de arte contemporáneo muestra un objetivo más claro: menos show y más ventas

'Franco no fue tan malo como dicen'
'Franco no fue tan malo como dicen' EFE

Pese a la fascinación de los medios de comunicación por acudir buscando la obra de turno sobre Franco, la boutade del vaso de agua medio lleno por 20.000 euros de Wilfredo Prieto o los circos del tipo presos políticos de Santiago Sierra o el Ninot del Rey de Eugenio Merino, este año ARCO se permite una edición más sobria. Está obligada a ello, de lo contrario, España verá su mercado más empequeñecido en el perpetuo 'entierro de la sardina' doméstico.

La trigésima novena entrega de la feria de arte contemporáneo tiene como principal objetivo vender y reforzar un circuito de coleccionistas más sólido que ha de tener su centro en Madrid. La intención se percibe no sólo en los programas para nuevos coleccionistas, una constante en los últimos años, sino en un rango de precios mucho más asequible y una oferta formalmente más conservadora. Llama especialmente la atención el peso de la escultura de artistas vascos en el programa general: Chillida, Asier Mendizábal, Pello Irazy y June Crespo.

Confinar ARCO a dos o tres piezas resultonas condena al mercado del arte español a una insignificancia inmerecida

Considerando que un stand de 60 metros puede costar alrededor de 22.000 euros, la premisa en esta ocasión parece ser amortizar el esfuerzo que supone para muchas galerías locales acudir. Este año, por ejemplo, hay más galeristas de fuera de Madrid: la asturiana ATM, la murciana Artenueve o la extremeña Ángeles Baños. El tema género tiene una impronta, pero no mayor que en otras ediciones. Cuenta con los clásicos del tipo Marina Abramovic (en la galería Krizinger Wein cortando patatas, por cierto) hasta propuestas más interesantes como la que trae la galería británica Richard Saltoun Gallery.

Confinar el balance de ARCO a dos o tres piezas resultonas y mediáticas condena al mercado del arte español a una insignificancia inmerecida.  Dentro de panorama del arte global, España apenas representa el 1%. Convertirla en una noria de asuntos pintorescos no ayudará en absoluto a ampliar el foco. Ya juega en contra un régimen fiscal con poquísimos incentivos para la compra, una variable que ha dejado la vía libre a otras ferias como Art Basel Miami.

Más galerías, ¿menos ruido? 

Maribel López se estrena como directora con una feria menos instalativa, algo más renuente a la demagogia, también temáticamente más amplia y con un equilibrio entre las nuevas incorporaciones como la galería Albarrán Bourdais y las ya clásicas que cada febrero visitan Madrid para participar en la cita de arte contemporáneo más importante de España.

Este año acuden 209 galerías provenientes de 30 países, que exhibirán sus propuestas en los pabellones 7 y 9 de Ifema hasta el 01 de marzo, incluidas las tres jornadas abiertas al público (la entrada cuesta 40 euros los días viernes y sábado, y baja a 30 euros el domingo). El programa general incluye 171 galerías, cinco más que el año pasado y de las cuales España supone una tercera parte junto con América Latina, que vuelve a ser mayoría en esta edición.

ARCO mantiene su continuidad con las clásicas Juana de Aizpuru, Helga de Alvear, ADN, Lelong, Malborough o Denis René. Se mantienen también Massimo Minini y Francesa Minini, Perotin, Sies+Höke, Barbara Weiss, Nordenhake y Jan Mot. Regresan otras galerías como Ellen de Bruijne Projects, Hollybush Gardens o Martin Janda.  Sobresalen apartados monográficos para artistas internacionales como Ai WeiWei (Forsblom), Alfredo Jaar (Thomas Schulte), Mario Merz (Girogio Pesano) o Tony Ousler (Moisés Pérez de Albéniz).

La sección Diálogos, a cargo de Agustín Pérez Rubio y Lucía San Román, coloca el énfasis en las artistas mujeres, mientras que el capítulo Opening incluye a las 21 galerías emergentes más importantes que se presentan con una edición selección de 36 artistas. A diferencia de años anteriores, el criterio de país invitado ha sido modificado por un homenaje al artistas cubano Félix González-Torres en la sección Es solo cuestión de tiempo, un capítulo que muestra la vigencia de su discurso plástico y su eco en los creadores más jóvenes.

Al hilo de esa relectura de González-Torres, la galería Henrique Faría (Nueva York) muestra una obra la obra del artista Elvis Alarcón, quien, valiéndose de una bandera de España teñida de color rosa revisita la conocida instalación  Untitled (Portrait of Ross in L.A.), en l que el artista cubano componía una montaña de caramelos en clave instalativa. También de Henrique Faría, el artista Luis Molina Pantin retoma el gesto del artistas coleccionista, o creador arqueólogo, con la serie Hard to Reach First Aid (2019-2020). 

El violador eres tú y Franco

En el capítulo político destaca Nuno Nunes-Ferrerira con su instalación de pegatinas políticas adheridas a Espejos y que incluyen desde campañas de José María Aznar hasta otras del proceso independentista catalán. En la galería Joan Prats, el chileno Fernando Prats exhibe una bandera de su país, pintada con la frase "El violador eres tú", en referencia al himno feminista escuchado en las protestas populares del pasado año en Santiago.

Se sube al carro de lo político el finlandés Riiko Sakkinen con su ensamblaje "Franco no fue tan malo como dicen" que se exhibe el stand de Forsblom. Ya el año pasado Sakkinen quiso jugar la misma carta con Nuestros Reyes Favoritos, una pieza valorada en 11.000 euros, y que muestra un retrato realista de Felipe VI, junto a un listado de 'monarcas' como Melchor, King África o los Latin King.

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