Gran parte del confinamiento de marzo de 2020 lo pasó trabajando en su oficina del barrio de Covent Garden de Londres. Paul Smith (Beeston, Reino Unido, 1946) nunca pensó que celebraría el 50 aniversario del nacimiento de su firma de moda y sastrería solo y aislado en un espacio en el que se solía rodear de más 200 empleados. “Puede que te quedes sin efectivo, ¿quién sabe?, pero afortunadamente, hasta ahora, somos muy sólidos”, afirmó el diseñador británico a finales de 2020 al periódico The Guardian.
La casa icónica londinense celebra medio siglo en medio de una crisis mundial para la que el positivismo y buen hacer de su creador puede que sirva de vacuna. Paul Smith nunca tembló demasiado con otros momentos históricos que tensaron la cuerda de su negocio, ni la huelga de los mineros de 1980 que varias de sus tiendas sufrieron en primera línea, ni el presente Brexit. “Me apego a lo que sé y en lo que soy bueno”, aseguró.

El vínculo de Smith con la moda y la creatividad comenzó ya en la adolescencia. Con 15 años empezó a trabajar en un almacén textil en Nottingham, para acabar un par de años más tarde tomando clases de sastrería y siendo ayudante de uno de los míticos sastres de Savile Row, Lincroft Kilgour, en Londres. Su padre supo ver que tenía talento y ansias artísticas, como el propio Paul Smith reconoce en el libro homónimo que la editorial Phaidon ha publicado para celebrar su aniversario –y al que pertenecen las imágenes que ilustran estas páginas–: “Mi padre me compró una Kodak Retinette para mi undécimo cumpleaños, en 1957 (…). Para mí eso fue el nacimiento de la posibilidad de ser creativo, sin realmente darme cuenta”. Esa pasión por la fotografía que le inculcó su padre la sigue trasladando a su negocio, pero no solo en la parte creativa, también en el modo de dirigir: “Tomar fotografías con una Kodak y una película, mucho antes de la tecnología digital, me enseñó a tener paciencia”.

En la imagen, obra del artista John Tierney que representa la fachada de la tienda de Paul Smith en Los Ángeles y chaqueta roja con bordados florales, de su colección de 1998 y reeditada en 2020, con la que rompió la estricta indumentaria británica.

Con 21 años, un inquieto Paul Smith conoció a Pauline Denyer, una estudiante del Royal College of Art que terminaría siendo su esposa y la verdadera impulsora de su negocio. “Fue Pauline quien me convenció, hace 50 años, de que podía abrir una tienda que sería diferente a cualquier otra de alrededor. A través de ella descubrí un mundo que no sabía que existía: el arte visual, el cine, la arquitectura y el diseño. Ya amaba la música y la fotografía, pero la introducción al resto vino de ella”. Y esa primera tienda que la pareja abrió en 1970, en Byard Lane, en Nottingham, en palabras del propio Paul no era exactamente una tienda. “No podía pagar una tienda, pero encontré una habitación y la llamé tienda”, cuenta. Allí comenzó a vender sus propios diseños, pero también de otros creadores, además de revistas y discos. El primer día acumuló 35 libras; medio siglo después, su firma factura casi 250 millones de euros (cifra de 2019) y tiene cerca de 200 tiendas en más de 60 países.

La influencia de la Bauhaus

En los mentideros políticos y económicos del Reino Unido no se le considera a Paul Smith como una de las grandes fortunas a las que arrimarse para hacer negocio. Su legado va más allá de lo empresarial; su nombre es un icono de la creatividad inglesa del último medio siglo. Sus siglas se relacionan con diseño, pero también con sastrería; y ambos caminos son los que han llevado a esta firma a vestir a estrellas de Hollywood, políticos o miembros de familias reales, pero también al británico de a pie con sus colecciones de camisas floreadas o complementos enfundados en su mítico estampado de mil rayas de colores. Su objetivo siempre fue llegar a todos los estamentos sociales, conseguir que el traje no fuera una prenda encorsetada para únicamente ir a trabajar: “Cuando las personas compran cosas, es como si estuvieran buscando en una instantánea. No les importa que tu influencia haya sido un viaje a Chile o los colores de la puesta de sol, simplemente piensan: ‘Me gusta esa camisa”.

En la imagen, un libro de la Bauhaus, el movimiento artístico que le sigue inspirando y su colección de cajas de cerillas antiguas.

Amigo personal de actores como Gary Oldman, la vida empresarial y privada de Smith ha discurrido siempre entre las costuras y el arte. En alguna ocasión ha llegado a organizar exposiciones de artistas como David Hockney, David Bailey o Andy Warhol, aunque ha reconocido que es la Bauhaus el movimiento que más le ha influido en su trabajo, desde que visitara en 1968 una muestra en la Royal Academy de Londres. “Fue una gran influencia. Mis ojos se abrieron a este mundo, los muebles cromados de Marcel Breuer, los tapices de Anni Albers… No soy minimalista, en absoluto, pero me gusta la sencillez, aunque siempre con sentido del humor o algún pequeño truco”, afirma. De hecho, esos juegos de color, geometrías y cruces de líneas habituales tan característicos de sus colecciones tienen mucho de esta escuela artística de los años 20 y 30 del siglo pasado.

La ilusión del creador

Paul Smith es un creador curioso, que se sigue empapando de lo que observa y se reafirma ilusionado con las creaciones de otros. Es la generosidad de un genio. Colecciona cajas de cerillas antiguas, ejemplares de la mítica revista de arquitectura y diseño Domus Magazine, se emociona con los tulipanes rojos y las lámparas de Pier Giacomo Castiglioni.
“Su alegría y entusiasmo se manifiesta en el uso del color, así como su disciplina, experiencia y exuberancia; Paul celebra el color como si fuera un hecho ilegal”, cuenta el que fuera diseñador de Apple, Jony Ive, en el prólogo del libro Paul Smith, que reúne 50 objetos, elegidos por el propio diseñador, que le han servido de inspiración a lo largo de estos 50 años.

Paul Smith vestido con la colección de estampado de espaguetis que lanzó en 2020.

Sus colecciones de moda siempre han girado en torno a sus propias tendencias, él las ha creado, porque su imaginario ha sido y es enorme. Como los estampados que lanzó inspirados en la obra del artista Patrick Procktor o en las notas escritas a mano que dejaba en la mesa de su despacho. Cualquier objeto que le ha rodeado lo ha exprimido, lo ha convertido en una obsesión casi compulsiva: ha vestido las paredes de sus tiendas con carcasas de móviles, con sellos postales, con fichas de dominó… Algunos dirían que puede ser excentricidad, pero otros prefieren decir que son hábitos de un mito que se perfuma a diario con aroma de vetiver.