Ronald Koeman vino a su querido Barça para una temporada de transición hacia no se sabe qué destino. Transitado el trámite, se irá como llegó: idolatrado eternamente por la afición por aquel gol de Wembley del 92 pero sin despertar pasiones como entrenador. Su adiós está más anunciado que la muerte de Santiago Nasar.

Desde el punto de vista de los títulos, el balance de Koeman es demasiado pobre para un club como el azulgrana, si bien tampoco está mal si se tienen en cuenta las circunstancias convulsas de can Barça esta temporada. Primero se encontró con el caso Messi, luego le obligaron a despedir a un Luis Suárez que triunfa en el Atleti, no le trajeron los refuerzos que pidió, el emergente Ansu Fati se lesionó de gravedad y para colmo de las desestabilizaciones llegó la dimisión de Bartomeu y las elecciones que entronizaron otra vez a Laporta. En todo caso, todo ese ruido deportivo y extradeportivo no justifica ni palia sus malos resultados.

Con el holandés en el banquillo, el Barça obtuvo una Copa del Rey emocionante, donde destacaron las vibrantes remontadas ante Granada y Sevilla así como la final frente al Athletic -quizás, los mejores partidos de la temporada-. Pero en la Liga, el torneo que mejor mide la regularidad, la trayectoria fue eminentemente errática, porque se combinaron una gran racha de resultados con demasiados vaivenes, siempre con errores en los días claves, como en este final del torneo, cuando el equipo se bloqueaba como si no tuviera alma.

El gran error de Koeman es que no supo plantar cara a los grandes rivales. En el torneo nacional no ganó ninguno de los partidos en que se enfrentó al Madrid y al Atleti. En los cuatro encuentros Zidane y Simeone le dieron obvias lecciones tácticas

El gran error de Koeman es que no supo plantar cara a los grandes rivales. En el torneo nacional no ganó ninguno de los partidos en que se enfrentó al Madrid y al Atleti. En los cuatro encuentros Zidane y Simeone le dieron obvias lecciones tácticas. Para el recuerdo su planteamiento contra los rojiblancos o sus malas decisiones contra el Levante o Granada, con el campeonato en juego. No obstante, en esos encuentros tampoco él tuvo toda la culpa, porque la clamorosa apatía de sus jugadores es para que se la hagan mirar, les entrene quien les entrene a partir de ahora.

En la primera fase de la Champions el equipo brilló contra rivales menores y en Turín contra la Juve -el otro gran partido del año- pero después hizo el ridículo en la última jornada contra los italianos, lo que provocó que pasase a octavos como segundo. En esa eliminatoria el PSG de Mbappé aplastó a los azulgranas. Lamentable participación europea, una más en los últimos años, sólo olvidada en parte gracias a que el Madrid cayó en semis contra el Chelsea.

Quizás los dos datos positivos del holandés durante la temporada es que por un lado recuperó a Messi para la causa, aunque quizás fuera un espejismo, y por otro lado concedió oportunidades a jóvenes como Pedri, Mingueza, Ilaix o Araújo

Quizás los dos datos positivos del holandés durante la temporada es que por un lado recuperó a Messi para la causa, aunque quizás fuera un espejismo, y por otro lado concedió oportunidades a jóvenes como Pedri, Mingueza, Ilaix o Araújo. En la faceta negativa están todas esas salidas de tono, fueran contra los árbitros por el VAR o fueran contra sus propios jugadores.

La prueba de que la temporada de Koeman no pasará a los anales de la historia azulgrana es que en Barcelona ya sólo se habla de Xavi como entrenador y de multitud de posibles fichajes. Todo es mirar al futuro. Justo lo que ocurre cuando hay que ocultar las vergüenzas del presente.