Internacional

Portugal: elecciones sin populismo en el país más obediente con la Troika

El conservador Pedro Passos Coelho aspira a ser el primer dirigente de un país rescatado que sobrevive a la austeridad. La sociedad lusa no está muy interesada en política y no ha tenido la irrupción de nuevos partidos, común denominador de otros países del sur de Europa.

Pedro Passos Coelho, primer ministro portugués.
Pedro Passos Coelho, primer ministro portugués. EFE

Los precios de la comida eran altos, demasiado altos para lo que había sido Portugal siempre. Aquel país vecino al que convenía ir de vez en cuando para disfrutar sin necesidad de grandes derroches había cambiado radicalmente. La crisis, como tantas otras cosas, también se llevó eso por delante. Los portugueses tuvieron que ser rescatados y, a cambio de la línea de crédito que les daba oxígeno, los esfuerzos que se le pidieron a la población fueron grandes, mayores incluso que los que tuvo que pasar el pueblo griego.

El rescate, en todo caso, provocaba algunas dudas. La situación lusa no era el caos que se vivía en Grecia ni se había forzado la economía a los niveles de Irlanda. Algunos expertos, como el sociólogo Robert Fishman, apuntaban a una maniobra incomprensible, un país víctima de la ludopatía empresarial, concretamente bancaria, y de las presiones de las agencias de rating más que de sus propios errores. También, como es común en todas las crisis, había enorme dudas sobre la gestión de los gobernantes del país. En este caso el problema no solo era de incapacidad, sino también de corrupción, pues el primer ministro José Socrates terminó encarcelado. Es, de hecho, el único presidente portugués que ha dado con sus huesos en prisión.

Los portugueses aceptaron, y lo hicieron sin salirse ni un milímetro de las líneas marcadas desde Bruselas. No hubo revueltas, ni líderes díscolos ni más problemas que el malestar propio del que pierde nivel de vida. Privatizaciones, subidas de impuestos, reforma del sistema sanitario, recortes en los sueldos y las pensiones… a cambio de los 78.000 millones de euros que aportaba la Troika y con el gustoso añadido para los nuevos acreedores de encontrar al otro lado del teléfono a unos dirigentes leales y poco dados al disenso.

Portugal se apretó el cinturón a cambio de 78.000 millones de euros de un rescate del que salieron definitivamente en 2014

Portugal, poco a poco y con el cinturón bien apretado, fue estabilizando sus finanzas hasta salir del rescate en 2014. El tránsito lo ha hecho de la mano de Pedro Passos Coelho, primer ministro conservador que aspira a ser reelegido. Las encuestas hablan de un resultado más ajustado que nunca, pero también de una reelección. En caso de conseguirlo se convertirá en el primer superviviente entre los rescatados a las políticas de autoridad. Lo común es la caída de los líderes que han manejado esas situaciones. No en Portugal.

Passos Coelho es el conservador y su rival es Antonio Costa, del partido socialista moderado y partidario de rebajar la austeridad pero no de dejar de seguir los dictados de Bruselas. Ambos representan a los dos partidos mayoritarios en el país, los que han gobernado Portugal desde que la revolución de los claveles hiciese caer la dictadura. Son también dos partidos que, sorprendentemente, no han sufrido un gran desgaste en la crisis.

Ausencia de partidos nuevos de izquierda

Los lusos no tienen un Podemos, ni un Syriza. La extrema izquierda está representada por el Partido Comunista, que siempre estuvo ahí y previsiblemente mantendrá el nicho de votos en el que se ha movido siempre, en torno a un 8%. El Bloco de Esquerdas, que sería lo más similar a la nueva izquierda europea, no parece una alternativa viable. Pablo Iglesias, siempre tan activo en estas cosas, les envío un vídeo para su campaña electoral, pero no pasan de un partido marginal en un bipartidismo estricto, muy bien implantado.

El camino ha sido duro, casi bordeando la depresión. 485.000 personas se vieron obligadas a emigrar, todo un mundo en un país que solo cuenta con diez millones de habitantes. El paro juvenil está en un preocupante 30% y un 20% de la población vive por debajo del nivel de la pobreza, con ingresos por debajo de los 5.000 euros anuales. Este año, por primera vez en el último lustro, Portugal ha salido de la recesión. La luz del final del túnel es tenue, pero es.

En Portugal los índices de abstención son altísimos, alrededor de un 40% y no va a cambiar en estas elecciones especialmente ajustadas

Portugal vota, aunque no parece que interese especialmente en el país. Los lusos son, desde hace años, los europeos que menos participan en política. Los índices de abstención se sitúan alrededor de un 40% y nada hace pensar que en esta ocasión, por más que los comicios de vayan a decidir por pocos votos, esta cuestión vaya a cambiar.

Portugal hoy vota, pero es poco probable que cambie. No hay bandazos, no hay protestas ni terremotos políticos. Tampoco hay populistas o nuevos partidos pujantes. La política lusa ha conseguido eso tan querido por los mercados: no generar incertidumbres.



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