Federico Trillo Del manda huevos al viva Honduras, 30 años de sobresaltos políticos

El hasta hoy embajador de España en Londres, puesto que ha ocupado los últimos cinco años, fue también presidente del Congreso y ministro de Defensa, pero era uno de los fundadores del PP y hombre de confianza de Manuel Fraga

Federico Trillo dimite como embajador en Londres
Federico Trillo dimite como embajador en Londres EFE

La decisión de Federico Trillo de dejar la embajada en Londres después de que el Gobierno haya asumido la responsabilidad en el accidente del Yak 42, ocurrido cuando él era ministro de Defensa, supone su retirada de la primera línea pública tras 30 años llenos de sobresaltos políticos.

El hasta hoy embajador de España en Londres, puesto que ha ocupado los últimos cinco años, fue también presidente del Congreso y ministro de Defensa, pero era uno de los fundadores del PP y hombre de confianza de Manuel Fraga, José María Aznar y Mariano Rajoy, gracias a su capacidad de negociación, su conocimiento de las entrañas del partido y su sólida formación jurídica.

Trillo abandona la primera línea política y diplomática casi 14 años después de la mayor tragedia aérea del ejército español cuando el Yak-42 se estrelló en Turquía falleciendo 62 militares españoles cuando volvían de Afganistán.

El dictamen del Consejo de Estado

El dictamen del Consejo de Estado sobre la responsabilidad del Ministerio de Defensa en el accidente, asumido por la actual titular María Dolores de Cospedal, parece que ha sido el detonante de su renuncia antes de que fuera relevado.

Su cambio estaba previsto para los próximas semanas o meses dentro de las rotaciones pendientes de embajadores, como han insistido estos días tanto el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, como el titular de Exteriores, Alfonso Dastis.

Londres, en cuya Embajada fue titular Fraga, ha sido la última estación del largo viaje político de Trillo. Tras casi cinco años, pues asumió el puesto en marzo de 2012, este curtido y habilidoso negociador ha decidido poner fin a su periplo en la primera línea.

A Londres llegó como recompensa a su lealtad a Mariano Rajoy, acosado por distintos frentes de corrupción en Madrid y en Valencia desde que estallara el caso Gürtel en febrero de 2009.

Gran parte del trabajo del entonces responsable de Justicia del PP se centró en el circuito judicial para erigir en torno a Rajoy una defensa política infranqueable; de hecho, Baltasar Garzón fue apeado de la instrucción y los tiempos se dilataron. El líder del PP ganó las elecciones de noviembre de 2011.

Convencer a Francisco Camps

Pero Trillo no sólo desplegó su veteranía por entre jueces y letrados, sino que también tuvo que arrogarse misiones políticamente comprometedoras: fue el hombre enviado por Rajoy a Valencia para convencer a Francisco Camps de que debía dimitir de la Presidencia de la Generalitat.

Fue un trago difícil porque el mandatario valenciano venía de ganar las elecciones autonómicas por mayoría absoluta, pero el llamado "caso de los trajes", por el que fue absuelto a la postre por un jurado popular, estaba dañando el papel político de Rajoy y sus aspiraciones electorales.

Camps dimitió y Trillo cumplió otra vez. Fue su manera de sortear un sobresalto político más tras, por ejemplo, haber orquestado la actuación del PP contra el Estatuto de Cataluña, representar al PP en las conversaciones con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero acerca del fin de la acción armada de ETA o proceder a la convulsa renovación del Tribunal Constitucional.

De nuevo, elecciones

Repitió como número uno por Alicante en 2011, pero tanto en el interior como en los aledaños de Génova, sede del PP, no se le colocaba en un ministerio o en un cargo institucional de lustre, sino en alguna embajada con relumbrón. Se especuló con Washington, pero finalmente aterrizó en la Embajada de Londres.

Su desembarco vino precedido por su poca experiencia en materia de política exterior, tan solo la obtenida durante su etapa en Defensa cuando mantuvo una fluida relación con el Gobierno de EEUU y de Reino Unido cuando Aznar apoyó la guerra de Irak.

Desde su llegada, ha acumulado experiencia; ha lidiado con más sobresaltos por Gibraltar o con el referéndum que dijo sí al "brexit".

No obstante, el peor trago en su carrera política lo sufrió en su etapa en Defensa con el accidente aéreo del Yak-42, en el que murieron 62 militares en su regreso desde Afganistán en 2003.

Sus detractores le siguen recordando que fue corresponsable, como máximo responsable del ministerio, de la contratación del avión ucraniano y de los errores que hubo en la identificación de los cadáveres, si bien la Audiencia Nacional le eximió de culpa.

Dejó como huella la misión para desalojar el islote Perejil, el final de la mili y la profesionalización de las Fuerzas Armadas.

¡Viva Honduras!

Diputado por Alicante durante 22 años, en su etapa como presidente de la Cámara Baja se granjeó fama de dialogante y dejó como legado su famoso "¡Manda huevos!".

Otra de sus anécdotas fue el "Viva Honduras" con el que saludó a los soldados salvadoreños en una visita a Afganistán.

Tampoco gustó el comentario que hizo en una cena con militantes del PP en Santa Pola (Alicante) en 2004 de que le habría gustado ser ministro de Defensa ocho años antes para haber tomado la isla de Perejil y permitir que los pescadores españoles hubieran podido faenar en aguas marroquíes.

Para zanjar la polémica, dejó para el recuerdo, como manera de disculparse, su ruego de dar "por no dichas" aquellas palabras.

Trillo, nacido en Cartagena (Murcia) en 1952, es licenciado y doctor en Derecho, profesión que empezó a ejercer tras ingresar, con el número uno de su promoción, en el Cuerpo Jurídico de la Armada en 1974.

Su padre fue, además de militar, alcalde de Cartagena, procurador en Cortes y gobernador civil de Teruel y Burgos.

Católico confeso, Trillo está casado y con cinco hijos, y entre sus aficiones, están el ciclismo y la cocina, con sus típicos michirones murcianos a los que durante años invitó a la prensa.

Trillo abandona la primera línea política, pero ha expresado su deseo de reincorporarse a su antiguo puesto en el Consejo de Estado. De conseguirlo, su regreso no estará exento de polémica, porque toda la oposición considera que no debe volver al mismo organo que se ha pronunciado sobre el Yak 42.



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