Tecnología

Sicarios, contrabando de órganos, canibalismo... en la deep web 'todo vale'

¿La sociedad es capaz de pagar por ver torturar y asesinar a una persona? Por supuesto que sí. Esta conclusión es la que se desprende del estudio de los contenidos de la deep web, el lado oscuro de internet que escapa del control gubernamental.  

Un hombre navega por Internet con su ordenador
Un hombre navega por Internet con su ordenador

El paraíso para la pornografía infantil, el mercado de productos ilegales o el cibercrimen están al alcance de apenas un clic. Internet no sólo ofrece la posibilidad de acceder a informaciones o páginas web oficiales sino también a lugares ‘prohibidos’, de contenido poco ético o moral, en el que la máxima es que ‘todo vale’.

Se trata de la conocida como deep web, o lo que es lo mismo, las capas más profundas de internet, en donde no hay control de los gobiernos, se accede de forma anónima y se dan cita vídeos estremecedores de asesinatos en directo de personas y animales, contratación de sicarios, clubs de suicidio, foros de caníbales, webs de venta ilegal de drogas, armas y órganos humanos e incluso, se sabe, contactos entre islamistas yihadistas. Pero atención: No sólo acceden al lado oscuro de la web grandes mafias o grupos de delincuentes y asesinos, “es enfermizo el gran apoyo que hay por parte de usuarios de a pie que por puro morbo buscan estos canales “, explica Iván Mourin, criminólogo y escritor del libro Descendiendo hasta el infierno, un paseo por el lado más oscuro de internet, que sale a la venta en librerías el martes 17 de enero. Con él el autor pretende demostrar “hasta qué punto es perverso el ser humano” y a la vez, alertar de los peligros que conlleva navegar por internet, ya sea en la superficie, con los buscadores habituales Google o Yahoo, o en las capas inferiores.

Estamos en peligro, nuestra vida está constantemente expuesta, subida por nosotros mismos en blogs y redes sociales

“Estamos en peligro, nuestra vida está constantemente expuesta, subida por nosotros mismos en blogs y redes sociales. Explicamos dónde estamos en cada momento, subimos fotos propias, compramos por internet escribiendo nuestras claves… y todo ese material puede ser aprovechado por alguien que vaya a utilizarlo en la deep web para fines poco éticos como la venta de fotografías, datos bancarios…”, asegura. Mourin manifiesta que él mismo ha experimentado el robo y uso fraudulento de su número de tarjeta de crédito por haber realizado una compra en Amazon a través de un ordenador “poco o nada protegido ante ataques”. Así, asevera la importancia de proteger el ordenador de virus y todo tipo de ataques que desde internet pueden entrar a nuestro disco duro sin darnos cuenta. “Hay veces que nos llega correo spam con enlaces que, al pinchar sobre ellos, se descargan automáticamente programas espía que controlan nuestros datos o virus que destrozan nuestro ordenador. Esos datos van muchas veces directos a usuarios de la deep web”, confirma.

¿Cuál es la clave de la deep web?

Pero ¿por qué estando en la era de la información la Policía no puede hacer nada para acabar con ello? La clave de la existencia impune de estos contenidos y contactos es que el usuario no deja rastro. No accede a la deep web a través de buscadores normales sino que utilizan otros, como TOR (The Onion Router), creados para navegar en el perfecto anonimato. “Esta forma de navegar es muy difícil de rastrear incluso para la policía porque el usuario empieza en un servidor y va saltando a otro y luego a otro… creando capas a modo de cebolla, haciendo cada vez más difícil dar con el servidor original. Son páginas no indexadas”, explica.

Armin Meiwes
Armin Meiwes GTRES

Los casos del caníbal de Rothenburgo (en 2002), Armin Meiwes, o el de Dresde (en 2013), Detlev Guenzel, que estremecieron al mundo entero, se fraguaron en la deep web a través de diferentes foros: The Cannibal Café y Zambian Meat. Las dos historias son muy parecidas. En la primera, el exmilitar que descuartizó, cocinó y se comió a un ingeniero informático bajo su consentimiento lanzó un mensaje en este chat que obtuvo cientos de respuestas pero sólo una llamó su atención por parecerle más fiable. Ambos cumplieron así su 'fantasía'. En la segunda, un comisario de la Policía y un ciudadano alemán contactaron para hacer realidad sus filias: el comisario quería desmembrar a una persona y el otro buscaba que alguien lo matara y se lo comiera.   

Los casos del caníbal de Rothenburgo (en 2002) o el de Dresde (en 2013), que estremecieron al mundo entero, se fraguaron en la deep web

Pero no siempre lo que se encuentra en la deep web es verdad. Mourin alerta de otra de las consecuencias que conlleva dejarse ‘engañar’ por estas webs o foros. “Hay mucha mentira y estafa, poco o nada demostrable porque lógicamente una persona que ha intentado una compra ilegal de armas mediante bitcoins (la moneda de internet) si luego resulta un fraude no lo va a denunciar porque se perjudicaría así mismo”, ejemplifica. Pero lejos de intentar un acto delictivo también está la posibilidad de consumir contenidos falsos que pasan por reales. Para ello, Mourin ha realizado un trabajo exhaustivo de investigación, con la participación de diversos expertos, en el que filtra aquellos contenidos más famosos que se hallan en la red distinguiendo entre los que son ciertos o simples bulos. Así, entre los que desmonta se encuentra, entre otros, el conocido de la niña que es arrastrada por una presencia demoníaca invisible titulado 'Paranormal Activity: Lost Footage'. 

Pero... ¿se encuentra contenido positivo?

El autor asegura que sí. Muchos usuarios utilizan este nivel para compartir juegos independientes que no tendrían acogida comercial por su contenido 'amoral' o "existen foros y blogs que no tienen ningún contenido perverso, hay gente que accede a esta zona para trabajar en el anonimato en ciertos proyectos", comenta. El fin, en estos casos, es el mismo pero sin una maldad de doble filo: dar rienda suelta a la libertad de expresión y pensamiento.

Portada del libro descendiendo hasta el infierno, de Iván Mourin
Portada del libro descendiendo hasta el infierno, de Iván Mourin Vozpópuli



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