Terrorismo y memoria

La última batalla de ETA: escribir su propia historia y borrar la memoria

Cinco años y medio desde el anuncio del alto el fuego definitivo y en el Día Europeo de Recuerdo a las Víctimas, historiadores y periodistas recuerdan que aún queda una tarea difícil por abordar: la construcción de un relato veraz sobre el horror de los 'años de plomo'.

Un empleado del Ayuntamiento de Pamplona borra una pintada callejera de apoyo a ETA.
Un empleado del Ayuntamiento de Pamplona borra una pintada callejera de apoyo a ETA. EFE

Contaba Fernando Aramburu en ‘Patria’ cómo Bittori, la viuda de un empresario asesinado por ETA, había regresado a su pueblo, recalentado las paredes de su casa y decidido reclamar un espacio del que prácticamente le habían desahuciado en nombre de la paz. Pero la obsesión de sus vecinos por pasar página la convertía en un espectro que deambulaba por las calles, al que se negaba el saludo y que enfrentaba a todo aquel que se lo cruzase con un recuerdo doloroso: que, durante años, una banda terrorista había asesinado a punta de pistola a los que no pagaban el impuesto revolucionario o disentían en lo político.

El relato de Aramburu contiene muchos ingredientes reales. En el Día Europeo en Recuerdo de las Víctimas del Terrorismo, podemos afirmar que en España apenas se habla ya de ETA. Lo que durante décadas fue una preocupación constante, ahora parece haberse convertido en un mal recuerdo. El último CIS, sin ir más lejos, deja claro que la banda terrorista, que cesó la actividad armada en 2011, ya no se encuentra entre las preocupaciones principales de los españoles. La sociedad vasca, en concreto, parece haber pasado página, pero lo ha hecho casi con prisa, con una precipitación inusitada por olvidar esas fatídicas décadas de plomo. Y, aunque el tinte sea positivo a primera vista, los expertos en la materia alertan de las implicaciones negativas de esta tendencia. Porque, entre otras cosas, el olvido sin condiciones no nos permite aprender de lo ocurrido. 

"La sociedad en general ha dado por superada la etapa del terrorismo y quiere olvidar ese pasado. Sería un error, sin embargo, que esa actitud se generalizara. Tras tantos años de terror, es una reacción hasta cierto punto lógica, pero es preciso hacer una reflexión crítica para que quede deslegitimado el terrorismo de ETA y que no quede abierta ningún tipo de comprensión o justificación". El que habla es el periodista navarro Florencio Domínguez, director del Memorial de las Víctimas del Terrorismo de Vitoria. El centro, que previsiblemente se inaugurará entre finales de este año y principios del siguiente, tiene en sus manos esta misión: la de conservar la memoria de los que fueron víctimas de la banda terrorista. Una tarea compleja, sobre todo si se tiene en cuenta que los más jóvenes han tenido la fortuna de no convivir con esta amenaza. 

Dos generaciones, según Domínguez, son las que se encuentran de espaldas a la memoria: una parte de los adultos que han conocido el terrorismo y quieren olvidarlo, y otra, la que se sitúa por debajo de los 25 años, que en muchos casos no identifica a Miguel Ángel Blanco ni conoce las motivaciones que condujeron a su traumático asesinato. El año pasado, un estudio piloto en tres universidades vascas revelaba que estos jóvenes muestran respeto por los derechos humanos y se distancian de la violencia, pero no conocen a fondo las raíces del conflicto.

Los estudios que se han hecho entre universitarios han demostrado que su conocimiento del terrorismo es lo que era para nuestra generación el conocimiento de la Guerra Civil: algo muy lejano

"Los estudios que se han hecho entre universitarios han demostrado que su conocimiento del terrorismo es lo que era para nuestra generación el conocimiento de la Guerra Civil: algo muy lejano. Si no has experimentado el terrorismo ni te has informado sobre él, no eres inmune ante su relato", precisa Gaizka Fernández, responsable de investigación del Centro Memorial. José Antonio Pérez, historiador del Instituto de Historia Social Valentín de Foronda de la UPV/EHU, coincide con él. "Si para personas como nosotros está muy presente lo que ocurrió, a ellos se les queda como algo del pasado, como a nosotros cuando nos hablaban de las guerras carlistas. Cuando hablas con los chavales te dicen que hubo violencia, pero que también la Policía mataba", precisa.

Pérez advierte, además, del "hartazgo" que se ha creado en la sociedad en torno al tema del terrorismo. "Hay gente a la que le está empezando a parecer incómodo el pasado. Nadie quiere hacerse una fotografía con alguien que ha arrebatado la vida a varias personas, como el 'carnicero de Mondragón'; pero lo mismo pasa con las víctimas, que son una especie de espejo que nos recuerda lo que hicimos y no hicimos en el pasado". 

¿Cuál es la receta para evitar que las nuevas generaciones no vuelvan a caer en los mismos errores? En opinión de Domínguez, el tratamiento del Holocausto alemán es un ejemplo a seguir. Frente al Plan de Paz y Convivencia trazado por la Ejecutiva de Íñigo Urkullu y centrado en recordar a las víctimas de "todas las violencias" (ETA, los GAL o los abusos policiales), el director del Centro Memorial apuesta por hacer memoria al 'estilo germano'. "Allí se recuerda el Holocausto, aunque hubo otros episodios de los que fueron víctimas los propios alemanes, como los bombardeos de Dresde o las violaciones de alemanas por parte del Ejército Rojo. Pero los sucesivos gobiernos no han puesto el foco en esas cosas, sino en lo importante: la política de los nazis frente a distintas minorías". 

Si a los chavales les dejas en la Guerra Civil y luego les presentas a las víctimas de ETA, del GAL o de la violencia policial, todo está descontextualizado; y no hay nada peor que descontextualizar el horror"

Para Fernández, perpetuar la memoria de las víctimas del terrorismo de ETA es algo que requiere de abundante pedagogía. Para ello, el Centro Memorial contará con un archivo histórico y con un aula de formación en la que se realizarán actividades con alumnos de la ESO. Pero también hay un proyecto más ambicioso en marcha: el de lograr que la historia del terrorismo se explique en algunas sesiones de asignaturas del currículo, como Historia o Valores Éticos.

Pérez también aboga por abordar la pedagogía sobre terrorismo con una perspectiva histórica. "Si a los chavales les dejas en la Guerra Civil y luego les presentas a las víctimas de ETA, del GAL o de la violencia policial, todo está descontextualizado; y no hay nada peor que descontextualizar el horror". 

El papel de la izquierda abertzale

En la construcción -o desconstrucción- de la historia de los 'años de plomo' interviene decisivamente la izquierda abertzale, que tras el anuncio del alto el fuego definitivo aspira a conseguir la autodeterminación por medio de las instituciones y valiéndose de herramientas políticas. Según el historiador de la UPV, en estos momentos hay tres relatos en pugna: el de los historiadores, el que enmarca el terrorismo de ETA dentro de un conjunto de diversas violaciones de los derechos humanos y el que legitima el terrorismo. El segundo se corresponde con el discurso de los gobiernos de PNV en el País Vasco y Geroa Bai en Navarra y conlleva, según Pérez, el peligro de "disolver la enorme importancia que ha tenido ETA dentro de un mar de vulneraciones de dolores" si no se gestiona con inteligencia.

El tercero, por su parte, es el que correspondería a la izquierda abertzale actual. "Desde hace años hay una ofensiva basada en lo que ellos califican como el conflicto político. Para ellos, la irrupción de ETA y su larga historia está basada en la invasión del Estado, algo que no se sostiene históricamente, porque el 95% de las víctimas de la banda corresponden a la época posterior a Franco. Y en cuanto a las víctimas de otras bandas, hay una proporción de 92 a 7. La existencia de dos dos bandos no se sostiene, porque no había un cuerpo social, político ni organizaciones similares a ETA. Pero existe el peligro de que ese relato cale", explica Pérez.

La plataforma de apoyo a la presa de ETA Sara Majarenas, esta semana durante una protesta.
La plataforma de apoyo a la presa de ETA Sara Majarenas, esta semana durante una protesta. EFE

Esa equidistancia ya es una realidad, en opinión del historiador. "Nadie que esté en las instituciones dice caer en ella, pero meter dentro de los mismos listados e incluso de los mismos homenajes a víctimas de todas las violencias puede conducir a interpretaciones un tanto sesgadas", argumenta, advirtiendo de que los relatos "en los que todos sufrimos mucho y todos fuimos víctimas" son peligrosos. "Con el franquismo ha ocurrido esto: no todos fueron víctimas, sólo lo fueron los que vivieron la represión franquista", añade.

No se sostiene la existencia de dos bandos. No había un cuerpo social y político ni organizaciones similares a ETA. Pero existe el peligro de que ese relato cale

Para el director del Centro Memorial, con su relato, la izquierda abertzale trata de "reconstruir el pasado" y buscar una justificación al terrorismo de ETA. "Esto hace que se redistribuyan las responsabilidades entre todo el mundo, diluyéndose para que no sean responsabilidad de los terroristas. Tiene que quedar claro que ETA fue responsable, no sólo penalmente, sino política y socialmente, de esa trayectoria criminal, de usar la violencia como instrumento político, para evitar que, en el futuro, alguien vuelva a coger la bandera de ETA". Como apunta Gaizka Fernández, se trata de desactivar el discurso del odio pasando página, pero leyéndola antes. 



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