OPINIÓN

¿Se hará Rajoy la rubia?

Rajoy le tiene tomada la medida a Iglesias. Le triplica en experiencia, sabiduría parlamentaria, ironía gallega y vitriólica causticidad. Quizás salte al ruedo. Su gente lo necesita.

¿Se hará Rajoy la rubia?
¿Se hará Rajoy la rubia? EFE

Cristina Cifuentes no ‘se hizo la rubia’, sino la muda. En la moción de censura que le dispensó Podemos, no abrió la boca, miraba el móvil, lo que sembraba el desconcierto y la ira entre las huestes rivales, los censores o censurantes. Sonreía, meditaba, repasaba la lista de la compra y quizás hasta la alineación del Real Madrid. Pero apenas miraba a la tribuna cuando le atizaban.

La moción resultó pedestre y zafia, de una retórica tabernaria y vil

La moción resultó pedestre y zafia, de una retórica tabernaria y vil. Regüeldos dialécticos contra insultos de urinario. “Pederasta, ladrón, loca, chorizo, narcotraficante…” Un caudaloso cruce de trompadas del que se ausentó el ingenio. El único destello memorable fue una frase de Garrido, el lugarteniente de la presidenta, el referirse a Errejón: “El becario más famoso de la historia después de Mónica Lewinsky”. Nivel casette de gasolinera. Arévalo y Morancos.

Si este es el ensayo de lo que se nos viene el martes, en la moción de Iglesias contra Rajoy, mejor abstenerse. La táctica de Cifuentes era diáfana, inspirada seguramente por alguien que la vivió muy cerca. Imitar el truco con el que se defendió Leguina de la moción interpuesta por Gallardón, valga el ripio, allá por 1989. Embarrar el campo.

El equipo podemita apenas pudo moverse. Ni siquiera logró chutar una sola vez entre los palos

Así se hizo. El equipo podemita apenas pudo moverse. Ni siquiera logró chutar una sola vez entre los palos. Los de casa recurrieron al más viejo de las artimañas: interrupir el juego, con zancadillas, bolas a la grada, entradas al tobillo, gesticulación, teatro. Cifuentes movió a sus peones e hizo tomar la palabra a la mitad de su Gobierno, recurso que el reglamento de la Cámara contempla. La candidata postulante, Lorena Ruiz Huerta García de Viedma, apenas logró hilvanar un par de frases meritorias. No vio puerta. En un gesto de su bisoñez superlativa, incluso le reprochó a Cifuentes que no le atendiera cuando estaba en el uso de la palabra. Cuánta candidez. La presidenta se relamía en su escaño, como esas malvadas de Disney.

Una moción de censura, se supone, es otra cosa. Se trata de una herramienta política mediante la cual se defiende una candidatura para defenestrar a un presidente crepuscular o demediado. En la historia de nuestro Congreso sólo hemos vivido dos. Ambas las perdieron los aspirantes, aunque con resultados bien distintos. González palmó contra Suárez pero ganó de inmediato las elecciones. Hernández Mancha cayó frente a González y feneció luego en el empeño. Dejó la política y se embarcó en el mundo del business. Ahora es un hombre rico y feliz.

Rajoy le tiene tomada la medida a Iglesias. Le triplica en experiencia, sabiduría parlamentaria, ironía gallega y vitriólica causticidad

Cifuentes también salió triunfante de la suya sin despeinarse. De Lorena Ruiz Huerta, atractiva y pulcra, poco se hablará en el futuro. Nadie era antes y nadie será después. La duda ahora es si Rajoy ‘se hará la rubia’. Es decir, si, como la presidenta madrileña, enmudecerá mientras su cuadrilla trastea al morlaco de la coleta hasta que se rinda. En algunos despachos de Génova no están por la labor. El maestro debe, no sólo dirigir la lidia, sino también, ponerse frente al bicho. Demostrar de lo que es capaz, exhibirse valiente y no esconderse tras el burladero. Suárez apareció al final del festejo, en un gesto pinturero a lo ‘dejarme solo’. González, sin embargo, no se dignó comparecer frente a Hernández Mancha. Le remitió a su sobresaliente, Alfonso Guerra, quien le destrozó con cuatro chicuelinas y un bolapié. El entonces líder de AP salió en parihuelas del Hemiciclo.

Rajoy le tiene tomada la medida a Iglesias. Le triplica en experiencia, sabiduría parlamentaria, ironía gallega y vitriólica causticidad. Quizás salte al ruedo. Su gente lo necesita. Muy bajoneada por el revolcón del Constitucional a Montoro y la embestida de los separatistas, precisan de su jefe una ración de liderazgo, de irrebatible superioridad. Y, además, una somanta de tortas bien repartidas a ese provocador detestable. No, no están los tiempos para hacerse la rubia.

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EL VARÓMETRO.- Aún hay dudas sobre si Rivera salió vivo tras la encerrona de Aznar. // Carmena implanta la ley contra el manspreading en el Metro. ¿Para cuándo una campaña en pro del mansduching? // Atentos, el Rey don Felipe vuelve a los toros. // “Queremos más a nuestro país”, dijo la hermana de Ignacio, el héroe del monopatín. // ¿Porqué no compareció la vicepresidenta este viernes tras la proclama de los independentisas? Algunos aún se lo preguntan.


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