A contratiempo

Tengo una carta para ti, Mariano

Nada menos que 62 cartas envió Churchill a Mussolini y apenas queda recuerdo de ellas. Mejor para la memoria de Curchill. Aquí le envía Rajoy una tan sólo a Rivera y se inundan las portadas. El género epistolar no es el más frecuentado por nuestros políticos. Prefieren el tuiteo, el maileo y el telefonazo fuera de cobertura del CNI.

Todas las cartas de amor son ridículas, de lo contrario no serían de amor, sentenció Pessoa

Las cartas quedan para otros asuntos, especialmente los amorosos o los del banco. Todas las cartas de amor son ridículas, de lo contrario no serían de amor, sentenció Pessoa. La carta de Rajoy no era de cariño. El jefe del Gobierno en funciones tomó la pluma para responder a una invitación de Rivera, quien amablemente pretendía mostrarle el texto del acuerdo que había alcanzado con el PSOE.

Rivera, en ese encuentro, pensaba solicitar a Rajoy que, en aras del espíritu de la transición, de Adolfo Suárez, de Lincoln, Kennedy y Fernández Miranda, debería abandonar su cerril intransigencia y sumarse alegremente a la nueva política, esto es, la que prescribe que quien pierde debe gobernar. Justo lo contrario de lo que ocurre en una docena de países en Europa. Eso sí, con el cuadro de Genovés (ese abrazo ecuménico que nadie parece haberse enterado de que en él no aparecen las dos Españas) como telón de fondo.

La tristeza del presidente

Mariano Rajoy pasó unas semanas más mustio que una pintura de Hopper, perplejo y ensimismado, afónico y conversando con la nada. Sánchez se había ofrecido a Su Majestad y se convirtió, súbitamente, en el chico de la película. Rajoy se quedó allí, arrinconado en lo oscuro, solitario y tristón.

"Esto no suma, no suma", le repetía a los suyos. Nadie le creía. Tras el acuerdo de Sánchez y Rivera, con vocación de ocupar todo el centro y arrojar a PP y Podemos a los extremos, Rajoy espantó su rictus fúnebre y sonrió. Luego se fue a lo de Griso y estalló en colores. No suma, no le da, no será presidente, le repetía a los suyos, cada vez más convencido del resultado final del partido de la investidura. "Sánchez hará el ridículo, le van a votar 90 y el canario".

La respuesta

En su pletórico arrebato, Rajoy decidió responder a la invitación de Rivera con el mismo procedimiento. El cruce epistolar. "Hubiera bastado -como hasta ahora- con una llamada telefónica", le sugiere el presidente en funciones. "...si Podemos no acaba sumando su apoyo al tuyo para investir a Pedro Sanchez". "Espero que comprendas que no vaya a apoyar a tu candidato". Tu candidato. Tal cual. La misiva de Rajoy era burlona y displicente. Como un bofetón humillante, que cabrea más que duele. Como esas pataditas tan bordes que le dedicaba a Rosa Díez en los plenos de la Cámara. Cuando Rajoy quiere ser malo, es muy malo.

La respuesta de Rivera llegó rauda. Abandonó el estimulante territorio de la epístola y optó por el inhóspito tuiteo: "Rajoy dijo no al Rey y ahora ha dicho no a Ciudadanos". Afortunadamente, por este orden. Conciso mensaje atravesado por esa adolescente arrogancia en la que incurre el partido naranja cuando el vigilante duerme.

Cuántas veces más tendremos que oir a Sánchez lo del 'gobierno del cambio y del progreso'?

Se acabó lo que se daba. Pensábamos que el intercambio epistolar nos alegraría el espíritu en estos tiempos de aridez negociadora, de fraseo regurgitado, de fotocopiadas letanías. ¿Cuántas veces más tendremos que oir a Sánchez lo del 'gobierno del cambio y del progreso'? Cof, cof ¿Y cuántas lo de 'no son enemigos, son compatriotas', de Rivera? Glups. ¿Y lo de 'las políticas de las derechas' de Iglesias? Arggg. ¿Y eso de 'yo desayuno y ceno con la familia todos los días' de don Mariano?, mon Dieu.

Mientras se siguen demorando en formar un gobierno o en arrojarnos al vacío de nuevas elecciones, podrían entretenernos con ese interesante diálogo postal que ha fenecido recién inaugurado. Tan sólo dos cartas. La de Rajoy, con más cuerpo y difundida casi a la medianoche, según el criterio de Moragas, un lince en comunicación. Y la de Rivera, que arrancó bien pero enseguida se abandonó a la red. No esperábamos 62 misivas, como Churchill a Mussolini, pero confiábamos en que al menos harían un esfuerzo. Ni por esas. Pactos a palo seco.

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EL VARÓMETRO. Al menos una España se despierta. Rebelión ciudadana en Sevilla contra el 'callejero laico' de Podemos. // Esa cazadorita de mitinear que exhibe Sánchez con impudicia no tiene perdón de Dios. // La escena de la semana: Carmena entregando los ceniceros a los chicos del baloncesto. "¿Y ésto que es lo que és? // Besteiro y Caballero -ojo a los apellidos, bromitas de la historia- quedan indultados en ese acuerdo PSOE-C,s. //


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