A contratiempo

El 26J y los bostezos de Rajoy

Cuando la razón nos falla, recurrimos a la experiencia, que es un medio más débil y más vil, dijo Montaigne. De enorme utilidad, eso sí, para agitarla en un debate televisivo. Rajoy no llamó ‘becarios’ a sus tres jóvenes rivales. A punto estuvo. Les recordó que al gobierno no se va a hacer prácticas. Hay que llegar aprendido. La voz de la experiencia. La razón y el argumento son materia desechable en cualquier formato televisivo. Lo único que deja poso en la memoria de la audiencia son las corbatas (o su ausencia) y el largo de los pantalones. ¿Acaso llevaba alzas Iglesias?, fue una de las cuestiones más frecuentadas tras la sesión.

Bostezaba Rajoy sin piedad en un descanso del debate, mientras paseaba por un plató erizado de estruendos, bombillas que explotaban, decorados estreñidos, moderadores moderados, cámaras, regidores, maquilladoras, sonidistas… y Moragas. El líder del PP, ajeno a todo, paseaba por el set entre interminables bostezos, como Sócrates, quien, al ser preguntado por Alcibíades cómo era capaz de soportar el continuo estrépito que formaban a su alrededor su esposa y sus amigas, respondió: “Como los que están acostumbrados al sonido ordinario de las norias al subir el agua”.

Lo que a otros electriza, espolea, inquieta y hasta desvela, a Rajoy le adormece

Eso es para Rajoy un debate: varios muchachuelos haciendo ruido mientras intentan subir el agua de los votos. Eso es para Rajoy, también, gobernar: “En España hay un proyecto en marcha y, en frente, mucho ruido. Sólo gente empeñada en contarnos que las cosas van mal. Unos cenizos”. Lo que a otros electriza, espolea, inquieta y hasta desvela, a Rajoy le adormece.

Las frases marianas

“Y qué le vas a hacer”. “Las cosas suceden así”. “Siempre que llueve, escampa”. Frases genuinamente ‘marianas’ que ayudan a comprender su impenitente bostezo. Rajoy es hombre moderado y apacible, apenas se enoja, huye de las disputas y procura buscarse los enemigos imprescindibles. Se siente feliz hasta la emoción en un campo de alcachofas o en un establo atestado de vacas. Hasta con los niños parece feliz. Todo lo demás, le aburre, le fatiga.

La única noche que no pudo conciliar el sueño en este cuatrienio demoledor fue cuando tuvo que decirle que ‘no’ a los hombres de negro de Bruselas, empeñados en rescatarnos. Retornó luego a su displicencia habitual, a su rutina cotidiana (madrugón, cinta, desayuno con los niños, eso que se llama trabajo, cena con los niños, el Marca y a la cama), a su previsible agenda sin sobresaltos.

Continuidad asegurada

“No suman, no suman”, les repetía con insistencia a sus ‘fontaneros’ cuando tantos veían ya a Sánchez lanzado a formar su gobierno con Podemos. “Hacedme caso, que llevo más años en esto”, era otra de sus muletillas. O sea, la experiencia.

Rajoy es “el hombre que está sólo y espera”. Y mientras llega lo que tenga que ocurrir, bosteza

Rivera quiere, ahora, enviarle a casa a empujones, con una jubilación anticipada. Rajoy se hace el ofendido, pero no se enerva. No hay quien le eche. Por dos razones. Caso de que logre más respaldos que en diciembre, estará en su derecho de continuar. Y de no lograrlos, nadie en su partido va a levantar la voz para defenestrar al ‘jefe’, por más que desde Ciudadanos les exhorte ingenuamente a la sublevación. Con nombres y apellidos. ¿Y si la izquierda suma?. Pedro no lo hará, los suyos no le dejarán bailar con Pablo.

De modo que, todos tranquilos. Impera la desazón y la inquietud en sus filas. No logran superar la frontera del 30 por ciento. Paparruchas. Todo se andará. Como el héroe de Scalabrini, Rajoy es “el hombre que está sólo y espera”. Y mientras llega lo que tenga que ocurrir, bosteza. Esto de las elecciones es como la filosofía: ‘un juego al que jugamos ente dos nadas’.

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EL VARÓMETRO. Ya han puesto nombre en Moncloa al periodista que aconseja tan fieramente a Rivera contra Rajoy. // Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, “un arrebato de mujer con tacones”, ha dejado escrito Gregorio Morán. // Sindicalista Martínez contra primer ministro Valls. Un cántabro y un catalán libran un pulso a muerte sobre el futuro de Francia. //


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