OPINIÓN

Villacís en los infiernos

Begoña Villacís tiene una oportunidad y 24 meses por delante para convertirse en la Arrimadas de Madrid, para liderar la respuesta a esa matonería despreciable.

Begoña Villacís, portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid.
Begoña Villacís, portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid. EP

Madrid es una ciudad oscura y gris, de una tristeza sorda y adormecida. Madrid es una ciudad huérfana, sin consuelo. Un grupo de munícipes, de un sectarismo forajido y arrogante, juega cada día a los dados con su destino. Un edificio monumental y público, para los okupas amigos. Sesenta cargos de libre designación, para los cuñados. Una encuesta necia y petulante, para los compadres.

Madrid es una ciudad en la que dos mil quinientos vecinos derrocan al Rey en un parque y entronizan a Valdebebas

Madrid es una ciudad en la que dos mil quinientos vecinos derrocan al Rey en un parque y entronizan a Valdebebas. Nadie rechista. Apenas alguna protesta tímida. Un lejano quejido. Sólo los árboles parecen enojados.

Se cantaba antes a sus atardeceres. 'Velazqueños', les decían. Todo es ahora un crepúsculo, ennegrecido y sombrío. Dos años lleva Madrid sumida en una pesadilla inhóspita. Su alcaldesa, Manuela Carmena, aparece, de vez en cuando, y pinta los pasos de cebra con colores de colibrí. O cierra la Gran Vía. O siembra ceniceros. O saca del horno unas madalenas. Un Sánchez Mato, marxista y tóxico, se ha adueñado del cotarro. Sube los impuestos, reparte subvenciones, endosa multas y venera a Lenin. Rita Maestre, portavoz de balbuceos ininteligibles, monta una radio y ofrece ruedas de prensa. Verborrea de rubor.

Podemos entró en el Palacio de Cibeles y, con ellos, el ocaso. Actúan con una arbitraria desmesura

Podemos entró en el Palacio de Cibeles y, con ellos, el ocaso. Actúan con una arbitraria desmesura. Descuelgan placas, arrinconan modales, persiguen a los descreídos, enfurruñan las cuentas, retuercen las leyes. Les ayudan unos cuantos monaguillos que se dicen carmonas o socialistas. Palanganeros del desastre. Monaguillos del caos.

De aquí a dos años

Esperanza Aguirre levanta a veces la voz. Predica iracunda en el desierto. Su partido no cree en ella ni ella en su partido. En un par de años, ya no estará ahí. Quizás Soraya. Cuando llegue el momento de las urnas, no habrá dónde mirar, dónde escoger, en qué farola ahorcarse.

Villacís bien podría ser la voz de la derecha liberal en el Consistorio. Cada vez más madura e insolente, despojada ya de miedos y complejos

Pudiera ser Begoña Villacís, líder del partido más pequeño. Las hordas la recibieron a gritos de 'puta' y 'te vamos a matar'. Quizás se asustó. Así anduvo uno tiempo, temerosa y encogida. Ha despertado. Gritó como debe hacerse en el vergonzante pleno de Venezuela. Clamó, junto al PP, por la liberación de Leopoldo López. El rebaño socialista, se abstuvo. Los podemitas, claro, votaron por la dictadura. Mauricio Valiente, tercer teniente de alcalde, lideró el respaldo a los maduros chavistas. Carmena, en su perversa ingenuidad, le ha encargado la elaboración de un plan de Derechos Humanos para la ciudad.

Villacís bien podría ser la voz de la derecha liberal en el Consistorio. Cada vez más madura e insolente, despojada ya de miedos y complejos. Se enfrenta sin pestañeos a quienes antaño la insultaron, planta cara sin titubeos a quienes la querrían lapidar. Ciudadanos en Madrid es poca cosa. Un partido adolescente. Villacís se pasó meses recitando aquello de 'ni rojos ni azules'. Pura letanía centrista y estéril. Ha cambiado el estilo. Ha modificado el verbo. Se ha sacudido el lastre anaranjado. Ahora se le entiende mejor.

Tiene una oportunidad y 24 meses por delante para convertirse en la Arrimadas de Madrid

Tiene una oportunidad y 24 meses por delante para convertirse en la Arrimadas de Madrid, para liderar la respuesta a esa matonería despreciable. Debería alejarse del libreto aséptico y anestesiado que adormece a su partido. Sólo Girauta a veces lo intenta, con arranques incendiarios que sacuden la general modorra. Madrid está buscando afanosamente a alguien que le rescate de toda esa molicie ignorante y detestable.

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EL VARÓMETRO. Mikel Legarda, licenciado en Derecho por Deusto. Diputado del PNV en la Comisión de Justicia. Díjole al fiscal general: “El ministerio público ejecuta la política criminal del Gobierno”. ¿Quiso decir penal? // De la misma autora de “marichulo”, llega ahora “Cubazuela del Norte”. // De repente, todo es Murcia y ‘transfobia’. // A Millet, su mamá le llamaba “bichito” porque era un trasto. Prometía. // El desalmado Amancio Ortega impone a los trabajadores de Inditex un aumento de sueldo del 14 por ciento. //


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