OPINIÓN

San Coscubiela, bueno y mártir

Ahora es Coscubiela quien anuncia que se marcha, que deja la política, que resulta que el horror eran éstos, los suyos, sus socios, compañeros.

Albano Dante, Joan Coscubiela y Lluís Rabell, en sus escaños en el Parlamento catalán.
Albano Dante, Joan Coscubiela y Lluís Rabell, en sus escaños en el Parlamento catalán. EFE

Joan Coscubiela es el nuevo héroe de la resistencia en Cataluña. En la odiosa sesión parlamentaria de la ruptura, le plantó cara a los golpistas, calificó de  hooligan a Puigdemont, se enzarzó con las gobernanta Forcadell y redondeó algunas frases para la antología del diario de sesiones. "Los derechos de los demás son mis derechos", "me parto la cara por el derecho a votar pero si no pisan los derechos de los diputados". También mencionó a su hijo y su futuro. Un guiño sentimental al paquidermo. Puestos en pie, los diputados del PP, PSC y Ciudadanos le aplaudieron con pasión mientras coreaban 'democracia, democracia'.Lleva Coscubiela siglos en política, desde el PSUC de la transición hasta Izquierda Plural de ahora, empotrado en el grupo de Podemos. Diputado en el Congreso, recordaba este miércoles con qué ahínco combatió la corrupción y la mordaza del PP. Esta hoja de servicios de irreprochable progresismo le concedía el salvoconducto para arremeter en el Parlament contra los opresores soberanistas, es decir, sus compañeros de Podemos y hasta con la CUP, el poder supremo de Cataluña.

Como buen izquierdista catalán, en todos estos años apenas tuvo tiempo Coscubiela de percibir los pasos totalitarios del nacionalismo con el que antes tanto comulgaba

Como buen izquierdista catalán, en todos estos años apenas tuvo tiempo Coscubiela de percibir los pasos totalitarios del nacionalismo con el que antes tanto comulgaba. Al que secundaba, palmeaba, casi aplaudía. La persecución del castellano, el hostigamiento al disidente, el arriconamiento social del crítico, las listas negras, las multas, el odio... Todo eso viene ocurriendo desde hace años en la Cataluña del embuste y el tres por ciento. Coscubiela estaba entonces, como la mayoría de la buena gente de izquierdas, sumido en su particular Babia, en la farragosa batalla contra el apestoso PP sin apenas dedicar un segundo al monstruo nacionalista que tenía al lado.De repente, en dos sesiones parlamentarias en las que los buenos chicos de lo que fue Convergencia y los simpáticos mozalbetes de ERC se han mostrado cual siempre han sido, totalitarios irredentos que arrollan cualquier vestigio democrático y amordazan cualquier voz discrepante.Coscubiela, especie del san Manuel bueno y mártir unamoniano, estuvo valiente al plantarle cara al dragón separatista. Hubo otros audaces en la feroz jornada como José María Espejo, de Ciudadanos, Alejandro Fernandez del PP. O los letrados de la Cámara, Xavier Muro y Antoni Bayona.. Gente anónima, políticos y funcionarios que desarrollaban buenamente su labor hasta que el monstruo soltó el gran zarpazo contra la democracia, la convivencia, el Estado de Derecho, la ley, Cataluña y toda España.

Les había parecido bien el pacto del Tinell, el cordón sanitario contra un partido democrático, la conjura cómplice para arrojar al PP de la vida pública

Fue entonces cuando Coscubiela, y algún otro espíritu bonancible e ingenuo, se cayeron del guindo. Les había parecido bien el pacto del Tinell, el cordón sanitario contra un partido democrático, la conjura cómplice para arrojar al PP de la vida pública. Nada dijeron entonces y ahora se espantan de las consecuencias. El nacionalismo, como Gozila, se ha cargado de un manotazo y sin pestañear el edificio en el que reside la soberanía popular, el Parlemento. Qué horror, dijo el bueno de Coscubiela. Resulta que la fera ferotge eran los otros. Los tiranoicos eran quienes tenía a su lado, el Llach, la estaca, la estrellada, los pitos al Rey, la burla a las víctimas de la Rambla , la censura al pluralismo, la asfixia de la libertad.No quiere Coscubiela ese país para su hijo. Muchos padres catalanes tampoco lo querían, y lucharon contra losmrepresores, reclamaron en la escuela, en el instituto, el derecho a decidir la lengua para sus hijos. Apenas nadie les escuchó. La mayoría tuvo que rendirse, o marcharse. Ahora es Coscubiela quien anuncia que se marcha, que deja la política, que resulta que el horror eran éstos, los suyos, sus socios, compañeros. Cataluña Radio censura su discurso. Está ya adscrito al pelotón de los proscritos. 'Camarada Joan', como le llamó en plan burlesco el Rufián de la tribu, ya es demasiado tarde casi todo. Incluso para lágrimas.


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