OPINIÓN

Pedro y Artur, dos sucedáneos

Mas será candidato a las elecciones de las que saldrá un Parlamento que aprobará una Constitución que proclamará la república de Cataluña. El futuro ya no es lo que era. El pequeño Moisés con barretina lo tiene todo bien estudiado.

Artur Mas y Pedro Sánchez.
Artur Mas y Pedro Sánchez. EFE

Artur Mas en el Kursaal. Junto a Ibarretxe, el loco que tenía un plan, y a Otegi, condenado terrorista. Mariano Rajoy se cayó hace unos días del guindo. Mostró su perplejidad por el hecho de que un partido como Convergència, que representa desde su nacimiento a la burguesía catalana, se haya convertido en un destartalado monigote que manejan las camisetas mugrientas de la CUP. Ni existe ya Convèrgencia, ni existe ya la burguesía catalana, ni existe ya la sociedad civil (devorada por el caso Palau), ni existe ya esa Cataluña que añora y a la que invoca Rajoy.

Mas, que logró sumir en el desastre al partido que creó Pujol, el muy honorable defraudador, aspira a salir de nuevo a la cancha y hasta a ganar un partido que ya hace tiempo tiene perdido

Artur Mas, que era español y hasta se decía Arturo, ha elevado de nuevo su mentón, ha sacado brillo a esa soberbia de la grotesca ceremonia de la Inoxcrón, cuando convocó un referéndum de escayola, y pretende presentarse ante el pueblo elegido como el elegido del pueblo. El pasado siempre vuelve. Mas, que logró sumir en el desastre al partido que creó Pujol, el muy honorable defraudador, aspira a salir de nuevo a la cancha y hasta a ganar un partido que ya hace tiempo tiene perdido.

Como ya no existe ni la clase media ni la burguesía de la que habla Rajoy, fruto de treinta años de adoctrinamiento y propaganda, de inocular desde la escuela el odio a España, Mas se ha travestido abiertamente de independentista, un mero disfraz, un camuflaje, una trampa, un trampantojo con el que quiere ocupar de nuevo el balcón de la Generalitat. Personaje absurdo, en permanente estado de idiocia. Dos veces le levantó la camisa un individuo tan escasamente pertrechado de luces como Rodríguez Zapatero. Un récord planetario.

Por mucho que haya mudado su nombre de Convergencia a PDeCat, ese partido no representa y jamás ha representado al secesionismo catalán

Mas será candidato a las elecciones de las que saldrá un Parlamento que aprobará una Constitución que proclamará la república de Cataluña. El futuro ya no es lo que era. El pequeño Moisés con barretina lo tiene todo bien estudiado. Es tal el afán independentista de su pueblo que basta con que asome su sentenciosa quijada para ser alzado en volandas hasta la cima de Montserrat. Olvida un detalle. Por mucho que haya mudado su nombre de Convergencia a PDeCat, ese partido no representa y jamás ha representado al secesionismo catalán.

Original y fotocopia

Para eso está ERC, que lleva recitando la misma palinodia, con mayor o menor fortuna, desde 1931. Ellos son los auténticos ‘indepen’. Tienen al frente a Oriol Junqueras, un personaje silente y taimado, mucho más ‘astut’ que Artur. Junqueras nada dice sobre el referéndum, que sabe imposible, y espera su momento para vencer en las elecciones que se divisan ya a la vuelta del verano. Si los catalanes quieren la ‘desconexión’, ¿a qué votar una fotocopia si tienen el original? Mas no es más que un sucedáneo, una mala imitación. Llegado el momento, Junqueras le levantará la camisa, como Zapatero, y tendrá a su lado a Podemos (En Comú) y hasta el PSC si es necesario. Ya se sabe, el paraíso es bueno por el clima y el infierno, por la compañía.

Pedro Sánchez es otro fantasma que retorna del pasado. Por dos veces ha logrado romper el suelo electoral del PSOE, un partido sin horizontes

Pedro Sánchez es otro fantasma que retorna del pasado. Por dos veces ha logrado romper el suelo electoral del PSOE, un partido sin horizontes. Alguno de sus asesores, de una necedad estéril y peligrosa, le convenció de que ese estribillo de ‘no es no’ sería la varita mágica que le abrirá las puertas de la Moncloa.

La otra tarde reunió en el Bellas Artes de Madrid a quinientos jubilados y algún universitario empachado de Lenin, y ya se cree Espartaco. Su receta para el éxito es sencilla. Dar un paso hacia la extrema izquierda. Pactar con Podemos y los sindicatos y reclamar la ‘España plurinacional’. Lo segundo es una absurda entelequia, pues jamás existió. Es más, ni siquiera Sánchez sabe de lo que habla cuando dice tal cosa.

¿Qué parte de “Podemos no quiso” aún no ha entendido?

Sánchez no es presidente del Gobierno porque Podemos no quiso. ¿Qué parte de “Podemos no quiso” aún no ha entendido?. Ahora pretende ir de la mano de Pablo Iglesias para echar a Rajoy. Una película que ya hemos visto y que sabemos cómo termina. Todos menos él, el más alto y más guapo del Ramiro, y del PSOE, según le recuerda cada mañana su esposa. Si ya está Podemos, ¿quién querrá votar al sucedáneo? El pasado siempre vuelve. La historia se repite en forma de farsa o de tragedia.

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EL VARÓMETRO. El fiscal Zaragoza, de tan eterno, parecía ya una superstición. // Errejón quizás haya leído “Amigo del amigo”, de Kipling: “Bajo las estrellas se burló de mí. Por tanto, lo maté”. // A Fernando Maíllo ya le llaman ‘el Gorbachov del PP’. ¿Por las reformas? // Cada día, Garzón, (“Leopoldo López está en la cárcel por golpista”) afirma su rumbo hacia la infamia granítica. // Lo Cortés no quita la cretinez. Dijo la senadora: “Rajoy es la X de un gal sin violencia”. // Con esa sonrisa de comadreja, Iglesias envió a Tania al gallinero.


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