A contratiempo

Pablo Iglesias y los Pegamoides

La televisión no es para verla, es para salir en ella. Tom Wolfe, inventor en los setenta de lo que se dio en llamar “nuevo periodismo”, lo tenía claro. Aparecía en la pantalla con su fino terno de lino blanco y vendía cuarenta mil libros más. Cifras de antes del pirateo en internet, naturalmente.

Pablo Iglesias ha diseñado una campaña muy especial. Ha sustituido sus arengas en calles y plazas, sus mítines en polideportivos y auditorios, por una abrumadora catarata de comparecencias en los platós. Quiere ser ‘el bote de Colón’ de los Pegamoides, “qué satisfacción, salir anunciado en la televisión”. Lo primero que hará el líder de Podemos en cuanto llegue a la Moncloa, (en ello está, aceleradamente) será inaugurar su propio programa televisivo al estilo del “Aló presidente” que instauró Chávez y mal imita su apestoso apéndice Maduro.

La televisión no apela a la reflexión ni al argumento, sino al sentimiento y a la adhesión. Iglesias se siente en ella muy cómodo

Los medios, y muy en especial la televisión, lo son todo para Iglesias. La televisión hilvana a la perfección con su perfil caudillista, porque “crea en los ciudadanos una ilusión participativa” bajo el mando absoluto del líder, como escribió Elorza. La televisión no apela a la reflexión ni al argumento, sino al sentimiento y a la adhesión. Iglesias se siente en ella muy cómodo. Cual Chávez, él es un animal televisivo. En ese medio nació, creció, se desarrolló y casi procreó políticamente. Y allí sigue. Es su herramienta perfecta. La tele no admite sofisticadas meditaciones ni explicaciones minuciosas. Su objetivo es la seducción, el juego favorito de Iglesias. En la tele triunfa lo impostado, lo artificial, lo ficticio, lo epidérmico. Es decir, el podemismo en estado puro.

Íñigo Errejón, rebautizado “Orejón” por uno de los niños-tertulianos del candoroso programa Ana Rosa, se subirá al bus y fatigará el asfalto de media España mientas su líder máximo se reserva para la tele, el artefacto populista por excelencia. Adolfo Suárez fue pionero en nuestro país del uso televisivo en la contienda política.

Debates a cuatro, cara a cara, confidencias sobre el sexo, charletas con parvularios, entrevistas, reportajes…Iglesias lo abarca todo, e incluso llega a competir consigo mismo, como ya ha ocurrido esta semana. Coletas en estéreo, en dos canales a la vez. Hay expertos que apuntan a un riesgo de saturación, de excesiva exposición. Quizás sea así para otros. Nadie soportaría escuchar a todas horas las nimiedades átonas de un Pedro Sánchez o la letanía monocorde de Mariano Rajoy. Pero Iglesias mantiene alto su nivel de atracción. “Me gusta, aunque mete miedo”, confesaba en una de esas encuestas radiofónicas una veterana votante socialista.

Todo lo que los candidatos tenían que decir, ya lo prometieron hace seis meses

Esta es la campaña de la televisión. Todo lo que los candidatos tenían que decir, ya lo prometieron hace seis meses. Ahora tan sólo queda el recurso de arañar votantes a otras formaciones, sin incurrir en ampulosos anuncios ni en tremendas exhortaciones que ya nadie cree. Es el momento de la ficción, del camuflaje, de la representación. Iglesias es un consumado maestro en ese territorio de la moderna farsa. Si a ello se suma la habilidad prodigiosa que despliegan los morados en las redes sociales, se explica su sorprendente escalada en las encuestas.

El escribidor secreto

Donald Trump, por ejemplo, es otro caso de político populista que atraviesa la pantalla y disfruta en televisión. También mete miedo, pero engancha. Esta semana hemos conocido su otra arma secreta. Las cartas. Ya nadie envía misivas por correo. Tan sólo, y si acaso, por mail. Pues bien, ahora se ha sabido que el aspirante a la Casa Blanca envió durante más de veinte años, miles de cartas escritas de su puño y letra a personas de lo más variado. A su exesposa Melania: “Mi amorcito, eres todo lo que yo esperaba”. Al exalcalde Guiliani: “Lo mejor que le ha ocurrido a Nueva York”.

Una riada de mensajes de amor… y de odio. Tras una trifulca en torno al proyecto de crear una Liga de Fútbol americano, Trump le envió a un conocido autor de reportajes televisivos de deportes un mensaje algo duro: “No eres más que un perdedor”·. El insultado, un tal Mike Tollin, reconoce que guarda esa carta enmarcada junto a las fotografías de su familia. “Todo el mundo que viene a mi despacho me pide ojear el texto de Trump”, confiesa, como quien posee un incunable.

En su furor eepistolar, Trump asaeteó a una leyenda del basket como Kareem AbdulJabaar, quien tuvo la osadía de criticarle en un artículo en el Washington Post. El visceral político, recortó esa página del diario y escribió en ella, en los bordes del papel, este mensaje: “Sé que la prensa te ha tratado mal. Kareem, no te soportan. El caso es que no tienes ni idea de la vida, ni de cómo hacer para que América sea grande de nuevo”. El mejor pivot de la historia del baloncesto le respondió: “Su carta es como la reacción de un perro que orina en un árbol para marcar su territorio”.

Cambien ustedes de década y de medio y tendrán el fiel retrato del caudillo de la coleta morada

Durante dos largas décadas se ha mantenido casi en secreto esta afición epistolar de Trump, el personaje más televisivo de la reciente historia americana, el dios de los medios, el profeta de los platós.

No cabe pensar que Iglesias comparta con el pretendiente al trono republicano esa afición. El líder de Podemos está más cerca de aquel Godard que afirmaba que “en los setenta, en el cine estaban todas las revoluciones”. Cambien ustedes de década y de medio y tendrán el fiel retrato del caudillo de la coleta morada.

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EL VARÓMETRO.- Las Ventas, unánime, ovacionó a don Juan Carlos en el segundo aniversario de su abdicación. ¿La Historia le aplaudirá? // La gran farsa, los grandes falsarios: Carmena cierra la oficina antidesahucios de Madrid porque “hay muy pocos casos”. // Sólo una anciana, militante de Vox, fue capaz de plantarle cara a los vándalos de Barcelona. La única voz valiente y digna en una ciudad lanar. // Paul MacCartney enarboló la bandera española en su concierto en el Manzanares. Que les dén.


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