A contratiempo

Mariano, el gran ‘zascandil’

En el páramo intelectual de nuestro Hemiciclo, las palabras de Rajoy resuenan, habitualmente, como un bizarro exotismo. “Habla como en el siglo pasado”, comentó un semoviente de Podemos, más próximo al lenguaje de “Aquí no hay quien viva” que al de los episodios galdosianos.

En contra de lo que apuntan cotidianamente algunos acerados periodistas, cabe pensar que Rajoy ha leído algo más que el

Marca a lo largo de su vida

En contra de lo que apuntan cotidianamente algunos acerados periodistas, cabe pensar que Rajoy ha leído algo más que el Marca a lo largo de su vida. Y no porque el nivel de la prosa deportiva deje algo que desear, al menos la de antaño, que ahora está anegada de petulantes sabiondos que llaman columnistas, sino porque la amplitud del vocabulario mariano desborda los límites de cuanto pueda leerse en la crónica de un Madrid-Barça.

No estamos para “zascandiladas”, dijo esta semana el presidente en funciones durante un paseo por Guadalajara, en compañía de Dolores Cospedal, con quien hace nada recorrió las calles de El Toboso en homenaje cervantino de muy corto alcance. El palabro, “zascandiladas”, no se recoge hasta el momento en el diccionario de la RAE, una institución declinante como tantas otras en nuestro país. Pero sí ‘zascandil’, que es ‘persona despreciable, ligera y enredadora”. Tres adjetivos que ni pintados pensaría Rajoy, para definir, de una sola tacada, a sus tres rivales. La persona despreciable, a buen seguro, ha de ser Pedro Sánchez, por aquello del ‘indecente’ y otros detalles. La “ligera”, indudablemente sería Albert Rivera, ni rojo ni azul, ni blanco ni negro, ni derechas ni izquierdas, con PSOE en Sevilla y con PP en Madrid. Insuperable liviandad. Y la enredadora ha de ser Pablo Iglesias, que primero intentó liar a Sánchez, ahora va a engullir a Garzón, luego lo intentará con Susana y con todos los que se dejen, mientras su lengua emite un irritante chasquido, de hipnótico ofidio, con el que envuelve sus mentiras y enreda a sus víctimas. Véase el cafelito con Herrera en un bar de Sol.

Una intervención memorable

“Zascandil” no es palabra de uso infrecuente, pero sí ausente en la escuálida jerga de nuestros políticos. Como algunas otras de las que se escucharon en el fallido debate de Investidura de Pedro Sánchez, en la que Rajoy eyectó una de sus piezas oratorias más brillantes, corrosivas y encomiables de cuantas ha pronunciado en la Cámara. Hasta sus no demasiado amigos lo reconocen.

Incluyó algunas referencias anacrónicas luego muy comentadas, como “el bálsamo de Fierabrás” o el ‘Pacto de los toros de Guisando”, que algunos creyeron invenciones y otros juzgaron trasnochadas digresiones. El mensaje de Rajoy estuvo preñado de estimulantes hallazgos como cuando se refirió al empeño de la oposición en asegurar que “las elecciones las ha ganado un tal señor cambio”. O cuando describió la gestión económica de los socialistas mencionando que “siembran el déficit con la misma naturalidad que noviembre trae los catarros”. Le reprochan a Rajoy que no hable inglés muchos de aquellos que se manejan con fluidez e ignorancia en diversas lenguas. Tienen razón, pero olvidan elogiarle su cierta soltura con el castellano.

En los tiempos de baldío secarral dialéctico que nos toca padecer, un “zascandil” bien utilizado nos provoca una leve sonrisa espiritual

Un orador no es necesariamente un gran político y nuestra historia está repleta de ejemplos. Pero en los tiempos de baldío secarral dialéctico que nos toca padecer, de vez en cuando, un “zascandil” bien utilizado nos provoca una leve sonrisa espiritual. Quizás la audiencia ya no está acostumbrada a estas delicatessen, a estas perlitas de marquetería, anegada por el tsunami de la áspera demagogia que todo lo arrasa. O tampoco es lo que se espera escuchar de un líder político. Decía el cínico y malvado Chirac: “Aquellos discursos, cuanto más idiotas y desaforados, más colaban”. Será eso. Que quizás a la gente le gusta que le mientan. O como espetaba el paisano: “Mire usted, si le dijera le verdad, le mentiría”.

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