OPINIÓN

Íñigo Errejón y las cuatro pedradas

Por más que le fascinen Evo y Evita, Morales y Perón, Errejón no tiene hechuras de conducátor.

Íñigo Errejón.
Íñigo Errejón. EFE

Íñigo Errejón pasó del “Siempre listo”, de cuando era boy scout, al “Ahora es cuándo, carajo!”, de la Complu bolivariana. Una evolución personal y una transformación radical que no ha afectado a su aspecto de chico despistado, algo pagafantas, empollón, tímido, sensato y aseado. El yerno ideal.

De padre funcionario media/alta, troskista devenido en verde, Errejón militó en todos los movimientos antiglobalización que se iban creando

De padre funcionario media/alta, troskista devenido en verde, Errejón militó en todos los movimientos antiglobalización que se iban creando y acampó en todas las manifas contra el G-8 que se le pusieron a tiro. En la ‘uni’ sucumbió hipnotizado al tedioso verso de Ernesto Laclau, el “relámpago de la Pampa”, un teóricoargentino, postmarxista-peronista, y ahí empezó casi todo. Viajó también a los populismos del Cono Sur hasta convertirse en el cerebrito de Podemos. Fue el gran responsable del cimbronazo de las europeas, cuando emergieron de la nada un millón doscientos mil votos morados. Errejón era el jefe de aquella campaña que sacudió los cimientos del Estado (hasta un Rey abdicó) y elevó a Iglesias a las puertas del cielo.

Aventura equinoccial en el Cono Sur

Carece Errejón de la mala fondinga que se precisa para aspirar a caudillo. Por más que le fascinen Evo y Evita, Morales y Perón, Errejón no tiene hechuras de conducátor. Le cuesta mentir y cuando lo hace, o se sonroja o le pillan, como con la beca de la universidad malagueña. Mitinea sin estridencias, dos tonos por debajo de lo que la partitura populista exige, y le cuesta levantar el puño izquierdo hasta para agarrarse en el metro. Lo suyo son las estrategias y las estadísticas y le repelen las masas aborregadas que con tanto acierto pastorean algunos de sus compañeros de aventura equinoccial.

El prudente sengudón puede convertirse en el rey de la pista

Para febrero se anuncia un duelo en la Alta Sierra (Maestra) entre Errejón e Iglesias. Una apasionante velada para la que se alquilan ya sillas de pista. Errejón, combatiente astuto, sale de perdedor. Iglesias está nervioso. Monologuea con los tarugos en su cabaña de Gredos. Lanza relinchos incontrolables a dos metros del precipicio. Parece un muñeco al que se le acabó la cuerda.

El prudente sengudón puede convertirse en el rey de la pista. En su declaración de guerra, conocida esta semana, Errejón agita verdades corrosivas y contundentes como un directo de Tyson. Califica a Iglesias con adjetivos de tertuliano: “Inmaduro, soberbio, eterno enfant terrible, folklórico…”.

El boy scout de Aravaca ha sacado el mandoble, el sombrero de las cuatro pedradas, ha dejado de ser un niño del coro y se ha convertido en el aprendiz de killer que ya huele sangre. Quizás perezca en el empeño. O se mude al PSOE de los líos. Sólo una cosa hay clara: Pablo Iglesias seguirá a cincuenta años de estar a punto de estar a punto.

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EL VARÓMETRO. Diez o doce Crivillés más y le hunden el negociado a Montoro. // Para entender el triunfo de Trump hay que ver “Comanchería”. // Ya le han aconsejado a Dolors Montserrat que respire hondo y cuente hasta diez antes de cualquier cosa. // Trillo parece tener una memoria estupenda para olvidar. // Urdangarín cumple 49 años. Menchu, la abuela de la Reina Letizia, 89. Felicidades.


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