A contratiempo

Hola, hola, Iberdrola

No es Sánchez Galán el directivo más afable del Ibex. Ni siquiera se lleva bien con su nombre. Empezó siendo  José Ignacio Sánchez Galán y ya va por un simple Ignacio Galán. No es Iberdrola, la compañía que preside, una empresa que despierte entusiasmo entre los movimientos ecologistas, que traducen su eslogan de ‘energía verde’ por ‘energía marrón’, a saber porqué y si tendrán razón. No es tampoco la eléctrica más valorada por las asociaciones de consumidores, que la inundan de reproches sobre tarifas y otros excesos. En suma, no es Iberdrola la firma más popular del mercado, pero sí una de las cinco más potentes de nuestro país. Algo tendrá. A eso vamos.

Estados Unidos y Canadá acaban de inaugurar la primera interconexión eléctrica llevada íntegramente a cabo por la multinacional española

La pista la facilitó este viernes Dieter Brandau en su programa de esRadio. La información procedía del blog de Pilar García de la Granja, gran periodista, corresponsal de Tele 5 en Nueva York. La historia es sencilla y colosal. Estados Unidos y Canadá acaban de inaugurar la primera interconexión eléctrica llevada íntegramente a cabo por la multinacional española. Un proyecto de ocho años, 800 kilómetros de tendido eléctrico y una inversión de 1.400 millones de dólares para interconectar a ambos países. El exceso de energía de Canadá va a parar a la zona noreste de los Estados Unidos. Una proeza de ingeniería con evocaciones proteicas al estilo del Fitzcarraldo de Herzog, salvando las distancias. Y la ha consumado, esta misma semana, una firma española. Olé.

Proyecto congelado

Estos días también hemos conocido que el equipo municipal madrileño, que lidera Manuela Carmena, singular alcaldesa que rechazaba acudir a la final de la Copa del Rey porque, ‘cosas de chicas’, no venía su amiga Ada Colau, también vinculada a Podemos, acaba de dinamitar el proyecto Madrid Puerta Norte que suponía un impulso económico sin precedentes para la ciudad, amen de la creación de más de cien mil puestos de trabajo. La nueva política tumba proyectos empresariales mientras que la vieja era avanza en territorios donde la exigencia es máxima y la competencia, feroz.

Esta gesta de Iberdrola nos ha reconciliado momentáneamente con esa imagen tan olvidada de una España en crecimiento que tanto necesitamos, una auténtica España de ‘progreso’, término manoseado torpemente por la demagogia política que todo lo arrasa. Cunde la idea de que vivimos en un país de camareros, con una sóla industria competitiva, el turismo, que produce el 10 por ciento del PIB y crea el 11,5 por ciento del empleo. Un sector en el que somos punteros en Europa pero de una fragilidad angustiosa. El yihadismo algo ha tenido que ver con el desmoronamiento del incipiente mercado del norte de África y alrededores. Francia y España están en riesgo.

La hazaña de Iberdrola en Canadá apenas ha merecido unas líneas en la prensa especializada. Nada que celebrar, según parece, mientras nos inundan toneladas de estupideces sobre el paseo de un criminal por el Parlamento catalán o el bullicio mentecato en torno a una banderola caribeña.

Vivimos tiempos ruines y miserables, que nos conducen más que al sueño americano de Iberdrola, a la pesadilla española de la crisis

No hay cinco minutos, en estos momentos atiborrados de necedades, para hablar de la epopeya atlántica de Sánchez Galán. Vivimos tiempos ruines y miserables, que nos conducen, quizás inexorablemente, más que al sueño americano de Iberdrola, a la pesadilla española de la crisis. Ya asoman por el horizonte las fauces del espanto. Ya asistimos al resurgir del indomable déficit, a la hipertrofia de la pavorosa deuda, al descontrol imparable del empleo (veinte por ciento seguimos por aquí; cinco por ciento este trimestre en Reino Unido) y, atentos al peor de los monstruos que nos acechan: el previsible colapso del sistema de pensiones.

Ya hemos visto lo que consigue una empresa privada en un mundo global y de competencia encarnizada. Esfuerzo, trabajo, talento. Tres activos que por aquí, entre otegis y estrelladas,  apenas se cotizan. ¿Y qué hacen Rajoy y sus compañeros del parchís electoral, azul, rojo, naranja y morado? Como el protagonista de aquel filme de Godard, “veo claramente la situación pero no veo qué papel me toca”. Quizás la mayoría de los españoles lo tengan mucho más claro. El 26J lo comprobaremos.

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EL VARÓMETRO. El corte de pelo de María Dolores es por ahora la iniciativa más comentada de la campaña electoral del PP. // Borrell marca la diferencia: “Si yo fuera candidato, propondría el aumento del gasto militar”. Ahora que no está el trampero Bono en Defensa, se le olvidó decir. // La alcaldesa Carmena pide el indulto para el presidiario Bódalo, piquetero agresor de una trabajadora embarazada. // Sánchez no sólo copió el “puedo prometer” de Suárez. También recurre ahora lo de “dimes y diretes” de Rajoy. Necesita con urgencia el candidato socialista un escribidor de ocurrencias electorales. La campaña se le hará muy larga.    


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