OPINIÓN

Fillon, ¿la vacuna contra el populismo?

Conservador y moderado, a François Fillon la izquierda ya le ha bautizado de “derechista medieval”. Es la síntesis perfecta del candidato de derechas que recoge votos desde el centrismo a los democristianos.

François Fillon, en una imagen de archivo.
François Fillon, en una imagen de archivo. EFE

No se aclaran nuestros analistas internacionales en si se pronuncia Fillón o Filón. Pero ya le han etiquetado: Es un conservador duro con apariencia de liberal suave. O sea, un Sarkozy sin maquillaje. No se armen líos. El más firme aspirante de la derecha francesa a pararle los pies a Marine Le Pen lo dejó bien claro en una reciente entrevista televisiva: “Creo en la familia y en los valores tradicionales. Dicho aquí, ya sé que suena un poco hortera, demodé. ¿Qué le voy a hacer?”.

Fillon es una rara avis en la ruidosa bandada de grajos, urracas y papagayos que sobrevuela el planeta

Fillon es una rara avis en la ruidosa bandada de grajos, urracas y papagayos que sobrevuela el planeta. Trump ganó contra pronóstico porque ‘decía lo que la gente quiere oir’. Fillon basa su campaña en un lema más simple: “El candidato que dice la verdad”. Todo un espanto para ese nubarrón de expertos en marketin político, pergeñadores de las frases huecas, los eslóganes eufónicos y lo políticamente correcto. Decir la verdad en política es tan extravagante como jugar con un delantero centro en el fútbol contemporáneo. Una rémora del pasado, un error, un disparate. “Tú, promete y luego ya veremos”. “La verdad está reñida con la política”. O en palabras de Napoleón, “primero se conquista y luego se organiza”.

Casi el 45 por ciento de los cuatro millones de franceses que participaron en las primarias de Los Republicanos, el partido que agrupa a buena parte de las familias políticas francesas, le otorgaron su confianza para frenar el populismo de melena rubia que asoma por el horizonte. Hijo de notario y de historiadora (su madre tiene raíces vascas), padre de cinco hijos, Fillon, que ejerció tres años de periodista en France Presse, ha sido seis veces ministro y varios años primer ministro bajo la presidencia de Sarkozy, a quien barrió el domingo en su empeño por resucitar el pasado. No precisó del navajeo traidor ni de la aviesa zancadilla para batir sin despeinarse a quien fuera su jefe y protector. Sarkozy, tras reconocer su derrota, pidió el voto para quien fuera su más fiel colaborador.

Católico y conservador

Conservador y moderado, la izquierda ya le ha bautizado de “derechista medieval”. Es la síntesis perfecta del candidato de derechas que recoge votos desde el centrismo a los democristianos y no espanta demasiado al sector más templado de los socialistas. Rechaza el matrimonio homosexual y se opone al aborto, aunque no modificará las actuales leyes.

Ferviente católico, se proclama defensor de una Francia orgullosa de sus valores, de su tradición, de su cristiandad, algo poco frecuente en una Francia que ha hecho del laicismo una de sus más ardorosas banderas

Ferviente católico, se proclama defensor de una Francia orgullosa de sus valores, de su tradición, de su cristiandad, algo poco frecuente en una Francia que ha hecho del laicismo una de sus más ardorosas banderas. Liberal en lo económico, ‘neocon’ para algunos, arremete contra otro de los pilares básicos de su país: el excesivo poder de los sindicatos y el dirigismo estatal. Plantea la reducción de medio millón de funcionarios, en una Francia con más de seis millones de trabajadores públicos, quiere ampliar la edad de jubilación de los 62 a los 65 años, plantea un aumento de la jornada laboral sin incremento del salario y suprimir impustos y cargas sociales a las empresas que ahorren 50.000 millones en cinco años y recortar el gasto público en 100.000 millones. En un país en ebullición contra la tímida reforma laboral postulada por el gobierno socialista de Hollande, que apenas roza el músculo omnipotente de las organizaciones gremiales, el programa de Fillon suena a provocación y hasta herejía. Reivindica una ‘terapia de choque’ para un país que está ‘al borde de la revuelta’ y ‘a dos pasos de la quiebra’.

No comulga con el multiculturalismo, ahora en revisión tras el rosario de sangrientos atentados del islamismo radical, pero procura mantenerse alejado de los planteamientos xenófobos de Le Pen. “Hace planteamientos que recuerdan al socialista Valls, por su claridad y su firmeza. Pero evita ser una mala copia del lepenismo”, comenta un analista. Plantea, eso sí, un referéndum europeo sobre el reparto de los refugiados que llegan de los países en conflicto. Y ofrece un débil: su buena relación de Putin. Le salva que no recibe fondos de ayuda como sí lo hace el Frente Nacional de Le Pen.

Sus rivales anuncian cataclismos insondables en el caso de que semejante individuo llegue a la presidencia

Sus rivales anuncian cataclismos insondables en el caso de que semejante individuo llegue a la presidencia. “Habrá enfrentamientos sociales, choques culturales y hasta familiares, inestabilidad y tensiones”, repiten con insistencia, desde la derecha y la izquierda. Fillon, de espíritu templado y gestualidad comedida, responde: “Ya sé que mi programa es más radical que el de mi rival republicano. También es más difícil. Mi proyecto rompe con el pensamiento único para dar esperanza a la angustia de nuestros compatriotas tentados por el extremismo”. La vacuna anti Le Pen. El antídoto al populismo.

Cuando todo es difícil, hay que tener el valor de no usar pretextos. Fillon huye de las paráfrasis, las metáforas, las hipérboles y los cuentos chinos. Quizás haya llegado el momento de barrer a los verseros y parlanchines, a los demagogos cuentacuentos. Quizás el electorado francés, atemorizado y convulso, se aferre desesperadamente a esas verdades inhóspitas, monótonas e incómodas que defiende Fillon.

EL VARÓMETRO. Cierto, sin Ciudadanos, Barberá no habría sido expulsada del PP ni Griñán del PSOE. // Unanimidad en la crítica: Lo último de Trueba es un espantajo. // Resulta que el astuto Urkullu es todo un gran estadista. // O nos tenía engañados, o Uxúe Barkos no era así. // Impecable el Rey en su difícil visita a Valencia.


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