A contratiempo

Fabra, ese espíritu mezquino

De entre el lodo que asfixia al PP valenciano ha emergido Alberto Fabra, relajado y lustroso, como si nunca hubiera estado allí. Es la hora de las venganzas cicateras, el tiempo de pasar factura. "Es muy difícil pensar que Rita Barberá nada supiera de lo que allí ocurría", ha declarado sobre su todavía compañera de partido, caída ahora en la más profundas de los descréditos.

Fabra fue cuatro años presidente del PP y de la Comunidad valenciana mientras Rita y algunos de sus compadres, ahora fieramente retratados, mangoneaban a sus anchas

Fabra fue cuatro años presidente del PP y de la Comunidad valenciana mientras Rita y algunos de sus compadres, ahora fieramente retratados, mangoneaban a sus anchas, hacían y deshacían, quitaban y ponían. Fabra, al menos orgánicamente, era el jefe de Rita. Ergo, debería haber estado muy atento a cuanto sucedía en la ciudad más importante de su demarcación. Por lo tanto, la cuchillada verbal que le ha dedicado a la alcaldesa demediada podría muy bien aplicársela a él mismo. ¿O quizás un presidente de una región no ha de saber lo que hacen y deshacen los alcaldes de su partido y de su zona? ¿O es que a él no le llegaba lo que en la calle era un clamor? "Es muy difícil pensar que no", declararía el ínclito Fabra sobre él mismo.

Lo sabía. E incluso lo ha insinuado en estas horas de hecatombe popular. Sabido era en el PP valenciano que Fabra, a quien traían por la calle de la amargura tanto Rita, como su mano derecha Grau o como aquel preboste Cotino, el de los amaños cuando el viaje del Papa, no hacían ni caso a quien por entonces era su presidente.

Un peso pluma de la política

Fabra, delineante de formación y correcaminos de la política desde los tiempos de Alianza Popular, fue alcalde de Castellón, la provincia con menor peso específico de la comunidad. No estaba particularmente dotado para el mando. Una serie de carambolas envueltas en los absurdos trajes de Camps le colocó en la cúpula regional. Y ahí llegó, a la cúspide, con su rictus de adormecida tristeza, su espíritu melifluo y su tediosa mediocridad. Le contrataron uno de esos asesores de liderazgo para hablar en público y no temer a los auditorios. "Nada que hacer, es un marmolillo", decían por Valencia. "Pero, al menos, es honrado", respondían en Madrid.

Fabra se acercaba de vez en cuando por Génova, contaba algunas de las obscenas enormidades que por su zona ocurrían y se volvía a casa. En Madrid, nadie osaba tocar un pelo de la 'jefa', la exalcaldesa Rita, un auténtico animal político, caído ahora en la mayor de las desgracias.

Tan mal olía la paella, que Fabra logró incluso que Mariano Rajoy, alérgico a los cambios, le volviera a designar como candidato. Consiguió ser el más votado pero no ganó las elecciones. Y se refugió en un acolchado escaño del Senado donde mansamente sestea. Ahora que la barraca se desmorona, dedica parte de su tiempo a pasearse por platós y emisoras distribuyendo puyas farisaicas contra quien fue su más dilecta y enconada enemiga. "Imposible que no Rita supiera nada", insiste Fabra.

Mientras Rajoy se enfanga hasta el corvejón empeñado en la protección inexplicable de Rita, aquel que fue su jefe regional agita más la mugre

En su tierra es conocido como el ‘pastilla de jabón’, porque parece que siempre se acaba de duchar. Ni una salpicadura del fangal valenciano le ha tiznado la camisa. Sólo un pequeño lío con un lío, chamullos de portera. 

Mientras Rajoy se enfanga hasta el corvejón empeñado en la protección inexplicable de Rita, aquel que fue su jefe regional agita más la mugre. Quizás por prudencia, ya que no por compañerismo, debería mostrarse más discreto. Su verborrea mediática se antoja la exhibición de un resentimiento mezquino. La trágica venganza de un hombre ridículo. Criaturas de la política.

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EL VARÓMETRO. Aprovechando que los guardias pasaban por allí, Cospedal le ha sacudido a Esperanza donde duele. Ganas tenía. // Elogios unánimes al juez Pedraz y su decisión sobre Zapata, el tuitero satánico y antisionista. // Al césar… La primera que reclamó una ‘purga’ en el PP fue Andrea Levy, la ‘chupa’ más comentada de la redes. // Jorge Fernández no es sutil. Ni oportuno. Pero sobre ETA dice verdad. Algo tarde. Bolinaga en su conciencia. // La cabalgata, el callejero, los titiriteros… no se aguanta lo de Celia Mayer. // Admirable la voz de sor Lucía contra los excesos políticos de Colau.


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