OPINIÓN

Dastis, el ministro que nunca existió

Dastis es tan humilde y modesto que incluso siendo el titular de Exteriores, le ha permitido a su Dolores Cospedal convertirse en el primer miembro del Ejecutivo en pisar oficialmente un despacho de la nueva Administración Trump.

El ministro de Exteriores, Alfonso Dastis (izda), saluda a su antecesor en el cargo, José Manuel García-Margallo.
El ministro de Exteriores, Alfonso Dastis (izda), saluda a su antecesor en el cargo, José Manuel García-Margallo. EFE

Alfonso Dastis es el ministro menos conocido del actual Gobierno de Mariano Rajoy. Su aspecto de señor antiguo, sobrio y un tanto anodino, no colabora a fijar su imagen en la opinión pública. Jurista y diplomático, vivía tan feliz en los pasillos de la Corte europea de Bruselas cuando Rajoy se fijó en él para ocupar la cartera de Exteriores. Quería a alguien en las antípodas de García-Margallo, su predecesor. Y acertó.

Dastis es tan humilde y modesto que incluso siendo el titular de Exteriores, le ha permitido a su Dolores Cospedal convertirse en el primer miembro del Ejecutivo en pisar oficialmente un despacho de la nueva Administración Trump. Las damas, primero. Jerezano y senequista, 62 años, es un raro ejemplar en estos tiempos de banalidad verborreica: prudente en la palabra, austero en los gestos.

Cuando Rajoy se desplazaba a la capital europea para negociar nuestras cuitas y pesadumbres, allí estaba Dastis, experto conocedor de las podredumbres europeas y de los puntos débiles de sus comisarios

Fue asesor legal en Naciones Unidas, en el Tribunal de La Haya, secretario general en el cuartel diplomático de Aznar, militó en la oficina de apoyo a la presidencia española de la Unión Europea y fue embajador en Bruselas en los espinosos años en los que los hombres de negro pugnaban por intervenir España. Un currículum denso y extenso. Una carrera prolongada y monocorde.

Cuando Rajoy se desplazaba a la capital europea para negociar nuestras cuitas y pesadumbres, allí estaba Dastis, experto conocedor de las podredumbres europeas y de los puntos débiles de sus comisarios. Se hizo casi tan imprescindible como Jorge Moragas. Dastis, además, es un gran amigo del eurodiputado Francisco Millán, el cuñadísimo del presidente tras su matrimonio con Mercedes Rajoy, a la sazón, registradora de la propiedad, como su hermano Mariano.

Una polémica en el Parlamento

‘Primero lo piensa dos veces y luego no dice nada’. Churchill definía así al diplomático. Dastis, que sigue la norma a rajatabla, no muestra síntomas de consagrarse como un gran orador. En una de sus primeras intervenciones en el Congreso, tuvo a bien pronunciar unas cuantas verdades de libro. Osó afirmar que “salir fuera, enriquece”, en respuesta a una de esas preguntas/martillo que repiquetean los diputados de Podemos para lamentar la marcha de nuestros jóvenes a trabajar al extranjero. Le cayó la de octopussy. Desde la bancada azul le contemplaban con cierta conmiseración. Demasiado pringoso y gallináceo el corral parlamentario para un hombre que siempre ha circulado por los espacios europeos.

Lidió con brío el escándalo de Federico Trillo, a quien se le ayudó a abandonar la legación española en Londres en medio de un sonoro estruendo de patio de vecinos

Lidió con brío el escándalo de Federico Trillo, a quien se le ayudó a abandonar la legación española en Londres en medio de un sonoro estruendo de patio de vecinos. Ha promovido luego el relevo de más de 60 embajadores sin que se escuchara un solo quejido. Moriría de hambre antes de pedir sopa por no dar que hablar. Acaba de consumar su primer periplo iberoamericano, acompañado por una colla de periodistas, y nadie se ha enterado. Conoce bien el ‘estilo mariano’. Bien vive quien bien se oculta.

Ante tal estruendoso silencio, ante tal ausencia de polémicas, ante tal apoteosis de la invisibilidad, ha tenido que reaparecer Margallo, el mayor ‘pisacharcos’ del PP. Primero se encerró en el ring del Ateneo con Artur Mas, recién inhabilitado por los tribunales. Una exhibición desmedida. Luego chapoteó en su imprudencia al sugerir que, en sus tiempos de Exteriores, se dedicaba a ‘untar’ a diversas cancillerías para cosechar declaraciones contra el proceso separatista catalán. Derribado por su destino, Margallo aún se piensa en el Palacio de Santa Cruz.

Dastis jamás lo haría. Sus colaboradores comentan que se le ve cómodo. No lo parece. Cumple a conciencia su cometido, pasea por el mundo su terno gris con una circunspección infrecuente. La realidad no tiene la obligación de ser interesante. Nunca será un Areilza o un Castiella, pero tampoco un Margallo o un Moratinos. Que, al cabo, es lo que se pretendía. El ministro que nunca estuvo allí.

EL VARÓMETRO.Rafael Climent, filósofo, de Compromís, ‘conseller de Economía Sostenible’ de la Generalitat Valenciana, debutó en el puesto con un viaje a Singapur de casi 4.000 euros. Limusina y suite en el Ritz. Su tesis doctoral: “La economía del bien común”. // Ciudadanos se está asfixiando en la huerta murciana. // Los radares de la DGT se hinchan: ha aumentado su recaudación en un 35 por ciento en cinco años. Casi cifras de Carmena. // Iglesias se obsesionó tanto con la ‘ley mordaza’ que se olvidó de leer el Código Penal. // Otro dato: sólo cinco de cada diez musulmanes británicos avisaría a la Policía si detecta que un conocido se implica en actividades terroristas.


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