A contratiempo

Cataluña: entre la ley, la jungla y la nada

Entre la profusión de encendidas voces que anuncian la fractura de la nación más vieja de Europa y las voces campanudas que proclaman el nacimiento de la nación más joven de Europa, apenas se escucha a quienes sospechan que, tras el 27 S, apenas cambiará nada.

Hay que elegir 'entre la jungla y la ley', declaran los promotores de Libres e Iguales, una plataforma de intelectuales, con Vargas Llosa al frente

Hay que elegir 'entre la jungla y la ley', declaran los promotores de Libres e iguales, una plataforma de intelectuales, con Vargas Llosa al frente, que desde hace un año actúa de conciencia crítica para movilizar los espíritus menos conscientes de lo que el nacionalismo ya no esconde. El domingo se dirime algo tan sencillo como defender los postulados de un Estado moderno y democrático o hacerlo volar por los aires. Así de sencillo y así de rotundo. Otra cosa es que, tras el escrutinio de las papeletas, a simple vista y a la postre, apenas pase nada. Ni el balcón, ni la intervención, ni el pronunciamiento, ni la defección.

Fecha crítica, elecciones históricas, momento dramático... Quienes así definen los comicios autonómicos del próximo domingo buscan, afanosamente, sacar de la tumbona de la abstención a todos aquellos catalanes que tradicionalmente optan por no acudir a las urnas cuando se elige el color de su Gobierno autonómico. No va con ellos, han pensado siempre, totalmente ajenos a cómo el régimen secesionista divide entre buenos y malos catalanes, hostiga a los disidentes, silencia a los díscolos, ahoga a los contrarios y amenaza a los combativos. Pero se quedan en casa.

Los nacionalistas, por contra, jalean la gran cita el último jalón de la aventura puesta en marcha tras la Dada de hace tres años y que 'hará cima' con la elección de un partido que no lo es, con un cabeza de lista que tampoco y con un Gobierno galimatías que se dispondrá a abrir un periodo constituyente rumbo a la declaración unilateral de la independencia.

Lo único cierto es que tras las elecciones del domingo habrá que esperar a las elecciones de diciembre

Nada de eso sucederá, sea cual sea el resultado de las urnas. Lo único cierto es que tras las elecciones del domingo habrá que esperar a las elecciones de diciembre. Y luego a las elecciones constituyentes. Y luego... Un cambio de gobierno en Madrid, piensan, allanará el camino hacia la independencia.

Este domingo, una mayoría independentista, según los sondeos, le propinará una patada hacia adelante al falsario engendro puesto en marcha por Artur Mas. Por contra, una improbable victoria de los demócratas constitucionalistas acarrearía impepinablemente un vuelco drástico en la actual situación. Pero los números no cuadran y ya se ha encargado Mas de celebrar las elecciones en plenas fiestas de la Mercé para desactivar el voto antisecesionista de Barcelona y engordar las filas de la abstención que tanto le favorece. Además, a la hora de sumar, no cuenten ni con el PSC ni con el camarada Franco, el cabeza de lista de Podemos. Quien piense en un bloque de unidad contra la secesión, como defienden PP y Ciudadanos, va listo.

La vía muerta

De la tercera vía, a la que se apuntan exministros olvidados, empresarios paniaguados y socialistas desnortados, mejor ni hablar. Puro recurso retórico, escapismo tacticista que tan sólo conduce a 'una vía muerta', como bien tiene dicho Felipe González.

Nunca unas elecciones en esa comunidad han despertado tanto interés en el resto de España

Los catalanes eligen el domingo entre la jungla y la ley, bien es cierto. Nunca unas elecciones en esa comunidad han despertado tanto interés en el resto de España, donde se apuesta en favor de un resultado, sea el que fuere, que ponga de una vez punto final a la matraca de las 'diadas', los plebiscitos, la propaganda, las estrelladas, las peroratas de Mas, la moralina de Junqueras y las garruladas de Romeva. Lo que sea, pero ya.

Lo que sea, posiblemente, será la nada. Es decir, un paso más hacia la incertidumbre, el desgaste, el desaliento y el vacío. Hacia otro periodo de insípida miseria moral, de politiquería agostada, de desastre colectivo, de herrumbrosa palabrería. Tan sólo una realidad seguirá aposentándose en Cataluña: la de la fractura ya palmaria de un cuerpo social resquebrajado, anestesiado y desmoralizado. Treinta años de nacionalismo y tres de Mas han desembocado en esta pesadilla cuyo final nadie adivina. Siempre que llueve, escampa, viene a decir Rajoy.

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EL VARÓMETRO.- Fainé y los demás, hablaron claro. Tarde quizás, pero claro. // Ese Romeva se abandona a su porcentaje de estupidez con más furia que los demás. // Muy sólido estuvo Feijóo en lo de Colmenarejo. // A la cocina de Iglesias no ha llegado la República de Ikea. // Ni Avecrem ni el Pavo, me malicio.


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