A contratiempo

Campaña sobre campaña

Las tardes, a las tardes son iguales. Hablaba Borges de Spinoza. Las campañas, a las campañas son iguales. Todas son lo mismo, en especial si se repiten con cadencia sietemesina. Los explicaba bien Albert Rivera la otra mañana en lo de Feredico. “Esta es la anticampaña. Nadie la quiere, a nadie le gusta. Ni a los políticos, ni a los comunicadores, ni a la gente”. Deberían aplicarse el cuento los primeros que, al cabo, son los culpables. Perdón por la palabra. Está mal visto “culpabilizar” al prójimo, a, colectivos, asociaciones, razas, credos y hasta animales de compañía. Casi como ‘demonizar”.

Las campañas, deciden, y mucho. A cuatro de cada diez personas les aclara las ideas, les despeja las dudas y les inspira el voto

Es idea general que una campaña electoral apenas sirve para algo. No remueve conciencias ni estimula la adhesión a un determinado color frente a las urnas. Falso, dice el CIS. Las campañas, deciden, y mucho. A cuatro de cada diez personas les aclara las ideas, les despeja las dudas y les inspira el voto. Los debates televisivos, por contra, están sobrevalorados. Tanto por los asesores como por los medios. Nadie hace demasiado caso de estas pugnas televisivas. Y a pocos le importa una higa quién ha ganado o perdido en tal o cual cara a cara. Un alivio para Rajoy, que los juzga importantes (alguien le ha engañado) y le fatigan porque hay que preparárselos para no quedar mal.

El vídeo de Rajoy

¿Y ahora qué les vamos a contar?, susurraba hace unos días el ‘fontanero’ de un partido ante el inhóspito horizonte de otra campaña en puertas. Acaban de salir de una y se tienen que meter en otra. La anticampaña. Repetir las frases, las promesas, los eslóganes, las citas brillantes, las metáforas y hasta las ingeniosas ocurrencias. El líder del PP lo tiene claro. “Me gusta España… a ver qué pasa”. Así se cerraba su segundo vídeo electoral. Poco más hay que decir. Amor patrio y que el destino decida. Mientras tanto, “se hará lo que se pueda”, otra frase genuinamente ‘mariana’. Muy de entrenador de equipo de la mitad de la tabla.

Aunque se haya votado hace tan sólo un rato, una parte del electorado piensa mudar el sentido de su papeleta

En línea con la teoría del CIS, los expertos avalan que, aunque se haya votado hace tan sólo un rato, una parte del electorado piensa mudar el sentido de su papeleta. En especial, quienes se sienten estafados. Por la falta de acuerdos, por los pactos contranatura, por la desidia, los desplantes, las chulerías o la estulticia demostrada por los líderes en quienes creían. El ejército del desengaño decidirá los nuevos comicios, aseguran. Estos cuatro meses de fallido rigodón pactista, han servido para conocerlos mejor. Al menos, a los nuevos. “Han caído las caretas”, dicen algunos. Es posible. Aunque algunos mudan de verso en forma tan vertiginosa que ruborizan a la hemeroteca. La liaison entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón es la más palmaria de las demostraciones de que en política, la palabra ‘nunca’ se traduce por ‘ya veremos’. Aquello de Tania: “No, punto. No vamos a entrar en Podemos. Punto. Lo puedo volver a repetir”. Y así sucesivamente. Llegado este punto, y antes de que arranque la anticampaña, recordemos a Gaziel: “Yo creo mucho en los hechos, poco en los hombres y nada en las palabras”. Nos empujan al escepticismo, quizás a la abstención. O a echarlos a todos, que estos no valen, como predica Arguiñano, nacionalista de pro, a las amas de casa mientras prepara un mero con almendras. Siempre nos quedará Mingote: “Vota a Gundisalvo. ¿Y a usted qué más le da?”.

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EL VARÓMETRO. El mejor homenaje a Fernando Mújica. Y al periodismo. Leer “Las piedras de Pulgarcito” 19 mayo 2006. El Mundo. // “Unidos Podemos, se llama el club electoral de Pablo y Alberto. La sección femenina de IU se siente ‘excluída’. Reclama ‘Unidos y unidas Podemos’ // Dos familias reales conviven en paralelo. De un lado, el rey emérito, su hija la infanta Elena y su nieta Victoria Federica. Tenis, toros, fútbol, vida, la calle, la gente. Del otro, don Felipe, doña Letizia y las infantas Leonor y Sofía. Severidad, formalidad, circunspección, ausencias. // Todo un Jemad, general de cuatro estrellas, devenido en ‘mono Amedio’ por Almería. ¿Nadie en su casa le advierte a este hombre de semejante papelón?


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