A contratiempo

¡Atención! Mariano al teléfono

Rajoy no para. “Está muy activo”, detalló la vicepresidenta este viernes. Tiene contactos discretos y frecuentes, sobre todo ‘de índole política”. Y matizó que ‘son contactos útiles para avanzar”.

Que haya trascendido, ese viernes, mientras media España se lanzaba a la carretera, el presidente del Gobierno en funciones estaba con Javier Esparza, el jefe de la franquicia del PP en Navarra. Uno de la casa. ¿Qué más contactos tiene estos días el presidente? Secreto. Pero se mueve. Eso dicen en Moncloa donde incluso, por adornar más el paño, una fuente autorizada aseguró que ‘está preparando el discurso de investidura”. ¿Investidura’ ¿Qué investidura?

Los interlocutores de Rajoy son un misterio. “No le gusta radiar las negociaciones”, apuntan en su entorno

La noticia de este fin de semana es, en consecuencia, que Rajoy no sólo trabaja intensamente, sino que, además, no para de hacer contactos, de hablar con gente, de buscar aliados. Sus interlocutores son un misterio. “No le gusta radiar las negociaciones”, apuntan en su entorno.

Interlocutores lejanos

Lo que no le gusta demasiado a Rajoy es verse con la gente. A los de aquí los conoce a todos y le aburren. Tiene su lógica. Sánchez no le coge el teléfono. Rivera quiere que se jubile. A Iglesias le da igual, pero tampoco parece un interlocutor demasiado apreciado.

Habla, sí, en la intimidad, con Francesc Homs, y luego viene por aquí Junqueras para pasar el cepillo. ¿Y con quién más? Con quién diantres habla Rajoy? Y, sobre todo ¿de qué narices habla? Dicen que ahora está muy ocupado en buscar gente que convenza a Rivera para que cambie su abstención por un ‘sí’. Para hablar con los del Ibex, a los que no soporta, ya cuenta con excelentes emisarios. Ahí está Moragas o un Nadal.

A Rajoy le gusta la gente así en abstracto, como a los diputados de Podemos, que se acuerdan de ella cuando prometen el escaño con derecho a sueldo e iPad. “Nunca más un país sin su gente”, coreaban casi unánimes los del escaño morado. ¿Vivíamos hasta ahora en Groenlandia? ¿En un país sin gente? La gente, así a puñados, es muy agradable y vocinglera. A Rajoy le gusta saludar a la gente en sus paseos en campaña, pese al riesgo de recibir alguna puñada en la sien. Gajes del oficio. Se hace selfies, toma chatos, alguna ensaladilla, besa a los infantes… la gente.

De uno en uno, ya es más complicado. Pudimos comprobar que su agenda no anda muy nutrida desde que está en Moncloa ‘en funciones’. Es un páramo. A veces se escapa a Bruselas, a algo de la UE, y saluda a algunos tipos con los que no se entiende. Se le da bien. Lo malo de las conversaciones es cuando duran más de tres minutos. En cuanto pasan del “¿cómo está usted?” se tornan aburridas.

Algunos periodistas que han sido invitados a almorzar en Moncloa comentan que le gusta contar anécdotas, describir situaciones, desgranar episodios, analizar estrategias

Es buen conversador Rajoy. Algunos periodistas que han sido invitados a almorzar en Moncloa comentan que le gusta contar anécdotas, describir situaciones, desgranar episodios, analizar estrategias… Si se pone, se pone. Y hasta suelta algún chascarrillo. Cuando le hemos escuchado en algún programa deportivo, con o sin su hijo, se maneja con una soltura sorprendente. Está en su salsa y no le importaría pasar la noche describiendo jugadas antológicas o enumerando extremos izquierda del Deportivo. Disfruta y lo hace muy bien. A Kapuscinski, ídolo de los catecúmenos del #periodismo, le encomendaron que fuera a entrevistar a Gorbachov. Respondió muy digno: “¿De qué narices voy a hablar con ese tío? ¿De amor?” Pues con Mariano, habría podido hablar de Puskas.

Muy extraño, sin embargo, se nos hace imaginarlo estos días, teléfono en ristre, recolectando apoyos para su incierta investidura. El amor a la verdad es la más débil de las pasiones humanas. Más si la vicepresidenta lo dice…

-Quiero hablar con Ferraz, a ver… ¿hola, es el enemigo? Que se ponga.

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EL VARÓMETRO. Fue Rafael Hernando, que no Rajoy, quien comunicó a Celia Villalobos su cese como vicepresidenta de la Mesa. // “Mira, rubia”. García-Margallo, en estado puto. // Debió Bescansa haberse aprendido los versos de Hernández que recitó al prometer su escaño. Metidos en exhibiciones, al menos hacerlo bien. Un esfuercito… // “No he conocido a un político con más ego en mis doce años de periodismo”. Referencia a Iglesias. Oído en la sala de prensa del Congreso a un corresponsal extranjero.


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