OPINIÓN

Aguirre: Demasiado tarde para las lágrimas

Esperanza derramó sus lágrimas no frente a las cámaras, sino frente a su espejo. Lo que pudo ser y no fue.

Aguirre: Demasiado tarde para las lágrimas.
Aguirre: Demasiado tarde para las lágrimas. EFE

Como los coribantes de la Cibeles hacían soplar sus flautas para turbar la razón de sus enemigos, emergen ahora de sus covachuelas hasta los coristas de Gallardón, ensalzando al antiguo alcalde y emponzoñando el presente y la memoria de Esperanza Aguirre.

Eran ciertas sus lágrimas a las puertas de la Audiencia. Tan ciertas como sus bastonazos en el ‘green’, sus chotises en la pradera y su apego al poder

Eran ciertas sus lágrimas a las puertas de la Audiencia. Tan ciertas como sus bastonazos en el ‘green’, sus chotises en la pradera y su apego al poder. La última liberal del PP, la genuína Thatcher española, lideresa incombustible, guía de imitadoras, tremendo animal político, coleccionista de mayorías absolutas, carisma arrollador, genio y figura, Esperanza derramó sus lágrimas no frente a las cámaras, sino frente a su espejo. Lo que pudo ser y no fue. Ha sido mucho. Una de las políticas con más fuste de la derecha española de los últimos tiempos. Pero ni alcaldesa de Madrid y presidenta del Gobierno. Lo segundo pereció ahogado junto a las playas de Valencia, en un Congreso en el que Arenas y Camps le doblaron el pulso. Mal aconsejada y peor pertrechada, de apoyos y de ideas, Aguirre amagó y no dio. El paso. ¿Qué habría pasado si…?. Lo segundo se frustró tras una campaña electoral errática y torpe

Los ladrones y las ranas

En el PP se repetía esta frase: “Como Cristo, tiene a su lado dos ladrones”. Ella los llamaba ‘ranas’. Y no eran dos, como se ha visto. Debió irse antes, insisten. Cuando perdió la batalla de la alcaldía tras un desastroso debate televisivo frente a una abuelita ignota. O cuando lo del carril Bus. O cuando…día a día, se sentaba en la bancada del Consistorio, al frente del grupo popular, para seguir en la brecha, sin objetivo fijo, sin destino conocido, miembro de un partido a cuya dirección abomina y que a ella la detesta.

Experta en ponerse el mundo por montera, no supo ver ‘la hoja roja’ de la que escribió Delibes, esa alerta colorada que avisaba de que la cajita del papel de fumar tocaba a su fin

Una fiera de la cosa pública como Aguirre es incapaz de irse a su casa a cuidar nietos y jugar al golf, excusas que esgrimió como argumentos en una de sus renuncias ‘fake’. Aguanta hasta el final, a lo Fillon, con todo en contra, con el agua del descrédito hasta el cuello, con la lluvia de infamias sobre su cabeza, con la deserción galopante de los suyos, con las traidoras navajas en la yugular. Experta en ponerse el mundo por montera, no supo ver ‘la hoja roja’ de la que escribió Delibes, esa alerta colorada que avisaba de que la cajita del papel de fumar tocaba a su fin.

Sus lágrimas en el portalón de la Audiencia eran auténticas. Era el llanto por un final que se aproxima con la furia con que irrumpe un miura en el albero. Se lo lleva todo por delante. La gloria, los éxitos, el brillo, la carrera, las avocaciones, los triunfos, las victorias. Todo eso, al desolladero.

Era un llanto ante el espejo de su propio ocaso

Lloraba quizás Aguirre por este previsible final amargo y solitario. Por un pérfido estrambote a una luminosa trayectoria, por un último (quizás penúltimo) acto desgarrado y cruel. ¿Quién narices sabe dejar esto de la política a tiempo? No eran lágrimas por el amigo enchironado o por el mal trago de una fatigosa mañana ante el juez. Era un llanto ante el espejo de su propio ocaso. Quizás demasiado tarde para esas lágrimas.

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EL VARÓMETRO.- Se diría que Moix, el nuevo Anticorrupción, desconoce de qué pasta están hechos los fiscales. // Igual que se mutó en el Código Penal lo de “imputados” por “investigados”, ¿no podría sustituirse lo de “organización criminal” por un término menos desgarrador? // Del mismo autor de “economía participativa” nos llega lo de “alojamientos multimodales”// Carmena se la pasa rectificando a sus concejales. Ahora le tocó el turno a un Galcerán, que quiso cargarse el mercado Madreat, cientos de empleos al basural. //


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