A contracorriente

El paripé sobre el coste de la nueva campaña electoral

Hoy hemos conocido que los principales partidos no sólo han fracasado en su intento de formar gobierno, sino que también lo han hecho en su supuesto intento de reducir el coste de la nueva campaña electoral. Nos cuentan los medios, muy compungidos ellos, que también en este asunto ha sido imposible llegar a un acuerdo, pues cada partido ha atendido más a sus particulares intereses que a otra cosa.

Los propios medios les han seguido el juego dando pábulo a una supuesta negociación que desde el principio era un simple postureo

Lo verdaderamente penoso en todo este asunto es, en mi opinión, no el anunciado fracaso de los partidos en sus reuniones (totalmente previsible), sino que los propios medios les hayan seguido el juego dando pábulo a una supuesta negociación que desde el principio era un simple postureo, destinado a intentar calmar el creciente cabreo de los españoles. Y digo que era un paripé porque si hubieran tenido en realidad alguna intención de reducir los gastos electorales lo que hubieran hecho los partidos es haber reformado de urgencia (en esta breve legislatura) el artículo 175.1 de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, de Régimen Electoral General, que establece las cantidades para subvencionar los gastos originados por las actividades electorales para las elecciones generales al Congreso y al Senado. A saber: 21.167,64 euros por cada escaño obtenido en ambas cámaras, más 0,81 euros por cada uno de los votos obtenidos por cada candidatura al Congreso (siempre que se obtenga representación), más 0,32 euros por cada uno de los votos obtenidos por cada candidato que hubiera obtenido escaño de Senador.

Lo anterior significa que lo relevante no es lo que gasten los partidos en campaña, sino su resultado electoral. O lo que es lo mismo: las subvenciones electorales no se conceden en función del gasto realizado sino en función de los escaños y votos obtenidos.

Lo anterior es suficientemente expresivo de que la supuesta negociación era un nuevo ejercicio de postureo político, una tomadura de pelo. Eso sin mencionar que un acuerdo de esta naturaleza sería ya de por sí prácticamente imposible de alcanzar, pues con carácter general los partidos políticos no publican sus presupuestos de campaña. En las últimas elecciones del 20D solo Podemos lo hizo (habría que ver si se aproxima o no a la realidad), pues PSOE y C’s se limitaron a dar cifras globales (sin publicar presupuesto) y el PP ni siquiera eso. ¿Cómo van a llegar a un acuerdo de reducción de gastos de un presupuesto que ni quiera publican? Y más aún, ¿habría alguna forma de exigir a las formaciones políticas el cumplimiento de lo acordado entre ellas?

Obviamente no, por lo que la única forma de reducir el gasto electoral pasaba por modificar el citado art. 175 de la LOREG, para evitar precisamente que la propia incompetencia de los partidos no acabara, a la postre, beneficiándoles mediante la percepción duplicada de la subvención electoral, respecto de unos gastos que las elecciones generales del 2011 superaron los 65 millones de euros, según el propio Tribunal de Cuentas. 

Por esta misma razón un grupo de ciudadanos, entre los que me incluyo, suscribimos una petición en Change.org, cuyo título lo dice todo: “Si hay nuevas elecciones, la nueva campaña electoral no tendrá subvenciones públicas”, que lleva ya más de 5.000 firmantes y que espero que alcance muchos más apoyos.

Lo anterior nada tiene que ver con populismo de ninguna clase, pues soy el primer convencido de la necesidad de atraer talento a la política, para lo cual es imprescindible que los cargos públicos estén convenientemente remunerados (no tiene ninguna lógica que el Presidente del Gobierno gane 78.000 euros). Es más, siempre he abogado por un sistema mixto de financiación de los partidos, según el cual sus recursos han de provenir tanto de las arcas públicas como de fondos privados (donaciones y cuotas de afiliados fundamentalmente), buscando un equilibrio entre ambas fuentes de financiación que doten a los partidos de la necesaria independencia para poder realizar su importante labor en el sistema democrático. Pero lo que no me parece normal es que cuando todavía los partidos no han cobrado las subvenciones del 20D vuelvan a devengar el derecho a cobrarlas duplicadas.

El gasto es una decisión personal que depende del libre albedrío de cada uno de ellos y su reducción puede adoptarse voluntariamente sin necesidad de ningún tipo de acuerdo

Dicho lo anterior, tampoco podemos olvidar que nadie obliga a los partidos a gastar lo mismoque en las anteriores elecciones del 20D. El gasto es una decisión personal que depende del libre albedrío de cada uno de ellos y su reducción puede adoptarse voluntariamente sin necesidad de ningún tipo de acuerdo. ¿O no es verdad?

¿A qué esperan entonces?

He visto cosas que no creeríais. Y que no eran de más allá de Orión, sino de acá mismo. Sin ir más lejos, conozco un partido que estaba en contra del mailing electoral y que… ¡renunció a hacerlo! Un partido que pensaba que algunas subvenciones o retribuciones públicas eran desproporcionadas y que destino el exceso a causas sociales. Un partido que estaba en contra de la politización de las instituciones y que renunció a nombrar sus delegados en la Justicia, en las televisiones públicas, en los organismos supervisores…etc. Un partido que estaba en contra de la corrupción política y que…adivinen… llevó a los corruptos a los tribunales. No les hablo de un partido político de Dinamarca sino de España. Tampoco de un partido del futuro sino de nuestros días. De un proyecto que claramente se equivocó de país y de tiempo.


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