OPINIÓN

Rajoy: Renovarse o vivir

Con dos años de retraso sobre el horario previsto, Mariano Rajoy ha decidido que parece haber llegado el momento de celebrar un nuevo Congreso Nacional para guardar las formas y mantener vivo el entusiasmo ambiental.

Mariano Rajoy posando para los medios en el Congreso.
Mariano Rajoy posando para los medios en el Congreso. EFE

Dolores Cospedal, antes de ajustarse los galones de ministra del Ejército, pensaba así: “A ellos (a los militantes) nos debemos y deben ser protagonistas activos de nuestro futuro. Todos los populares, y cuando digo todos, digo todos, deberían poder participar de forma directa en la elección de nuestros presidentes provinciales, regionales y nacional, y con ésta última elección, decidir simultáneamente que esa persona elegida sea también el candidato a la presidencia del Gobierno”.

¿Pensaba realmente Cospedal en ‘todos’ cuando decía ‘todos’?. O se refería a los ‘compromisarios’ cuando su auditorio pensaba en los ‘militantes’?

La prosa no era brillante, ni la sintaxis, cervantina. Es lo de menos. ¿Pensaba realmente Cospedal en ‘todos’ cuando decía ‘todos’?. O se refería a los ‘compromisarios’ cuando su auditorio pensaba en los ‘militantes’?. Corría el verano de 2015 y en la Conferencia política del PP se hablaba abiertamente de ‘un militante, un voto’, de “congresos asamblearios”, de limitación de mandatos, y otras fórmulas que la irrupción de la ‘nueva política’ había puesto de moda. Cospedal, secretaria general del partido, se plantificó al frente de la manifestación y jaleó conceptos hasta entonces muy poco frecuentados entre los líderes de su partido.

Rudi, a los mandos

Con dos años de retraso sobre el horario previsto, Mariano Rajoy ha decidido que parece haber llegado el momento de celebrar un nuevo Congreso Nacional para guardar las formas y mantener vivo el entusiasmo ambiental. Ha puesto al frente de la organización a Luisa Fernanda Rudi, la antigua presidenta de Aragón, tan añorada ahora por buena parte de sus paisanos a la vista de los estragos que están produciendo en la región las huestes podemitas.

Ferviente lector de San Agustín, quizás por influjo de su exministro Jorge Fernández Díaz, quizás Rajoy comparte el criterio de la Iglesia de Milán cuando allá por el siglo IV introdujo la práctica de entonar salmos e himnos para que el pueblo no se aburriese de tedio y tristeza durante las celebraciones religiosas.

Rajoy reunirá en febrero a los suyos y los invitará a tararear algunas cancioncillas bien intencionadas con una letrilla repetitiva e insistente: Si somos los mejores, ¿para qué cambiar?

Rajoy reunirá en febrero a los suyos y los invitará a tararear algunas cancioncillas bien intencionadas con una letrilla repetitiva e insistente: Si somos los mejores, ¿para qué cambiar?. Canten todos, hombres también. Habrá ponencias, jaculatorias brillantes, encendidas propuestas y, quizás, se apruebe alguna decisión que impulse el pesado carromato de la regeneración.

Lo que no habrá serán primarias, esa fórmula que importaron desde territorios lejanos algunos partidos nacionales que ahora se debaten entre la fractura o la desintegración. “Las primarias las carga el diablo”, repiten con ilusionada sonrisa los portavoces de Génova. “Sólo traen problemas. Ahí está Sánchez. Y Trump”. De aquello de Borrell, ni hablamos.

Cinco años habrán pasado desde que el PP celebró su último Congreso. Fue en Sevilla y todo funcionó como la seda. El PP acababa de ganar por mayoría absoluta y nadie adivinaba la tremenda dimensión de la crisis económica, la amenaza del rescate, la irrupción de Podemos y Ciudadanos. Ni siquiera el anuncio de la Lotería, por entonces, te hacía llorar. Desde aquel febrero de 2012, el PP ha perdido 3,5 millones de votos, les han barrido de las principales comunidades y ayuntamientos, han defenestrado a Bauzá, Monago, Sanz, Aguirre, Fabra, Cospedal o la propia Rudi y hasta a Barberá. Pero ha logrado, tras dos elecciones fatigosas, mantener a salvo el Gobierno central. En suma: Rajoy, sigue. Y seguirá. Es el único de los casi 800.000 militantes con los que cuenta el partido que tiene decidido presentar su candidatura a la presidencia del PP. Resultaría extraño que no lo consiguiera. ¿Para qué, entonces, esos cambios que anunciaba una vitalista y fogosa Cospedal antes de ponerse al frente de la familia castrense?.

La única duda que se plantean en el PP es si precisamente Cospedal se mantendrá como número dos del partido

La única duda que se plantean en el PP es si precisamente Cospedal se mantendrá como número dos del partido. Ella ya ha dicho que sí. “No os libraréis de mí”. La actual secretaria general es una mujer muy lista, que conoce bien a su partido y no poco a su jefe. No habría dicho tal cosa de no haberlo hablado con él. El problema es que, en Rajoy, las respuestas suelen ser poliédricas. O no.

Faltan tres meses para que se celebre el cónclave. Para que los compromisarios, en número de unos tres mil, sean animados a entonar cánticos e himnos (quizás a ritmo de merengue) a fin de espantar el tedio y volver a casa con el corazón henchido de gozo y con el panorama casi idéntico al que se encontraron al llegar. Rajoy, presidente, y no se hable más.

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EL VARÓMETRO. Ana Pastor esgrime su apellido y parece que controla algo más al rebaño diputadesco. // Vieron a doña Letizia muy tensa, seria y cejijunta. Como enojada. // Advertencia de un veterano pepero madrileño: Van a por Cifuentes y quieren blanquear a Nacho. // El ministro Catalá no cesa de advertir que el nombramiento del nuevo fiscal general no es cosa suya. // Ya se ha quedado para los restos como ‘el gallo bocachanclas’.


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