OPINIÓN

¿Quién va a volver a unir España, y con qué gran plan?

¿Quién tiene un gran plan para España y qué podría ser ese gran objetivo nacional que uniera de nuevo a todos los españoles, a nivel geográfico y a nivel socio-económico?

¿Quién va a volver a unir España, y con qué gran plan?
¿Quién va a volver a unir España, y con qué gran plan? Vozpópuli
La semana pasada terminé hablando de las elecciones del 21-D como un duelo entre dos moralidades, concepto al que volveré seguramente conforme nos aceramos al gran día. En un bando, los separatistas catalanes golpistas quienes ven en el Estado español un malvado enemigo dispuesto a vencerles y ahora incluso desearles la muerte, si hacemos caso a las delirantes palabras de Marta Rovira o al tuit de Puigdemont enlazando la noticia sobre el CNI y el imán con un Estado "capaz de todo, sin límites". Peligrosísimo ese camino. En el otro, el frente constitucionalista, convencido de que el 155 y la rápida convocatoria electoral serán suficientes para vencer a los separatistas en las urnas y ofrecer a los catalanes cuatro años de normalidad. En medio, Podemos, que esta vez se llamará "En Común Podemos - Cataluña En Común". A falta del arranque de la campaña, los sondeos describen ese panorama: dos campos opuestos, ninguno con mayoría clara, y Podemos de partido bisagra. España, anti-España y no sabemos qué es España.

No veremos grandes propuestas de futuro o interesantes debates sobre las políticas que poco a poco mejorarán la vida de los ciudadanos en Cataluña

Miedo me da la necedad de los argumentos a los que vamos a estar sometidos, periodistas y ciudadanos, a partir del 5 de diciembre, durante dos largas semanas: variantes de "todo es culpa del Artículo 155 y del malvado Rajoy" versus "todo es culpa de los separatistas". No veremos grandes propuestas de futuro o interesantes debates sobre las políticas que poco a poco mejorarán la vida de los ciudadanos en Cataluña. Será una comunicación muy bruta, e irá a peor con el paso de los días. Todo valdrá. Franco, en su versión renacida, tendrá un papel destacado.
Es cierto que ha habido un auge de patriotismo en los últimos dos meses; diría incluso que los demás españoles—los no separatistas—se sienten ahora más unidos, con más concepto de nación y más identidad compartida, que a finales del verano. Puigdemont, Junqueras, Forcadell y los Jordis han logrado despertar el sentimiento nacional en el resto del país para algo más que un partido de la selección, lo cual va a fastidiar a los propios separatistas y supone un problema importante para Podemos, visible ya en las encuestas, y precisamente porque Pablo Iglesias carece de visión para la unidad y mejora del todo nacional. Ahí, entre Pablo y Puigdemont, debemos preguntarnos un momento cuál es el hilo conductor.

Dos propuestas populistas y nada realistas—tal como han sido planteados—que nacieron de la crisis y que tuvieron una repercusión socio-político importante

Ambos fenómenos—el separatismo catalán y Podemos—han aparecido (en el caso de Podemos) o han ido a más (el separatismo) en los últimos cinco años. Ambos son criaturas, pues, de la crisis económica, que empezó con la crisis de las hipotecas subprime hace ya 10 años, que se dice pronto. Observamos que hubo crisis, luego mucho paro, luego muchos futuros destrozados, luego mucha rabia y de repente Podemos. Pablo Iglesias supo muy bien al principio canalizar, de manera populista, el cabreo popular con el fracaso del todo hasta lograr los 71 diputados en 2015. Generó ilusión real entre mucha gente por primera vez en años con una promesa de derribar la casta y el regimen del 78. A la vez, Artur Mas primero y Carles Puigdemont después emprendieron el camino hacia la Arcadia separatista. Dos propuestas populistas y nada realistas—tal como han sido planteados—que nacieron de la crisis y que tuvieron una repercusión socio-político importante, que no determinante. Ambos proyectos se han enfrentado al concepto hegemónico de España, de lo español. Ambos despliegan una retórica que hace uso de la represión, el Estado opresor o autoritario, y Franco, el uno con la mirada histórica fijada en 1936 y el otro con la referencia de 1714.

Todas son propuestas restrictivas o poco realistas que no sobreviven un contacto prolongado con la realidad, pero todos surgen a raíz de los años de crisis económica de la última década

Observo rasgos similares—aunque no iguales por tratarse de países distintos—en EE UU con Trump y en Reino Unido con el Brexit. Mentiras, populismo, referencias históricas a un pasado mejor y una retórica que empieza a disolver los cimientos sobre los que antes reposaba la opinión pública (fíjense, por ejemplo, en el debate sobre las estatuas de los generales confederados este año en EE UU: se parece al debate sobre la memora histórica en España). Todas son propuestas restrictivas o poco realistas que no sobreviven un contacto prolongado con la realidad, pero todos surgen a raíz de los años de crisis económica de la última década. ¿Dónde, me pregunto yo, están los proyectos de futuro que recogen no sólo las ventajas y bondades de los sistemas actuales para quienes las disfrutan sino también los planes de mejora de esos sistemas nacionales y constitucionales para los ciudadanos que no se han sentido tan protegidos o aventajados? ¿Dónde están los estadistas que piensan en el largo plazo, en el camino que el país tendrá que recorrer—porque algún camino vamos a andar juntos—hasta el año 2030? ¿Quién tiene un gran plan para España y qué podría ser ese gran objetivo nacional que uniera de nuevo a todos los españoles, a nivel geográfico y a nivel socio-económico?

Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba