OPINIÓN

Cuatro pintadas anti-turistas no van a cambiar el turismo en España

El año pasado acabó con 75,3 millones de turistas, según el INE. Hasta finales de junio, que es el último dato disponible de momento para este año, superábamos en cuatro millones la cifra de junio del año pasado.

Cuatro pintadas anti-turistas no van a cambiar el turismo en España.
Cuatro pintadas anti-turistas no van a cambiar el turismo en España. @Arran_jovent vía Twitter

Terminé la semana pasada con la sugerencia de que hay un sentido de injusticia económica detrás de las protestas contra el turismo y los turistas. Desde entonces el grupo turoperador TUI ha llegado a decir que España está "bastante llena"; ENAIRE ha anunciado un nuevo récord de vuelos gestionados en el espacio aéreo español, con un nuevo día récord: el 31 de julio, cuando nos sobrevolaron 7.063 aviones; el gobierno ha desplegado más agentes de la Guardia Civil en El Prat; y los activistas han cortado el tren Txu Txu en el País Vasco, se han manifestado contra el turismo en Vitoria, y se han hecho la foto ante un grupo de extranjeros perplejos en la playa en la Barceloneta.

Entró en vigor en Baleares la reforma de la ley turística que fija la cantidad máxima de turistas por año en las islas: 623.624, y fija multas de hasta 400.000 euros a las plataformas de los ahora ilegales pisos turísticos si no retiran sus anuncios

Más allá de los datos, las opiniones y los incidentes menores, entró en vigor en Baleares la reforma de la ley turística que fija la cantidad máxima de turistas por año en las islas: 623.624, y fija multas de hasta 400.000 euros a las plataformas de los ahora ilegales pisos turísticos si no retiran sus anuncios. El conseller de Turismo del ejecutivo balear, Biel Barceló, dijo que así se pone fin a la "especulación" en el alquiler de las viviendas, reemplazándola con un modelo "responsable, sostenible y equilibrado". En el otro lado tendríamos al Presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, quien ha defendido este lunes que el turismo es "la gallina de los huevos de oro" de España, a la vez que hay que "prohibir determinado turismo que trae consecuencias desagradables […] para el vecindario que quiere vivir en paz".

La Sexta llegó a titular "¿Por qué los españoles ya no quieren a los turistas?", lo cual me parece un disparate. Hablamos de unos pequeños grupos de manifestantes, tal vez apoyados por unos cuantos miles o incluso decenas de miles de residentes en los barrios más afectados, en unas ciudades o zonas muy concretas. En ningún caso podemos decir que España ya no quiere a los turistas. Desconozco como han llegado en Baleares a la cifra muy específica de 623.624 turistas al año, pero si hacemos la suma, vemos que la superficie de las islas es 4.992 km², que nos da 125 turistas por kilómetro cuadrado al año, redondeando un poquito. Aplicando esa burda regla de tres al resto de España, que tiene una superficie de unos 505,990 km², acabaríamos con un tope de 62,2 millones de turistas al año.

La Sexta llegó a titular "¿Por qué los españoles ya no quieren a los turistas?", lo cual me parece un disparate

El año pasado acabó con 75,3 millones de turistas, según el INE. Hasta finales de junio, que es el último dato disponible de momento para este año, superábamos en cuatro millones la cifra de junio del año pasado, así que no es descabellado pensar que para diciembre España habrá alcanzado o sobrepasado los 80 millones de visitantes extranjeros, muy cerca de vencer a Francia como el país más visitado del mundo. Y si uno no está en esos barrios o pueblos o zonas concretos, hay vastas extensiones del reino que están más o menos vacías en verano, incluidas algunas grandes ciudades, como Murcia, cuyos residentes aprovechan también para irse a la playa y escapar del calor. Los turistas caben de sobra—como si quisiéramos invitar a otros 80 millones—pero están muy concentrados en ciertas ciudades y pueblos.

Y volvemos a la economía. Los turistas están en esas zonas y barrios y ciudades porque existe la oferta asequible en esos lugares, montado todo por los empresarios españoles a lo largo de las últimas décadas, y por lo tanto los visitantes quieren comprar eso—básicamente sol y playa—allí. Allí están los bares, allí están los hoteles, allí están las fiestas, allí están las playas y allí hay algo de oferta cultural. El debate sobre un hipotético aumento de la calidad de la oferta turística—gastronomía, vinos, historia y cultura—existe desde que yo llegué a España por primera vez (1998) y con lo que leo sobre la historia del turismo en el país, existe más o menos desde que el alcalde franquista de Benidorm viajó ocho horas en una moto hasta El Pardo en 1953 para pedirle al dictador que dejara a las suecas ponerse un bikini en la playa. Al grupo de amigos que se viene cinco días para jugar al golf en Benidorm, o a las inglesas de despedida de soltera que se bajan ya del avión borrachas en Málaga, poco les vamos a poder enseñar de Cervantes, la música gallega o las distintas variedades de uva entre cerveza y cerveza en la playa.

La oferta es la que es, la marca España vende lo que vende—y decenas de millones de extranjeros lo compran gustosamente año tras año—y la cadena de valor nacional está montada para atender a esa clientela de esa manera.


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